Según datos de la Federación de Gremios de Editores de España, en 2025 las editoriales españolas facturaron 3.138,5 millones de euros en el mercado interior. Un 3,3% más que en 2024. Se vendieron 196,12 millones de ejemplares en papel en un sector que acumula doce años consecutivos de crecimiento. Y entre ellos llama la atención el crecimiento de ejemplares de literatura deportiva, lo que confirma que el deporte ha dejado de ser un subgénero editorial y se ha convertido en una materia literaria aceptada por el mainstream.
Cambio de estatus
EL PERIÓDICO ha analizado este fenómeno conversando con editores que ha apostado por la temática deportiva en su catálogo. Eneko Gárate, de Libros de Ruta, habla del cambio de estatus de una literatura deportiva que “goza de buena salud, aunque en España aún le falte cierto prestigio. Pero está cambiando. Éramos los parias de las librerías, una literatura de segunda. Soy de los que piensan que en todas las secciones hay literatura buena, mala o regular, pero hasta hace no mucho quienes escribían de deporte lo hacían con complejos. Aún creo que existen entre libreros y editores. Tengo mis dudas sobre las ventas específicas, pero en conjunto se vende más literatura deportiva”.
Para Álvaro Llorca, editor de Libros del K. O., “se ha tendido a minusvalorar la literatura deportiva, como si solo sirviera para saciar determinados impulsos de manera no violenta. Pero el deporte es una gran forma de explicar la sociedad. El deporte, como fenómeno interesante, se ha democratizado y se ha ganado un respeto por sus buenas historias. Nuestro último libro de deportes, ‘Subcampeón’, habla de salud mental, algo de lo que hace 15 años nadie hablaba. Y ahora se escribe de eso porque la literatura deportiva explica la sociedad en la que vivimos”. Llorca confiesa por qué el deporte tiene tanto peso en su editorial: “La creación de la editorial fue una prolongación de nuestras inquietudes al montarla. No teníamos formación editorial y las dudas que se nos iban planteando siempre las resolvíamos con metáforas deportivas. Así que tenía sentido que en el catálogo hubiese libros relacionados con el deporte”·
Darwinismo literario
Aunque el fútbol, deporte rey, sigue monopolizando la producción literaria, cada vez hay más diversificación. Gárate es un firme defensor de esta suerte de darwinismo literario: “Hay libros de fútbol buenísimos a nivel narrativo, pero es cierto que existen deportes minoritarios con historias de superación muy potentes. En el ciclismo es un gran ejemplo. El gregario tiene más historias que contar o las sabe contar mejor que el líder porque tiene aspectos más atractivos y desconocidos para el público. Suele ocurrir que son mejores contadores de historias los deportistas que no tienen tanto talento o lo han tenido más difícil”. Darwinismo literario…
Llorca secunda que “hay deportes que viven a la sombra y es necesario diversificar. Los libros también son vehículos para dar un espacio a cosas que no tienen hueco en los mainstream. Nosotros lo vimos con ‘Plomo en los bolsillos’, de Ander Izaguirre, que funcionó y nos abrió un camino a otros deportes más amplio de lo que esperábamos. Prestar atención a cosas que quedan fuera de los canales masivos es una postura vital. Hemos dado altavoz a esos discursos en los márgenes porque la homogeneidad aburre. Nuestra colección ‘Hooligans Ilustrados’ es un buen ejemplo. Ganar o perder es una parte muy pequeña del deporte. Defendemos que las emociones de un aficionado del Murcia pueden ser iguales a la de alguien cuyo equipo juega Champions”.
Los jóvenes, el desafío
Eneko puntualiza que “el origen del deporte marca mucho. El peso de la literatura deportiva en los países anglosajones es mucho mayor con ejemplos como el boxeo en Estados Unidos o el fútbol en el Reino Unido. El ciclismo está al margen porque su origen está unido al de los periódicos. Las grandes carreras nacen como elemento de promoción de los periódicos, y el Tour o el Giro se conciben para contar grandes historias en esas páginas. Luego están la montaña, la aventura o la navegación, con notables editoriales en España y en el mundo. La épica da buenas historias y es muy leída. Y ahora aparecen deportes nuevos nacidos con las nuevas tecnologías como el skate, el surf o el mountain bike. Deportes que también esconden buenas historias, pero más pensados para el audiovisual».
Los editores concluyen poniendo el foco en cómo seducir a las nuevas generaciones de lectores en plena era audiovisual. Para Llorca, “está claro que las generaciones nuevas son audiovisuales, pero los libros te permiten explorar otras emociones universales que se emparentan con mitologías más antiguas incluso que el propio fútbol. Los jóvenes son un reto y no percibimos que hayan abandonado el interés por la literatura deportiva, porque saben que el libro te regala hallazgos inesperados y fascinantes”. Eneko, por su parte, reconoce que “la chavalería no lee, y al informe PISA nos remitimos. Pero son los lectores del futuro y tenemos que ofrecerles algo que les atraiga. Hay poca ficción en la literatura deportiva, novelizada o no, porque se escribe sobre hechos reales. Ahí reivindico la mirada del escritor. Los detalles que el buen escritor descubre del partido que no apreciamos en la retransmisión. Su desafío es descubrirnos historias fascinantes que nos seduzcan. Y nunca faltan buenas historias, especialmente en el deporte».
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