Tenía claro Lalo Arantegui, director deportivo del Real Zaragoza, que el fichaje de Jaume Jardí corría mucha prisa. Llevaba tiempo el aragonés observando de cerca las evoluciones del extremo catalán, pieza clave en el Nástic y uno de los futbolistas más diferenciales de Primera RFEF en las últimas temporadas. Era consciente, asimismo, de que su nombre figuraba en las agendas de equipos de Segunda División y que, incluso, alguno de Primera también le estaba sometiendo a una vigilancia estrecha.
Por eso, Lalo se puso manos a la obra nada más acceder a la dirección deportiva, a principios de marzo. Apenas unos días después de su presentación oficial, Jardí, que acababa contrato en el Nástic, ya era jugador del Real Zaragoza. La tarea más urgente para Lalo, la adqusición de ese futbolista llamado a marcar diferencias en el equipo de la próxima campaña (en Segunda o en Primera RFEF) ya estaba ejecutada. No había otra manera. Cualquier demora hubiese sido decisiva. El golazo de Lalo dejó sin margen de maniobra a todos esos equipos interesados e incluso al propio Nástic, que llegó tarde cuando intentó renovarlo a través de Tomeu Nadal, el director deportivo que accedió al cargo cuando Jardí ya había firmado por el club aragonés, tal y como el propio jugador le trasladó cuando Nadal intentó convencerlo y persuadirlo por todos los medios. «Me lo pensé entre poco y nada, jugar en el Real Zaragoza es una oportunidad que no voy a dejar escapar», declaró el extremo en su presentación con el cuadro blanquillo.
La rápida ofensiva de Lalo aseguraba un jugador de nivel para el Zaragoza del futuro. Jardí, autor de once goles y cinco asistencias el curso pasado en el Nástic y de 24 dianas y 19 pases de gol en las últimas tres campañas, aseguraba llegada, gol y calidad al ataque zaragocista. Y el catalán no ha tardado en dejar claro sobre el césped que es el, seguramente, el arma letal del conjunto aragonés. No estuvo bien en la jornada inaugural, precisamente, en Tarragona y, seguramente, eso le costó la suplencia en el estreno en casa frente al Antequera. Pero su salida al campo en la segunda parte transformó al Zaragoza y el propio partido, decantado a favor de los de Ibai a través del vuelco del juego hacia el lado derecho, donde Jardí y Sangalli firmaron una alianza que tuvo continuidad en Torremolinos y que amenaza con perpetuarse.
La exhibición del tarraconense en tierras andaluzas fue de las que se recuerdan durante mucho tiempo. Dos asistencias de gol, un tanto marcado y medio más que no fue entero porque el balón golpeó en la espalda del meta del Juventud antes de entrar. Jardí desplegó el catálogo para mostrar un repertorio que liquidó a un oponente que, eso sí, no se rindió hasta el final, pero que acabó sucumbiendo ante un futbolista de otro nivel. De otra categoría. De otra dimensión. Tras ese primer tanto que no constó en acta, Jardí puso el gol en la cabeza de Diego, firmó una obra maestra con un lanzamiento magistral de falta directa que significó el 1-3 y asistió a Saidu para el 1-4. Todo en 80 minutos. Tiempo suficiente para sentar cátedra.
En el palco, Lalo se relamía. Sabe el director deportivo y el resto del club que gran parte de las opciones de ascenso del Zaragoza pasan por un futbolista destinado a protagonizar más recitales como el impartido en la Costa del Sol, donde Jardí, ese chico que militó en las dos canteras de los clubs más poderosos del fútbol nacional, presentó su candidatura a la mejor actuación del curso. El catalán, de solo 24 años, lideró al Zaragoza y destrozó al Juventud Torremolinos a base de calidad, justo el déficit más acuciante del conjunto aragonés en las últimas temporadas. Pero también de valentía, determinación y descaro, como el mostrado cuando, con apenas 19 años, renunció a la oferta de renovación del Barcelona para irse al Real Madrid Castilla de Raúl.
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