«De la mano de la inteligencia artificial (IA), un consultor llegará a convertirse en un superconsultor». Son palabras de Alejandro Ferrero, director general de Incotec, consultora especializada en el campo de la innovación. La compañía acaba de integrarse en la red de ABGi, una consultora internacional con presencia en nueve países, 700 consultores y más de 5.000 clientes repartidos entre Europa, Norteamérica y Sudamérica. Respecto a esta operación, Ferrero considera que se están generando «unas sinergias brutales». De hecho, solo tres meses después de la firma, Incotec ya está empezando a notar la dimensión del grupo. «Nos permitirá acceder a clientes de mayor dimensión y acompañar a los que ya teníamos a nivel internacional», celebra.
Gracias a la integración, el grupo ABGi espera facturar «unos 100 millones de euros este año», apunta Ferrero. Incotec será responsable de unos 14 millones. Para sostener el crecimiento, la compañía espera contratar «en torno a 20 personas el próximo año». Con una perspectiva a cinco años, el objetivo es superar los 20 millones de euros solo en España. La empresa cuenta con oficinas en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Vitoria, Zaragoza, Sevilla, Vigo y Tenerife, además de una sede en Colonia (Alemania).
El consultor detalla que, aproximadamente, el 85% de sus clientes son industriales. Por eso defiende que el futuro es prometedor para Incotec, ya que considera que a nivel industrial España tiene margen para crecer. «Si al año vienen a España 100 millones de turistas, a esos visitantes hay que darles de comer y eso tira de la industria alimentaria, que es la primera industria de este país», recuerda.
Respecto al I+D, la industria en la que Incotec centra la mayor parte de sus servicios, no es intensiva en alimentación, pero Ferrero subraya una particularidad: «No tiene demasiada, pero la I+D que hay es muy cercana al mercado, y llega».
Lejos de la media europea
Pese a que hay sectores más o menos intensivos en I+D, España no es un país que destaque por invertir masivamente en este ámbito. Actualmente destina el 1,5% del PIB a I+D, siete puntos menos que la media de la UE, que se sitúa en el 2,2%. Ferrero lamenta que estemos «lejos de países como Alemania -que superan el 3%-, Suecia y Finlandia, y a años luz de otros como Israel y Corea del Sur, que están cerca o superan el 6% del PIB». Y achaca esta deficiencia a que «el sector privado no tiene un peso tan grande como en otros países». Sin embargo, va aún más allá a la hora de diagnosticar el problema: «España es un país donde el capital tiene mucha aversión al riesgo, y la I+D implica riesgo. No estamos hablando de un entorno tan dinámico como el que hemos mencionado de Israel, Corea del Sur o Estados Unidos», sostiene. «Sin emprendedores no hay I+D privada, y sin I+D privada nuestras cifras no mejoran», sentencia.
Pese a la distancia con otros países más innovadores, en España hay sectores que tiran del negocio. Para Ferrero son fundamentalmente tres: el químico, el farmacéutico y el biotecnológico. Sobre este último, el consultor apunta que somos «una potencia a nivel mundial». En otra dimensión, aunque creciendo con fuerza, también considera que los sectores de tecnologías de la información y ciberseguridad «darán lugar a mucha innovación», con empresas muy potentes ya operando en el país.
Nuevas industrias
Uno de los factores que determinará el futuro de la inversión en I+D será el fin de los fondos europeos Next Generation. El experto reconoce que han permitido acometer «proyectos muy ambiciosos». De hecho, detalla, hay dos sectores que prácticamente no existían y que se han desarrollado mucho estos años. El primero es el energético, y más concretamente, la parte dedicada al hidrógeno verde. Pese a que el sector está aún desarrollándose y no genera riqueza, Ferrero cree que España puede ser «un país referente». El segundo es el de los semiconductores. «Han surgido empresas muy interesantes. Que alcancen la dimensión adecuada, que esas tecnologías triunfen, lo dirá el tiempo. Hemos invertido mucho esfuerzo y esperemos que ese esfuerzo genere riqueza».
Respecto a la introducción de la IA en el sector de la consultoría, reconoce que es evidente que «va a suponer una revolución», si no lo está siendo ya. «Puede acabar con determinados puestos de poco valor añadido, pero en la gestión del cliente habrá que introducir más recursos. Es un cambio en la manera de trabajar. La relación entre personas siempre va a existir, y las empresas de servicios somos empresas que se relacionan con personas», argumenta. En su opinión, en las manos de un buen consultor, la IA permitirá superar límites e incrementar considerablemente la productividad.
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