Arabia Saudita contra las cuerdas: Los hutíes capturan Mokha

La ciudad portuaria yemení de Mokha, situada frente al estrecho de Bab el Mandeb, pasó esta semana a manos de los hutíes, que cuentan con respaldo iraní. La ofensiva avanzó con rapidez sobre la llanura costera tras la retirada de fuerzas vinculadas al gobierno yemení reconocido por Arabia Saudita. El movimiento hutí instaló capacidades de misiles y drones en la zona y también en la isla de Perim, junto a la entrada del estrecho.

El episodio añade presión a una guerra que comenzó en marzo de 2015, cuando una coalición encabezada por Arabia Saudita intervino en Yemen con el objetivo de frenar el avance hutí y restituir el control del gobierno aliado de Riad. Con el paso de los años, la guerra derivó en una guerra prolongada y asimétrica, mientras los hutíes ampliaron sus capacidades de misiles y drones y atacaron infraestructura saudita, incluidos activos de Aramco.

La pérdida de Mokha tiene una dimensión estratégica porque la ciudad domina una franja costera próxima a una de las rutas marítimas más sensibles del mundo. El control de esa zona permite vigilar el tráfico del estrecho y amenaza una arteria utilizada por el comercio energético internacional. El artículo original sostiene que este cambio de control representa el momento más difícil de la campaña saudita en Yemen.

El avance hutí también coincide con contactos diplomáticos con Estados Unidos. Según un informe citado de Reuters, representantes de la administración de Donald Trump se reunieron en Omán con dirigentes hutíes. De acuerdo con ese reporte, los hutíes comunicaron que no pretendían atacar buques estadounidenses y que mantendrían el alto el fuego alcanzado con Washington en 2025. El mismo informe indicó que tampoco buscaban atacar barcos israelíes ni otras embarcaciones comerciales.

El texto vincula la ofensiva actual con una decisión adoptada en enero por el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos comparten el interés por mantener abierto Bab el Mandeb, pero han seguido estrategias distintas en Yemen. Abu Dabi había apoyado fuerzas locales que actuaban como socios sobre el terreno, mientras Riad buscó una influencia más directa sobre la estructura gubernamental yemení.

Según la reconstrucción del original, Bin Salman presionó al gobierno yemení para exigir la retirada de fuerzas emiratíes de posiciones consideradas sensibles. Mohammed bin Zayed aceptó retirar esos efectivos en un plazo breve. Después de esa salida se abrió un vacío de seguridad que, según el artículo, facilitó el avance hutí hacia la costa y finalmente hacia Mokha.

Ante el deterioro de la situación, Bin Salman buscó apoyo de Washington. Axios informó que mantuvo dos conversaciones telefónicas con el presidente Donald Trump y le pidió ataques contra objetivos hutíes en Yemen. Según esa publicación, Trump rechazó abrir una nueva campaña militar mientras Estados Unidos mantiene su enfrentamiento con Irán y mientras existe preocupación por el efecto que otra escalada podría tener sobre los precios del petróleo antes de las elecciones de mitad de mandato.

Washington optó por reforzar la defensa y el intercambio de inteligencia. El almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos, viajó a Yeda para reunirse con Bin Salman. Después, según Axios, se celebró en Stuttgart una reunión militar con representantes de Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Jordania, Baréin, Kuwait y Qatar.

El esquema descrito por el artículo busca integrar sistemas de defensa antiaérea y compartir información frente a Irán y sus aliados regionales. El texto afirma, con base en publicaciones de Axios y The Wall Street Journal, que Israel aporta a Arabia Saudita inteligencia y capacidades cibernéticas por medio de la coordinación de CENTCOM. También menciona datos de radar y alerta temprana sobre lanzamientos desde Yemen, así como seguimiento de redes iraníes y rutas de contrabando en el mar Rojo.

La crisis llevó además a Bin Salman a El Cairo. Allí se reunió con el presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi en busca de respaldo de seguridad y una mayor presencia naval egipcia cerca de Bab el Mandeb. El-Sisi, según el artículo, mantuvo una postura cauta y prefirió ofrecer medidas como patrullas defensivas y apoyo logístico antes que comprometer fuerzas egipcias en un enfrentamiento directo.

El texto interpreta esta red de cooperación como un posible cambio en la arquitectura regional de seguridad y la relaciona con el debate sobre una futura normalización entre Israel y Arabia Saudita. También presenta la cooperación de inteligencia como una herramienta de influencia para Israel, aunque no aporta un acuerdo político formal entre Jerusalén y Riad.

El artículo cierra con una lectura política sobre el posible uso interno de estos contactos en Israel antes de las elecciones del 27 de octubre y de la visita prevista de Benjamin Netanyahu a la Asamblea general de la ONU. Esas consideraciones aparecen como análisis del autor y no como hechos confirmados.

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