¿Cuál es la razón de ser de APAEMA?
APAEMA nace en 2006, hace 20 años. Y nace por una necesidad de los propios productores que hacían agricultura ecológica, de tener un sitio o una entidad que defendiera sus intereses y sus derechos. Y nace un poco a principio a través del Consell Balear de la Producción Agraria Ecológica (CBPAE) – la entidad que certifica la producción de los agricultores-. No tenía sentido que esta entidad que certifica fuera la misma que aglutinara a los productores. Pero sí fue el punto de partida de APEAMA. Por otro lado, dado que los sindicatos y las organizaciones agrarias tradicionales no recogían demasiado nuestras preocupaciones o nuestra forma de entender la agricultura, se vio la necesidad de crear la asociación. De algún modo, cubrimos un vacío que existía entonces.
¿Cómo describiría la evolución de la entidad en sus 20 años de trayectoria?
Diría que ha tenido un crecimiento muy importante. Cuando empecé como presidente, en 2017, éramos poco más de 200 asociados, y hoy somos unos 635. En todo caso, heredé ya una trayectoria y un trabajo realizado desde el inicio. De hecho, los primeros pasos suelen ser los más complicados. Quiero decir que desde el principio se hizo una tarea muy importante: establecerse, empezar diferentes proyectos, darse a conocer dentro del sector… Sin todos estos primeros pasos y ese trabajo, habría sido imposible crecer y desarrollarnos de la forma que lo hemos hecho. Yo entré en la Presidencia en un momento en el que había dos proyectos que eran bandera de APAEMA. Por un lado, el obrador vegetal y, por otro, el me ecològic, ambos vigentes en la actualidad. Respecto al primero, no había nacido todavía; se había realizado un proyecto piloto y se estaba empezando a trabajar en él. Se trataba de, a través del obrador, de dar un servicio a nuestros socios para que pudieran transformar producto vegetal. El obrador está en Binissalem, donde trabajan tres personas que se ocupan de las producciones. En relación con el me ecològic, al final, ha acabado convirtiéndose en una cooperativa, porque APAEMA sencillamente generó la marca y ayudó al ganadero a juntarse para poder sacar a mercado las ovejas que producían, y a hacerlo de de forma ecológica, puesto que hasta entonces no tenían una salida al mercado más allá de la línea convencional. Se investigó cómo poder marcar esta canal, cómo poder identificarla y comercializarla como un producto diferenciado, con una calidad distinta. A día de hoy no solo mantenemos el vínculo, sino que además prestamos servicios a través de una veterinaria que se ocupa de realizar seguimientos de control de las producciones.
¿Cuál es el perfil de los socios de APAEMA?
En APAEMA tenemos socios y simpatizantes. Los socios de pleno derecho son agricultores que tienen una explotación registrada en el Consell Balear de la Producción Agraria Ecológica; es decir, son productores, aunque no necesariamente a tiempo completo. Cabe subrayar que tenemos una media de edad más joven comparativamente con el conjunto del sector. En la postpandemia se registraron muchas incorporaciones de personas que procedían de otras profesiones, tenían tierras familiares en desuso o explotadas por un tercero y se decidieron a iniciarse en este mundo siguiendo los preceptos de la agricultura ecológica.
¿Ha evolucionado asimismo la propia agricultura ecológica?
Evidentemente, la agricultura ecológica ha evolucionado igual que todo en esta vida, al igual que evoluciona la agricultura convencional. Ha habido cambios normativos, pero nosotros no observamos a la agricultura ecológica desde una perspectiva estrictamente normativa sino desde un punto de vista de agroecología, que es un principio bastante más amplio y que incluye también aspectos sociales. Así, los modelos o principios que han regido el funcionamiento siguen estando vigentes; a pesar de constatar que existe una moda por la que se habla mucho de agricultura regenerativa, y quizá a veces llama la atención porque al final las herramientas que utiliza o que divulga esa agricultura regenerativa son aquellas que hemos defendido y utilizado tradicionalmente los que hemos estado dentro del sector de la agricultura ecológica. Nosotros tenemos una normativa que debemos seguir, una trazabilidad que debemos cumplir y toda una serie de protocolos muy claros en cuanto a tipos de abonos o prácticas a seguir. Así como en un momento todo debía ser sostenible, ahora todo es regenerativo. En APAEMA seguimos nuestro camino más allá de etiquetas y modas.
¿Cómo evalúa y analiza la situación del sector primario en Mallorca en la actualidad?
Estamos en un momento crítico del sector primario en Mallorca. De hecho, esta situación es extensible a todas las islas, en mayor o menor medida. En Mallorca, estamos en la UCI. Estamos viendo un desmantelamiento progresivo de la transformación agroalimentaria (hay distintos ejemplos al respecto, AGAMA, Piema, quizá también Carob) Son síntomas que indican que Fora Vila está enferma. Y lo está porque no la protegemos lo suficiente y se permite construir chalés por doquier. Así se desvirtúa el uso del suelo rústico, cuyo valor principal es el especulativo por encima del productivo. A partir de 14.000 metros, pasa a ser un solar. Además, la situación se agrava porque ha habido operaciones de compra de fincas vecinas, que per sí solas no llegaban a esos 14.000 metros, pero sí lo hacen una vez unificadas. Esta situación, junto a una falta clara de rentabilidad del trabajo y de los productos que se están comercializando, ha conllevado un abandono evidente de la actividad. Si no entendemos que el sector primario gestiona entre el 70% y el 80% del territorio, si no internalizamos como sociedad el valor paisajístico de la gestión, vamos mal. Si queremos preservar una imagen y un paisaje (como se hace, por cierto, en las distintas ferias turísticas) se debe actuar con firmeza y determinación al respecto.
¿Es posible dar la vuelta a la situación?
Sí, pero hay que actuar políticamente y hacerlo pensando en el largo plazo y en medidas consensuadas. Introduciendo viviendas dentro del suelo rústico se dificultan enormemente las actividades agrícolas y ganaderas, porque desde el momento en que tú tienes una vivienda se generan situaciones de tensión: por malos olores, por ruidos. Llega un punto en el que incluso algunos vecinos de chalés se quejan por el ruido del cascabel de las ovejas. Por otra parte, se dificulta mucho el acceso a la tierra: nos quejamos mucho de que las explotaciones de Mallorca son muy pequeñas, pero no las dejamos crecer. Esto es política, son decisiones políticas. Si no se actúa con valentía y determinación en este sentido, perderemos el sector primario tal y como lo conocemos: pasará a ser algo residual y folclórico en torno a los propietarios de los chalés. Vemos que el resto de sectores piden facilidades para poder desarrollar sus actividades y creemos que nosotros también debemos pedir que podamos desarrollar nuestra actividad en el territorio y en el suelo rústico que está regulado como tal. No queremos sembrar patatas en las Avenidas de Palma.
¿Se puede afirmar, visto lo visto, que el campo en Mallorca ha tenido más pasado que presente y que tiene más presente que futuro?
Es una pregunta muy pertinente. Debemos plantearnos, efectivamente, qué queremos ser de mayores. Y esto es política. No creemos que el futuro del sector pase por solo grandes explotaciones, probablemente todo lo contrario, asumiendo que deben convivir todos los diferentes modelos. Pero si no hay transformación, si no hay valor añadido, si no hay canales cortos de comercialización y, diré más, si no hay más actuaciones respecto al cambio climático y sus efectos, tenemos un panorama para nada alentador, como decía. El cambio climático genera -y hay que evidenciarlo- reducción de producción, producciones y cultivos que dejan de ser viables por el aumento de las temperaturas, las cuales también comportan -claro está- mayor consumo de agua. No hace falta decir que para la agricultura la gestión del agua es básica; sin agua no tendremos agricultura. Tenemos claro en todo caso que Mallorca (y el conjunto de las islas) debe ir hacia una producción ecológica, porque tiene todo el sentido del mundo, por diferentes razones: por la dimensión, por el valor añadido que aportamos… Debemos tener claro que debemos poder desarrollar la actividad agraria de una manera normal, no puede ser que estemos sometidos a la presión urbanística que soportamos en la actualidad.












