El debut de Diego Matabuena, Mata, se convirtió ayer en lo mejor de un partido para olvidar en El Molinón. El canterano, formado desde los 10 años en Mareo y del que muchos llevan hablando maravillas desde hace meses, entre ellos algún antiguo inquilino del banquillo rojiblanco, fue protagonista además para dar sentido a una segunda parte sonrojante. Asistió a Guille Rosas en el tanto, el tercero, que a la postre decidió la victoria rojiblanca ante un gran Celta Fortuna. En días en los que se buscan culpables a la plaga de lesiones, se mudan sistemas y posiciones para acomodar a las estrellas del proyecto, la dura realidad empuja al club a reflexionar sobre cómo proteger Mareo es el mejor camino para pensar en gran en el futuro. Lo demostró en El Molinón el filial del Celta. No es tan complicado. La historia del club rojiblanco está plagada de ejemplos. Cuando vienen mal dadas, lo que siempre dan la cara son los que han mamado el club desde niños. Hasta seis jugadores criados en la casa coincidieron en el campo en la segunda parte: Guille, Gaspar, Iker Martínez, Diego Sánchez y el citado Mata. A siete se puede elevar la cuenta teniendo en cuenta el paso por el filial de Manu Rodríguez. Antes habían participado también Pablo García y Enol Prendes. La fórmula se completa con paciencia, confianza y un buen guía.
Casas aplaza el incencio a lo Cristiano y se va con molestias
Tres goles suma Antonio Casas en sus cinco apariciones esta temporada. Dos, en la primera parte del duelo ante el Celta Fortuna. Él fue quien le robó la cartera al portero visitante para hacer la igualada y quien, tras forzar una roja de VAR, convirtió la falta que dio la vuelta al marcador. Este último tanto, celebrado a lo Cristiano Ronaldo. Grito de «siuu» y esas cosas de quienes estos días reivindican el legado del luso mientras Portugal debate sobre su despedida de la selección. Apagó Cassas el incencio que empezaba a amenazar El Molinón. Se avivó tras el descanso, cuando él desapareció por unas molestias, y el equipo volvió a sufrir ante un rival con diez.
El Molinón baja de los veinte mil en la semana del doble mensaje
El Sporting es ese club donde el presidente ejecutivo puede iniciar la semana verbalizando que hay un plan para jugar en Europa en cinco años, y dos días después desvelar que si no se asciende este año pone su cargo a disposición. Si no cambia algo más. No se entiende tanto y tan seguido. Menos, después de perder ante el Oviedo. La semana dio para mucho en clave rojiblanca y encendió a un sportinguismo cargado ya de razones tras lo visto en la derrota en el derbi. Se notó en El Molinón. Aunque es cierto que el día en Gijón invitaba a quedarse en el sofá y enrollarse a la manta, la asistencia al municipal gijonés bajó de los veinte mil en un reflejo de más cosas que la lluviosa meteorología. Perfil bajo, esfuerzo y mucho trabajo coral han sido señas de identidad de la mayoría de equipos que han dado el salto de categoría en los últimos años. Al Sporting nunca debe faltarle ambición, pero no le beneficia alimentar un difuso clima que añade confusión al pobre fútbol de este inicio.
Una aficionada, evacuada en el fondo norte por un golpe de calor
El partido entre el Sporting y el Celta de Vigo se detuvo durante unos minutos por una incidencia en la grada. Una aficionada tuvo que ser atendida en el fondo norte por una indisposición cuando el encuentro caminaba por la media hora de juego. La megafonía advirtió a los presentes de que todo se debió a «una emergencia médica». Los servicios médicos se desplazaron hasta la zona en la que estaba ubicada la afectada, que terminó siendo evacuada. Las primeras pruebas realizadas a la afectada apuntaban a un posible golpe de calor. La seguidora permaneció en todo momento consciente.
Óscar y el centro del campo de cuando fuimos los mejores
Lo tuvo Juanjo y lo esperaba Óscar Luis Celada. Los dos exrojiblancos dentro del corazón de la España invencible y campeona del mundo se merecían volver a escuchar el aplauso de El Molinón tras la última conquista en el Mundial de México, Canada y Estados Unidos. Se llevó el de Luarca una rotunda ovación en la previa del partido ante el Celta Fortuna, con el añadido de recibirla con la copa del mundo en la mano. Un privilegio que no tuvo su compañero, Juanjo, hace unas semanas cuando le tocó ser el homenajeado en el municipal gijonés. La presencia de Óscar en el centro del campo pemitió otro viaje más allá del último y feliz verano. El de aquella medular de un Sporting en el que en torno a Joaquín crecían centrocampistas de época. Un viaje a la melancolía de cuando fuimos los mejores.
Fuente: La Nueva España











