El 21 de julio de 2020, en la última jornada de una Segunda que, como todas las competiciones, se había interrumpido durante unos meses por la pandemia del coronavirus, Álvaro Cervera pasó a ser el entrenador con más partidos dirigidos del Cádiz: 193. Aquella derrota en el Ramón de Carranza ante el Albacete, con los gaditanos ascendidos a Primera, quedó en un segundo plano. Su trayectoria en la entidad andaluza no paró ahí. Seis campañas más tarde, Álvaro volvió a ser noticia por lo mismo pero en otro club, en concreto, por ponerse al frente de la clasificación histórica de técnicos del Tenerife. El 14 de febrero de 2026, con los blanquiazules mandando con autoridad en Primera Federación, Cervera igualó el récord de 160 encuentros de José Luis Oltra. Una semana más tarde se quedó al frente de ese ranking coincidiendo con una visita al Arenteiro (0-1).
Su contador en el Cádiz se detuvo en 257 partidos. Con el Tenerife va por 180. Y seguirá sumando el sábado que viene en un enfrentamiento en el Heliodoro que cruzará a los dos principales clubes de su carrera como entrenador.
La llamada de Juan Carlos Cordero
La relación de Cervera con el Cádiz nació 15 meses después del final de su primera etapa en el Tenerife. Después de triunfar en casa con el ascenso de los blanquiazules a Segunda División en la temporada 12/13, de entrar y salir de la lucha por subir a Primera en el curso posterior y de ser despedido en enero de 2015, víctima de una destructiva dinámica deportiva, Álvaro volvió a la actividad gracias a la llamada de Juan Carlos Cordero en abril de 2015. El director deportivo cartagenero había pensado en él como solución de emergencia para un Cádiz que había encadenado cinco intentos fallidos de escapar de Segunda División B y que corría el riesgo de fracasar una vez más. A falta de cuatro jornadas para el cierre de la Liga regular, Cervera aceptó el reto y sustituyó a Claudio Barragán, que había perdido el puesto con el conjunto gaditano situado en puestos de promoción, en el último de los cuatro. El efecto del relevo se notó más en el playoff que en final del calendario regular. Con Álvaro, el Cádiz solo ganó el último partido, al Jaén, pero su recorrido en las eliminatorias fue impecable. Dejó atrás al Racing de Ferrol y al Racing de Santander y culminó la hazaña superando al Hércules. La feliz historia de Cervera y el Cádiz no había hecho más que comenzar.
Luego vinieron cuatro temporadas seguidas en la ahora llamada LaLiga Hypermotion, todas con el mismo entrenador a los mandos. El Cádiz pudo mirar de cerca la Primera División en la semifinal de la promoción perdida ante el Tenerife de José Luis Martí (2017) y fue a más en la 19/20 con el subcampeonato y el pasaporte directo a la principal categoría. Lejos de desenvolverse en la élite como un novato condenado a volver por donde había venido, el Cádiz conquistó una cómoda permanencia en la 20/21. La obra de Cervera, en plenitud. Pero en el ejercicio posterior, la trayectoria no fue tan estable y los resultados terminaron llevándose por delante a Álvaro y también a su ayudante, el tinerfeño Roberto Perera, con el que venía trabajando desde sus tiempos en el club isleño. El 9 de enero de 2022, después de un 2-0 en contra en El Sadar y, sobre todo, de una racha de seis jornadas sin ganar, la directiva no tuvo otra alternativa que aplicar un revulsivo con el fichaje de otro entrenador, Sergio González, que fue capaz de evitar la caída del equipo a Segunda.
Un gaditano más
La de Álvaro en el Cádiz no fue una despedida más. Acompañado por Roberto Perera en la sala de prensa del Ramón de Carranza, quiso tomar la palabra y abrirse. «Es un día triste para mí, pero no de reproches ni mucho menos, sino al revés, de agradecimiento», comentó manteniendo entereza a duras penas y sin tener el discurso escrito, porque en ese momento «las cosas» tenían que salir «de dentro». Dispuesto a marcharse «sin hacer ruido», tal como había entrado siendo casi un «desconocido» para el cadismo, se animó a pedir «permiso» para coger otro rumbo siendo «un gaditano más».
Yes que para Cervera, esos seis años, con sus 257 partidos dirigidos, fueron algo más que una experiencia profesional. «Nunca imaginé que iba a encontrar un sitio que me iba a hacer ver la vida de forma diferente», confesó antes de cerrar su improvisado discurso con una frase copiada pero también apropiada. «Gracias por tanto y perdón por tan poco», afirmó.
Lo que vino a continuación fue su paso por el Real Oviedo, seguramente poco satisfactorio en la parte deportiva –llegó como suplente de Jon Pérez Bolo en la Liga 22/23 y no completó la temporada posterior–, y su regreso al lugar en el que había pasado su niñez y su adolescencia, a un club en el que ya había triunfado, el Tenerife. Asumió el desafío de tratar de esquivar el desastre de la campaña 24/25 –el lastre de la deficiente primera vuelta fue demasiado pesado– y también el de poner remedio, esta vez con éxito, con el campeonato del Grupo 1 de Primera RFEF.
Quizás con la esperanza de repetir en el Tenerife lo conseguido en el Cádiz a medio o largo plazo, el sábado se reencontrará con su pasado en una tarde en la que será histórico en los dos banquillos.
Fuente: El Día – La Opinión de Tenerife











