LA BOLA NEGRA
Directores: Javier Ambrossi y Javier Calvo
Reparto: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeu, Carlos González y Penélope Cruz
Año: 2026
Estreno: 25 de septiembre
★★★★
¿Qué génesis tuvieron las cuatro páginas que, antes de ser asesinado, Federico García Lorca escribió a modo de inicio de la que iba a ser su primera obra protagonizada por un personaje abiertamente homosexual? ¿Y si el resto del manuscrito hubiera existido de verdad, oculto durante 90 años y esperando la hora de salir a la luz? ¿Por qué fue trascendente aquel texto y continúa siéndolo?
Mientras se hace esas preguntas y algunas otras, el segundo largometraje de Javier Ambrossi y Javier Calvo tiende puentes entre generaciones de hombres gays españoles cuyos relatos e identidades han sido suprimidas debido a los prejuicios sistémicos, la negación o el deterioro de la memoria. Avanza alternando tres historias, cada una de ellas desarrollada en su propia línea temporal: la primera, ambientada en 1932, recrea aquellas cuatro páginas a través de un personaje rodeado de homofobia y machismo que el escritor concibió como un ‘alter ego’; la segunda, situada en plena Guerra Civil, es una historia de amor prohibido entre un soldado del bando nacional y un preso del bando republicano; y la tercera viaja hasta 2017 para contemplar a un joven que, al rastrear su genealogía, descubre su conexión tanto con el poeta como con los amantes condenados. A través de ellas, ‘La bola negra’ habla de la identidad ‘queer’ como algo en constante proceso de construcción y reconstrucción, cuestiona hasta qué punto una sexualidad reprimida puede moldear a la persona que somos, y reivindica la memoria histórica como una necesidad de cara al futuro.
En el proceso, la película avanza permanentemente centrada en su agenda temática y su dispositivo narrativo, y a ratos deja en evidencia las costuras tanto de lo uno como de lo otro. No esconde sus pretensiones, sino que las exhibe, e inevitablemente sus logros no llegan a estar a la altura ni de sus mastodónticas ambiciones ni, por supuesto, de las expectativas creadas a su alrededor a estas alturas. Entretanto, trata de funcionar a tres niveles: como una sucesión de escenas memorables, como tres historias con entidad propia y distintiva y como un todo cohesionado y significativo compuesto de todo lo anterior.
Lo cierto, en cualquier caso, es que durante la primera parte de su metraje da muestras de contentarse con ser poco más que un surtido de imágenes listas para ser enmarcadas y colgadas en una pared, y se arriesga a convertirse en el equivalente cinematográfico a un mueble rutilante al que le faltan piezas y que, por tanto, podría derrumbarse en cualquier momento. Pero gradualmente, apelando a la paciencia del espectador y manejando expertamente el ritmo, va conectando entre sí todos los elementos del relato, y ganándose el derecho a permanecer instalada en el maximalismo narrativo, estilístico y emocional para finalmente ofrecer la imagen completa de una epopeya que aúna elementos de drama bélico, de musical, de misterio literario y de romance suntuoso, y que resulta tan excesiva como imponente y apabullante.
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