Aprender y desaprender, una necesidad del siglo XXI

Hace unos días, mi hija de cinco años me explicó por qué vuelan los pájaros. Lo hizo con una seguridad absoluta y tirando de esa imaginación, a veces rocambolesca que tienen los niños cuando creen haber comprendido algo pese a quien le pese y caiga quien caiga. Básicamente, andar cansa más que volar y por eso los pájaros decidieron hacer lo segundo. Al escucharla pensé en lo rápido que aprendemos y en lo difícil que es, después, cambiar una idea que ya se ha instalado dentro de nosotros. De eso quería escribir hoy: de aprender y, sobre todo, de desaprender.

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