Alguien me dijo esta mañana – alguien que sabe – que la relativa parsimonia del Gobierno central a la hora de resolver la situación administrativa de los miles de inmigrantes que aún se encuentran en Ceuta – incluidos los muchos cientos de menores no acompañados – tiene una explicación bastante diáfana: Pedro Sánchez prefiere soportar un problema (Ceuta) que una docena (las comunidades autónomas gobernadas por el PP y Vox). El máximo responsable político de esta situación endemoniada es, obviamente, el presidente Sánchez: su incapacidad, su torpeza, su asombrosa desidia principesca. Pero la ultraderecha estaría encantada de contar con traslados de emigrantes (exasaltantes) a varias comunidades después de haberle concedido asilo político y por patético que resulte el PP le haría los coros de inmediato. Por eso el jefe del Gobierno estira los plazos de la normalización hasta finales de año, y si es imprescindible sumar algunas semanas más, pues se hace, con los asilados ya con los papeles en regla esperando sin desesperación en Ceuta. También va por hí, cabe suponer, las advertencias del líder socialista sobre la «realidad estructural» de la demografía ceutí.
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