Hay noches en las que las galerías dejan de ser lugares por los que se pasa de largo. Las puertas se abren, las calles se llenan y el público entra para mirar, escuchar, preguntar o simplemente dejarse sorprender. Gijón vivió este viernes una de esas noches. Desde las siete de la tarde y hasta pasada la medianoche, la Noche Blanca convirtió distintos espacios de la ciudad en paradas de un recorrido cultural que llevó de la fotografía a la danza, de la moda a la música, del teatro de objetos al cine.
Más de cuarenta propuestas gratuitas se repartieron entre diez galerías y otros tantos museos e instituciones. Y, entre quienes decidieron aprovechar la noche para descubrirlas, había visitantes habituales de las actividades culturales y otros que se dejaron llevar por primera vez.
En la Galería Llamazares, Inmaculada Fonseca y Elena Cuervo ya habían pasado por dos espacios cuando llegaron a la exposición de Hugo Fontela. «Son sitios que muchas veces pasas delante de ellos y no los ves«, explicaban. La Noche Blanca, decían, permite precisamente “entrar y descubrir cosas nuevas que te abren mucho campo«. Para ellas, la iniciativa podría repetirse más veces al año: «Es una manera muy interesante de abrir galerías«.
También Luis Trancón y Julio Gómez habían preparado su propio recorrido. Después de comenzar en La Galería Escondida, donde encontraron una propuesta que no conocían, tenían previsto continuar por el Museo Casa Natal de Jovellanos y acercarse después a Aurora Vigil-Escalera. «Nos gusta mucho el arte y siempre vamos habitualmente a todas las exposiciones que hay en la ciudad o en la provincia«, contaban.
Una fotografía que habla de cuerpos, recuerdos y vínculos
Uno de los puntos de encuentro de la noche estuvo en LABoral, donde se inauguró «Interdependencias», exposición de la Sección Oficial de PHotoESPAÑA comisariada por Semíramis González. La muestra reúne diez proyectos de artistas emergentes vinculadas al programa LAB Alumni Studio, desarrollado junto al Máster PHotoESPAÑA.
Pero «Interdependencias» no se queda en una sucesión de fotografías. Las diez propuestas utilizan fotografía, instalación, archivo y otras prácticas híbridas para hablar de identidades que cambian, memorias fragmentadas y formas de transmisión cultural. El propio título funciona como hilo conductor: las obras exploran cómo las personas se relacionan con otros cuerpos, con objetos, animales, territorios y tradiciones.
El visitante se encuentra así con una exposición diversa en formatos y lenguajes, en la que la fotografía se expande más allá de la imagen tradicional. «Esta diversidad es la que nos interesa presentar también en este tipo de arte«, explicaba Semíramis González, que definía LABoral como un centro abierto «a la creación contemporánea, a investigación y al diálogo«. Para Juan Varela, subdirector de PHotoESPAÑA, la muestra supone además la primera exposición del festival en la ciudad. «No queremos solo una concentración de exposiciones«, señaló, sino acompañar a los autores en sus trayectorias.
Entre las visitantes estaba Arantxa Puerto. «Me encanta«, repetía mientras recorría la exposición. Habitual de este tipo de citas, consideraba que la Noche Blanca es «muy interesante y muy diversa» y que cada año percibe «más participación» y una programación «más abierta a todas las cosas». Su plan era continuar hasta el Evaristo Valle y aprovechar después el tiempo que quedara.
LABoral sumó además dos propuestas que ampliaron el recorrido. «Cambiantes», de la brasileña Analivia Cordeiro, recupera material audiovisual de 1976 en una videoinstalación de tres canales realizada en 2015. Concebida como un cubo a escala humana, permite al visitante entrar en su interior y ver cómo su propia sombra dialoga con las figuras de los bailarines que aparecen en las pantallas. Durante la Noche Blanca, la pieza se activó además con una performance de Meraki Cía.
Pilar Castañón había acudido precisamente para verla. Su hija participaba en la performance y por eso esperaba en LABoral junto al resto de la familia. «Es un lujo tenerlo«, decía sobre el centro, al que calificaba de «fabuloso«. No suele aprovechar todos los años la Noche Blanca, pero esta vez la cita familiar la llevó hasta allí. «En Gijón siempre se ve cultura. Eso es bueno«, resumía.
Una noche también para las familias
En la Ciudadela de Celestino Solar el público familiar ocupó las pequeñas dimensiones del espacio para asistir a «Piedra a piedra», de Tian Gombau. Niños y adultos siguieron una historia construida a partir de objetos inanimados, en una propuesta pensada para despertar nuevos imaginarios entre los más pequeños. María Gurianova, acompañada por sus hijos Polina e Iván, y Tatiana Konovalova, con Anna y Alexandr, destacaban el carácter sencillo y creativo de la propuesta. «Me encanta. Yo pienso que es interesante, no solo para los niños, para adultos también«, explicaba María que también destacaba que «que la actividad sea tan simple es lo que la hace tan atractiva«.
La familia formada por Ana Muria, Luis Alberto Vega y su hijo Hugo Manuel acababa de empezar su recorrido. «Todo chulo«, resumía Hugo. Para sus padres, la Noche Blanca era también una oportunidad para recuperar rincones de la ciudad. Hacía años que no acudían a la Ciudadela y la programación les había servido de excusa para volver. Su siguiente parada serían las Termas Romanas. «Hay un montón de cosas que ver y hacer«, comentaban mientras preparaban el itinerario.
De un museo bajo las estrellas a una pasarela
En el Museo Evaristo Valle, la Noche Blanca permitió recorrer gratuitamente las exposiciones y los jardines históricos entre las siete y las diez. Después, el museo trasladó parte de la actividad al exterior con una selección audiovisual del Memorial María Luisa de Fotografía de Montaña y Naturaleza. El director del museo, Pablo Basagoiti, se encontraba satisfecho con la respuesta. Las 150 sillas preparadas para la proyección estaban llenas. Para el museo, la Noche Blanca supone «una oportunidad de ofrecer propuestas diferentes» y una razón más para acercarse hasta allí.
En Aurora Vigil-Escalera, la noche también salió a la calle. Después de un taller infantil dedicado a la moda y de la acción performativa de los talentos de RAÍCES 2026, la alta costura de Virginia Abzueta tomó la calle Capua. La directora de la galería, Aurora Vigil-Escalera, describía una imagen de calles llenas. «Está la calle absolutamente colapsada, no cabe ni un alfiler«, contaba mientras avanzaba el desfile. Para ella, ese es precisamente uno de los valores de la Noche Blanca: acercar al público a las galerías mediante propuestas diferentes a las habituales y conseguir que se pierda «un poco el miedo» a entrar en ellas. «Ver las galerías así de llenas y este entusiasmo siempre es muy gratificante«, señalaba.
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