El psicólogo y catedrático de Criminología Vicente Garrido Genovés (Valencia, 1958) es una referencia en España en lo que se refiere a la criminalidad violenta, con una vientena de libros en los que aborda los asuntos más variados, desde los perfiles criminales a la psicopatía, desde la violencia contra la mujer a los niños violentos, sin olvidar manuales como «Principios de Criminología». Ese jueves acudió a la Facultad de Derecho para ofrecer, en presencia del decano en funciones, Diego Álvarez Alonso, la conferencia inaugural del grado de Criminología y el de Criminología y Derecho, bajo el título: «True Crime y criminología: mucho más que entretenimiento». Garrido cree que el número de crímenes violentos en España está muy por debajo de la media occidental.
Decía Eugenio Suárez, el fundador de «El Caso», que en la España de la postguerra se mataba poco y mal. ¿Ha cambiado el paradigma?
En la época de «El Caso» había una supervisión muy grande de todo lo que se podía publicar. La consigna era que se podía, hasta cierto punto, reflejar la gravedad del delito. Los aspectos, por así decirlo, más morbosos tenían que estar limitados. Y luego, por otra parte, cualquier comentario negativo que implicara algún tipo de responsabilidad institucional o social, en el sentido de que pudiera estar detrás de los crímenes, eso estaba muy marcado. No obstante, los periodistas de raza conseguían meter reflexiones, que muchas veces el público lector no las captaba. Pero el crimen siempre ha sido algo que desde el punto de vista político ha sido muy supervisado. Por ejemplo, en la etapa soviética, el crimen era un residuo del capitalismo. ¿Eso qué significa? Significa que había una gran ocultación de muchos crímenes que estaban motivados por el hambre o por las enfermedades mentales. Porque en los regímenes soviéticos los problemas mentales no tenían más respuesta que asilos inclementes. Entonces yo diría que sí, que hoy en día el mundo de los sucesos en España se ha expandido en calidad y en cantidad. Hoy en día hay gente muy buena desde el punto de vista literario que escribe en el ámbito de los sucesos o los casos.
¿Y por qué se mata?
En primer lugar, en España se mata poco. Si tú lo comparas con otros países, España es probablemente uno de los países, desde luego en Occidente, donde menos se mata. Piensa que la tasa viene a ser aproximadamente de uno por cien mil habitantes. Eso se concluye en aproximadamente 560 homicidios al año. Eso es lo que ocurre en un estado mexicano al mes. Entonces, dentro de lo que consideramos que es una baja tasa de homicidios, las razones están vinculadas con cuestiones de crimen organizado o bien las pasiones humanas de siempre. Es decir, la venganza, los celos, las disputas derivadas de actos de ira… Esos son los principales motivos para matar. ¿Por qué un tipo de homicidio que antes era más habitual, que estaba relacionado con lo que podemos decir el mundo de los atracos, ha desaparecido bastante? Hoy en día es muy raro que alguien atraque un banco o atraque una joyería y mate a alguna persona como consecuencia de ello, ya sea dentro del establecimiento o respondiendo a la policía. Los homicidios por gente dedicada al crimen tienen que ver más con el crimen organizado. Se están expandiendo mucho mafias de diferente tipo que comercian con drogas en el sur de España. Este verano ha habido varios homicidios, como en Ayamonte, en Huelva. Murió gente inocente. Ese tipo de actos no es habitual en España. No digo que no lo vaya a ser, dependiendo de la penetración de las mafias. Porque hasta ahora había existido una especie de acuerdo implícito en que los grandes capos de la mafia querían preservar una buena imagen en España. De tal manera que les permitiera, sobre todo, conducir el comercio ilegal de drogas sin levantar demasiada sospecha. Y claro, como dicen los grandes ideólogos de la mafia, cuando hay escándalo y miedo y preocupación, eso es malo para el negocio.
Un territorio de refugio…
Exacto, un territorio de refugio que al mismo tiempo sirve para canalizar cantidades ingentes de droga por puertos. En Valencia hace poco hubo una redada espectacular donde pillaron un montón de gente que estaba implicada, desde aduaneros hasta policías, en el comercio de drogas. Pero eso no significa que no cambie en el futuro, porque depende de diferentes razones que están dentro de las logísticas de las drogas. En general, en España se sigue matando por las mismas razones. Es decir, razones personales, razones pasionales. Y no es de extrañar porque muchos de los crímenes convencionales están motivados por el hecho de que la persona se siente ofendida, ultrajada, traicionada y responde con violencia. Y esa es esa peculiaridad psicológica del ser humano que lucha por mantener una buena imagen y se siente muy atacado con personas o actos que, de alguna manera, lo consideran una humillación. Ese siempre ha sido el gran leitmotiv del crimen en todo el mundo.
¿Cómo se puede vivir con un cadáver enterrado en el patio durante años, como con el crimen de Francisca Cadenas?
Si tú tienes la suficiente sangre fría para matar a alguien, lo que menos te importa es la convivencia con el cadáver. Porque él lo que pretende es la preservación. Entonces, tú lo entierras y lo que haces es que compartimentas tu mente. Tú lo has matado y ahí se queda. En un caso en el que estuve trabajando en Valencia, un sujeto fue capaz de tener el cadáver durante varios meses en su dormitorio y, poco a poco, descuartizarlo. Simplemente bloqueas esa parte y sigues adelante. Claro, tienes que tener una capacidad especial para poder disociarte o compartimentar el acto criminal de la vida ordinaria.
¿Ese tipo de crímenes tiene que ver con la psicopatía o no necesariamente?
No. La psicopatía, como trastorno de personalidad que define a un individuo sin conciencia, que halla su plenitud emocional a través del acto de dominación o de violencia sobre otro, que no tiene principios morales, es el peor enemigo posible cuando se dedica al mundo del crimen, porque es el criminal más implacable. Es el criminal que mejor planifica, que mejor premedita y que luego no muestra en su comportamiento signos de nerviosismo, de arrepentimiento, que es muchas veces lo que delata a la gente. Pero, dado que la psicopatía «solo» afecta al 1% de la población, no hace falta ser un psicópata para matar a alguien. La gente mata por razones ordinarias. Porque te has reído de mi hermana, porque el otro día me llamaste tal cosa en el bar, porque no estoy de acuerdo con el reparto de la herencia y entonces actúo en consecuencia, porque me he sentido traicionado por lo que has hecho. Esas son las razones fundamentales por las que la gente mata. El dinero está muchas veces detrás. Por ejemplo, aunque el caso todavía está «sub iudice», una hija y su marido están acusados de haber matado a sus padres. El dinero está muchas veces detrás. Pero si tú eres capaz en una familia de matar a alguien por dinero, esa relación emocional se ha ido antes al traste. Y eso es justamente lo que está ahora cautivando el público en el famoso crimen de Jonathan Andic. El hecho de que alguien, según la Policía, por dinero, haya podido matar a un señor tan notable como es su padre, que era empresario. Pero claro, yo lo que digo es que el dinero probablemente fue un elemento, pero no el más fundamental. Ahí tenemos que volver a los elementos de la pasión; es decir, de la emoción exacerbada. El hecho de que él fuera apartado en su cargo de CEO de la empresa. Eso para algunas personas es una humillación extraordinaria. Entonces, si verdaderamente este caso va adelante y se condena finalmente, porque estamos hablando simplemente como hipótesis, yo plantearía que el dinero no fue la razón fundamental, sino el hecho de que «ante toda la empresa tú me has dejado en una situación imposible». Porque todos hablarían de que el hijo era un inútil. Y eso hay gente que no lo puede perdonar.
Existe una gran preocupación social por el asesinato de mujeres.
Se mantienen en torno a unos 50. En términos estadísticos, es una cantidad pequeña. Lo subrayo: en términos estadísticos. De hecho, España, comparado con otros muchos países, tiene uno de los índices más bajos de asesinatos de mujeres. Porque, en general, en España el índice de homicidios es muy bajo. Y es difícil bajar esa cantidad. En un país de 50 millones de personas es muy difícil prevenir que 50 hombres decidan que su vida no tiene mayor sentido si no matas a una persona, en este caso a su pareja o su expareja. Es muy difícil. El homicidio, en un contexto relacional o afectivo, lo que expresa es la incapacidad de que esa persona gestione dos emociones que son probablemente de las más poderosas que tiene el ser humano. Por una parte, la necesidad de vincularse con alguien, de tener una relación afectiva. Y por otra parte, preservar tu autoestima. Hay mucha gente que no ha aprendido a hacer ambas cosas de una manera madura. Dicho de otra manera, fracasan a la hora de proyectar una personalidad adulta madura desde el punto de vista emocional. Entonces, lo que muchas veces no se habla en estos debates es que, más allá del machismo, en realidad lo que tenemos son personas que han fracasado a la hora de desarrollar un amor maduro. De tal modo que cuando consiguen el control de alguien, si tú lo pierdes, tu autoestima se va al garete y tú te sientes fracasado. Y prefieres una vida en la cárcel o incluso la muerte, porque mucha gente que comete estos crímenes se suicida antes de vivir esa situación. ¿Cómo evitas que haya 50 personas en esa situación? Es muy difícil.
Vicente Garrido, antes de su conferencia. / Juan Plaza
Su conferencia versa sobre el «true crime», y sostiene que es más que un entretenimiento.
Mucho más. El entretenimiento es una de las razones por las que las plataformas apuestan, en el sentido de que entretiene a la gente y ve el programa. Pero el «true crime» es hoy en día la principal vía de conocimiento que tiene la sociedad, y muchas veces jueces, fiscales y la propia Policía, del evento criminal. Sin el «true crime» estaríamos a ciegas en muchos ámbitos del crimen. Es decir, que lejos de demonizarlo, como he leído muchas veces, yo lo considero una realidad cultural absolutamente necesaria. Otra cuestión es que haya malos programas de «true crime». Pero claro, esto es como si tú me dijeras: «Oye, tenemos que prohibir los libros porque hay libros muy malos». Yo te diría: «Hombre, no». Con el «true crime» pasa lo mismo. Los hay malos, pero hay muchos que son muy buenos.
¿Tan valiosos son?
El «true crime» enseña lo que está pasando en la sociedad en términos del crimen y a una población que nunca tendrá contacto con el crimen le da una información extraordinaria. Y, al mismo tiempo, puede promover causas de mejora social muy importantes. Entonces, ¿eso se puede conseguir a través de la noticia y de la prensa? No. Incluso aunque hagas estilo grande, reportaje de investigación, no. Si tú quieres saber cómo se sienten las víctimas de violación, mira una buena serie de «true crime». Y si no ves eso, ¿dónde lo aprendes? En ningún sitio.
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