El Ayuntamiento de San Sebastián ha denegado el permiso para cultivar algas en la antigua piscifactoría de Agiti, situada en las faldas del monte Mendizorrotz, en Igeldo. La decisión frena una iniciativa empresarial que pretendía producir algas marinas para alimentación y cosmética, con una capacidad prevista de 20.000 kilos de producto desecado al año. El Consistorio justifica el rechazo por motivos medioambientales, mientras el promotor sostiene que no ha recibido argumentos científicos ni jurídicos concretos; el caso deja abierta la disputa sobre el futuro de un enclave abandonado y controvertido.
Un permiso rechazado en un enclave abandonado
La decisión municipal
La propuesta planteaba recuperar las instalaciones de Agiti, donde hasta 2006 se criaban rodaballo y almejas, para convertirlas en un vivero de algas marinas en balsas situadas en tierra firme. El Ayuntamiento de San Sebastián ha denegado el permiso de actividad con una referencia general a razones medioambientales.
El promotor, el biólogo oiartzuarra Anaut Patterson Mendiola, sostiene que la resolución se limita a señalar que el proyecto “no procede”, sin aportar una justificación ecológica, científica o jurídica. El Consistorio fue consultado sobre las razones concretas del rechazo, pero no ofreció respuesta, según la información publicada sobre el caso.
Un espacio con conflicto previo
Agiti no parte de una situación administrativa neutral. La cala se encuentra bajo la presión de grupos ecologistas, que reclaman el derribo de las instalaciones y la renaturalización del entorno, una posición que también ha recibido respaldo político.
Tanto el pleno del Ayuntamiento de San Sebastián como las Juntas Generales de Gipuzkoa han aprobado en el pasado resoluciones favorables a la recuperación natural de los terrenos. Ese antecedente ayuda a explicar por qué el debate no se limita a la actividad propuesta, sino que afecta al destino completo de la antigua piscifactoría.
La escala económica del cultivo de Algas
Producción prevista
El proyecto pretendía ampliar a las algas de agua salada la experiencia acumulada por Algaloop, empresa creada por Patterson Mendiola y con sede en Asteasu, que llevaba cinco años produciendo algas de agua dulce. Entre sus productos figura la espirulina, una microalga comercializada como complemento alimenticio por sus proteínas, vitaminas, antioxidantes y minerales.
La instalación de Agiti habría tratado 150.000 kilos de algas frescas para obtener los 20.000 kilos de algas desecadas anuales previstos. La producción se orientaba a varios mercados: alimentación, gastronomía, cosmética natural, biomateriales y biofertilizantes, áreas en las que el promotor apreciaba una demanda comercial.
| Concepto | Dato previsto | Aplicación |
|---|---|---|
| Algas frescas tratadas | 150.000 kilos al año | Proceso de cultivo y secado |
| Algas desecadas | 20.000 kilos al año | Alimentación, cosmética y otros usos |
| Empleo inicial | Una veintena de trabajadores | Biología, biotecnología, química y acuicultura |
Una inversión ligada a la acuicultura
El Gobierno Vasco respaldaba el proyecto dentro de su apuesta por impulsar la acuicultura en Euskadi. La administración autonómica vinculaba esta actividad con la seguridad alimentaria, la reducción de la dependencia de los mercados exteriores, la generación de inversiones y empleo cualificado y una menor presión sobre los mares.
La dimensión económica no estaba solo en el volumen de producción. El proyecto contemplaba una plantilla inicial de alrededor de 20 trabajadores, entre biólogos, biotecnólogos, químicos, técnicos de acuicultura y personal de laboratorio. Para una instalación abandonada, esa previsión suponía convertir un espacio sin actividad en una unidad productiva especializada.
Trabas administrativas y futuro del proyecto
Rechazos sucesivos
La iniciativa ya había pasado por varios desencuentros con la administración municipal. En 2024 se presentó mediante Algaloop, pero el Ayuntamiento entendió que se trataba de cultivar algas en el mar, cuando la propuesta planteaba hacerlo en tierra firme. El promotor recurrió y defendió que ese motivo no era aplicable.
Un año después, el proyecto volvió a presentarse a través de Blue Reef Algae, una empresa creada expresamente para esta actividad. En esa ocasión, el rechazo municipal se apoyó en los posibles residuos asociados a un cultivo de peces, aunque la iniciativa no pretendía producir animales, sino vegetales. Tras un nuevo recurso, la respuesta final volvió a referirse a la falta de procedencia del proyecto.
- 2024: rechazo inicial por interpretar que el cultivo se realizaría en el mar.
- Segundo proyecto: presentación mediante Blue Reef Algae.
- Motivo posterior: posibles residuos de un cultivo de peces.
- Resultado final: denegación del permiso por motivos medioambientales.
Una oportunidad difícil de repetir
La ubicación era uno de los principales activos de la propuesta. Agiti reunía acceso directo al agua de mar, instalaciones ya construidas y luz solar directa, tres elementos que, según el promotor, no se encuentran juntos en otro punto de la costa vasca.
El diseño previsto no contemplaba un cultivo animal y defendía que el proceso no generaría una cantidad significativa de agua residual. Además, Patterson Mendiola sostenía que las algas podrían actuar como un sumidero natural de dióxido de carbono, por lo que atribuía al proyecto beneficios ambientales, además de los productivos.
El rechazo deja paralizada la recuperación empresarial de la piscifactoría y mantiene abierto el debate sobre el uso del enclave. La alternativa de buscar otra ubicación en Euskadi se presenta complicada por la combinación de acceso al mar, instalaciones existentes y condiciones de luz, aunque la posibilidad de invertir en otra comunidad autónoma no queda descartada.
En definitiva, la decisión de San Sebastián no solo impide poner en marcha una planta de algas, sino que vuelve a enfrentar dos modelos para Agiti: la recuperación productiva de unas instalaciones abandonadas y la renaturalización defendida por grupos ecologistas y respaldada en acuerdos institucionales.
El punto decisivo sigue siendo la justificación del rechazo municipal: mientras el Ayuntamiento lo vincula a motivos medioambientales, el promotor reclama argumentos científicos y jurídicos concretos. Hasta que esa discrepancia no se aclare, el proyecto de 20.000 kilos anuales y la contratación inicial de una veintena de trabajadores permanecerán paralizados.














