Jaimas y viviendas

Supongo que a estas horas, en lo que el presidente del Gobierno termina de reflexionar sobre si convoca a los españoles a las urnas –al menos, esta vez, que se sepa, no ha habido carta a la ciudadanía–, se habrán dado cuenta quienes se están manifestando en muchas ciudades del país que no representan una mayoría social por temprano que se levanten. Lleva siendo así desde los comicios estivales de 2023 en los que salió elegida una amplia mayoría conservadora en el Congreso de los Diputados. Jaimas aparte –ya se han convertido en el mejor indicativo de cambio de ciclo político a favor de la derecha–, el objetivo de los dos reales decretos tumbados esta semana no era ni mucho menos paliar el problema de la vivienda en España, sino crear un ambiente callejero que les dé al menos un hilo de esperanza y seguir metiendo miedo. ¿Cómo solucionar aprisa y corriendo, en una madrugada, un problema acuciante cuando han tenido ocho años para hacerlo? Ni siquiera la ministra del ramo fue capaz de explicarlos en su obtusa comparecencia ante los medios. Mejoró su intervención, todo sea dicho, desde la tribuna de la cámara baja el pasado viernes, en los momentos en los que no se arrodillaba ante Miriam Nogueras. Pero fueron los menos. La sesión, además, sirvió para que Pablo Bustinduy, acudiendo a lugares comunes y obviando que lleva tres años de ministro, ganase enteros para liderar lo que queda a la izquierda del PSOE. Al otro lado, todos vimos a la bancada popular aplaudiendo desaforadamente dejando palpable que, si es que son conscientes de que hay un problema serio con la vivienda, les importa un bledo.

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