así se vive un gran musical entre bambalinas en el Palacio Valdés

Faltan todavía varias horas para que se levante el telón y el Teatro Palacio Valdés de Avilés ya funciona a pleno rendimiento. En el escenario hay piezas de escenografía esperando su turno, ropa preparada para cambios que durarán apenas unos segundos y técnicos comprobando que cada objeto esté exactamente donde debe. En el patio de butacas, mientras tanto, Adolfo Mesón, Eduardo Padilla y Rodrigo Granda apuran los últimos ajustes desde el puesto de sonido. La función aún no ha empezado, pero el espectáculo hace tiempo que está en marcha. «Llegamos tres o cuatro horas antes, dependiendo del trabajo que tengamos que hacer. Ahora, al estar arrancando los musicales, tenemos muchísimo trabajo», explica Mesón. La vida de una producción musical itinerante empieza mucho antes de que el público ocupe su asiento y termina bastante después de que desaparezca el último aplauso. La peculiaridad de estos días en Avilés multiplica todavía más ese juego de transformaciones. La compañía alterna «Jekyll & Hyde» y «Annie», dos musicales con universos casi opuestos que comparten buena parte del equipo y del elenco este fin de semana en el odeón local.

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