Mariano Rajoy culminó su diálogo con Felipe González en el VIII Foro La Toja arrancando un aplauso del auditorio con su habitual tono jocoso: «Ni la extrema derecha, ni la extrema izquierda, ni la extrema estupidez han solucionado jamás ningún problema». Rajoy es de largo quien mejor performa el papel de expresidente en España puesto que carece de la punta de resentimiento que desprenden tanto José María Aznar como González, más el primero que el segundo. A Zapatero lo dejamos hibernado hasta que salde cuentas con la justicia. Las palabras de Rajoy resumen a la perfección el espíritu de este Foro que promueve y alimenta Amancio López, el emprendedor gallego que levantó Hotusa desde Catalunya. Se ha convertido sin lugar a dudas en el último reducto de la defensa intelectual del bipartidismo, en España y en Europa. Y lo hace desde una perspectiva también poco frecuente de reconocimiento de la pluralidad territorial, aunando en una mesa a los presidentes de Galicia, Euskadi y Catalunya. Lástima que el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fuera casi el único que no entendió dónde estaba y se dedicó a afianzar su famoso muro ante un auditorio que es una de las cosas que no le perdona aunque le reconozca que ha apaciguado a Catalunya y aprovechado la coyuntura europea para impulsar el crecimiento económico. Oyéndolo, todo indica que pasará a encabezar la nómina de los expresidentes resentidos. Sin esa socarronería que exhibe Rajoy cuando proclama que es «un conservador de provincias». Toda una declaración de principios.
La reflexión acabará con los datos del CIS
Un día después de intervenir en La Toja como si estuviera en la sesión de control de los miércoles en el Congreso, Sánchez puso en marcha un nuevo período de reflexión, ahora sobre la conveniencia de adelantar las elecciones a finales de noviembre, una fecha que ya manejaban los alquimistas de la Moncloa antes del verano pero que perdió fuerza a raíz de la avalancha de Ceuta. Y se cruzó Maricarmen en la vida de Sánchez. Y a los fanáticos de las encuestas, como es el caso de su jefe de gabinete, les está costando mucho evaluar el impacto electoral de esta nueva explosión social en torno a la vivienda promovida por los que quieren a Ada Colau de candidata del Frente Amplio. Más aún porque esta incertidumbre demoscópica se superpone al fenómeno ya conocido de que los encuestados responden diferente si hay elecciones convocadas. Y ahora viene la explicación de todo lo que está ocurriendo este fin de semana: el CIS ha empezado las encuestas de su barómetro político de octubre. No es un secreto de Estado: lo dice en su página web. Así que quizás todo es más sencillo. O más alambicado. Según se mire. ¿Por qué no generar en plena encuesta del CIS la expectativa de unas elecciones inminentes? Así los alquimistas tendrán más visibilidad de cuál es a día de hoy la verdadera distancia entre los dos bloques en los que Sánchez quiere que nos volvamos a alinear en las elecciones generales. Se trata de precipitar artificialmente el poso que van a dejar la corrupción, Ceuta y la vivienda en este ciclo electoral. Así que esta nueva reflexión narcisista de Pedro Sánchez podría ser solo un experimento más de ese laboratorio electoral en el que se ha convertido la Moncloa desde hace ocho años con este presidente que es mejor ganando las elecciones que gobernando.
No hace falta tratar de estúpidos a todos
El viernes al mediodía había las mismas razones para convocar elecciones generales que el jueves al mediodía. O que hace diez, quince, veinte días o dos, tres, cinco o diez meses. Todo el mundo sabe que la convocatoria es el primer acto electoral del aspirante a la reelección. Perder una votación no había sido hasta el viernes una razón para convocar. De hecho, los relatos que manejaba el equipo de Sánchez eran otros. Uno era aprovechar en febrero la desestimación de los presupuestos generales. Y otro repetir lo de 2023 y convocar en julio tras otra victoria apabullante de PP y Vox en las municipales y autonómicas de mayo. Pero se cruzó Maricarmen en la vida de todos los españoles. Y Junts hizo de Junts brindando a Sánchez otro momento narcisista mientras Tezanos afina el cálculo del impacto de la crisis de la vivienda en la cabeza de los electores: ¿Movilizará a los electores socialistas? ¿Resucitará a Sumar/Frente Amplio en esas provincias en las que el último diputado depende del resto más alto? Todo eso puede ser legítimo, pero lo que resulta insultante es que se pretenda disfrazar de batalla épica a favor de los damnificados por la crisis de la vivienda. La extrema estupidez jamás resolvió ningún problema. Tampoco éste por mucho teatro al estilo Mourinho.
Suscríbete para seguir leyendo














