Veolia acelera la digitalización del ciclo del agua con 17 proyectos en España

La compañía impulsa proyectos de digitalización hídrica en 209 municipios de ocho comunidades autónomas, con actuaciones por valor de más de 109 millones de euros. Cataluña concentra cuatro de estas iniciativas, con 19 millones de financiación y cerca de cuatro millones de habitantes beneficiados. Gemelos digitales, sensores en tiempo real, inteligencia artificial, agua regenerada y sistemas para detectar fugas forman parte de una transformación marcada por la sequía y el cambio climático.

La gestión del agua entra de lleno en la era digital. El estrés hídrico, los periodos prolongados de sequía y unos episodios meteorológicos cada vez más extremos están obligando a administraciones y operadores a revisar la manera en la que se gestionan los recursos naturales. El reto ya no consiste únicamente en garantizar el suministro, sino en disponer de infraestructuras capaces de anticiparse a situaciones de escasez, responder con mayor rapidez ante fenómenos extremos y aprovechar de manera más eficiente cada metro cúbico de agua.

La realidad climática tampoco entiende de fronteras administrativas. Cataluña ha vivido en los últimos años uno de los episodios de sequía más graves de su historia reciente, pero el estrés hídrico afecta también a territorios como Andalucía, mientras que las lluvias torrenciales y las borrascas de fuerte intensidad plantean el desafío contrario en otros puntos de la Península. Sequías e inundaciones son dos caras de un mismo escenario que obliga a construir sistemas más eficientes, resilientes y capaces de adaptarse.

En este contexto, la digitalización se está convirtiendo en una de las principales herramientas para transformar la gestión del ciclo urbano del agua. Sensores conectados, monitorización en tiempo real, inteligencia artificial, analítica avanzada o gemelos digitales permiten conocer con mucha más precisión qué está ocurriendo en las redes, anticipar incidencias y tomar decisiones utilizando datos que hasta hace pocos años no estaban disponibles.


Digitalización: un modelo escalable

Buena parte de esta transformación se ha articulado a través del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, impulsado por el Gobierno de España y financiado con fondos europeos NextGenerationEU. El programa contempla 1.940 millones de euros de inversión pública directa para modernizar la gestión hídrica a través de la digitalización, la mejora de la gobernanza, la innovación y la incorporación de nuevas capacidades tecnológicas.

Veolia participa en ese proceso a escala nacional. Según los datos de la compañía, sus concesionarias y empresas mixtas de servicios de abastecimiento han obtenido 76 millones de euros en ayudas a lo largo de las tres convocatorias del PERTE. Son recursos destinados a 17 proyectos que, sumando la cofinanciación de las administraciones locales, superan los 109 millones de euros.

Las actuaciones alcanzan a 209 municipios y tienen un impacto potencial sobre más de 6,2 millones de habitantes. Su distribución permite comprobar que la transformación digital del agua no es únicamente una cuestión vinculada a las grandes áreas metropolitanas: los proyectos se desarrollan en Asturias, Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Murcia y Canarias, desde grandes ciudades como Barcelona o Alicante hasta territorios afectados por la despoblación como Ourense o Badajoz.

La escala de este despliegue se entiende también desde la implantación territorial de la compañía. Veolia presta servicios de agua a 13,5 millones de personas en más de 1.100 municipios españoles, lo que convierte la incorporación de herramientas digitales en una palanca con capacidad para transformar progresivamente la gestión de un servicio esencial.



Del dato a la gestión en tiempo real

Digitalizar una red de abastecimiento o saneamiento significa, en buena medida, hacer visible lo que sucede bajo tierra.

Entre las herramientas que están entrando en el ciclo integral del agua se encuentran sensores IoT y multiparamétricos capaces de controlar variables como el pH o la turbidez, sistemas de monitorización permanente, analítica avanzada e inteligencia artificial. A ellas se suman los denominados gemelos digitales: representaciones virtuales de las infraestructuras que permiten reproducir su funcionamiento y simular escenarios antes de intervenir sobre la red real.

En la práctica, estas tecnologías pueden ayudar a detectar anomalías, anticipar problemas de presión, localizar fugas, predecir cambios en la calidad del agua o evaluar cómo respondería una infraestructura ante determinados episodios de consumo o precipitaciones.

La información deja así de utilizarse únicamente para analizar qué ha ocurrido y empieza a servir para anticipar qué puede ocurrir.

Y más allá de las cifras, el reto será comprobar hasta qué punto toda esta tecnología consigue traducirse en resultados medibles: menos pérdidas, mayor capacidad de reutilización, mejor respuesta ante emergencias y un suministro más seguro.

Cataluña, uno de los principales focos de actuación

Dentro del despliegue estatal, Cataluña concentra cuatro de los proyectos impulsados por las operadoras del grupo. En total han obtenido 19 millones de euros de financiación y, contando con la cofinanciación de las administraciones locales, movilizan actuaciones por un importe superior a 30 millones.

Los proyectos se han desarrollado en 46 municipios, pueden beneficiar a cerca de cuatro millones de habitantes y tienen asociada una previsión de alrededor de 250 empleos.

Aunque comparten la digitalización como elemento central, cada iniciativa aborda desafíos diferentes: incrementar el uso de recursos alternativos, reducir las pérdidas de agua, anticiparse a las inundaciones, mejorar la eficiencia energética o avanzar hacia una gestión más transparente y basada en datos.

Sabadell y la búsqueda de nuevos recursos

Sabadell es uno de los principales laboratorios de esta transformación. El proyecto FLOW tiene como objetivo optimizar el ciclo urbano del agua mediante nuevas herramientas digitales y una utilización mucho mayor de recursos hídricos no convencionales.

El planteamiento responde a una de las lecciones que han dejado los últimos episodios de sequía: las ciudades no pueden depender únicamente de sus fuentes tradicionales de suministro.

La iniciativa prevé incrementar de forma muy significativa el aprovechamiento de recursos alternativos, especialmente agua freática y regenerada, reduciendo así la presión sobre sistemas convencionales como el Ter. El objetivo último es avanzar hacia un modelo más circular, en el que el agua potable se reserve para aquellos usos que realmente requieren esa calidad.

Menos fugas y más capacidad de anticipación

Otra de las grandes prioridades de los nuevos modelos de gestión es reducir el denominado agua no contabilizada: la que se pierde por fugas, averías o errores de medición.

En un escenario de sequía recurrente, evitar pérdidas puede resultar tan importante como encontrar nuevos recursos. Una red instrumentada permite localizar antes las ineficiencias, identificar comportamientos anómalos y actuar antes de que una pequeña incidencia se convierta en un problema de mayor dimensión.

Este es uno de los ejes de A-MEDI, proyecto desplegado en ocho municipios de las comarcas del Alt Penedès, Garraf y Alt Camp. Entre sus objetivos figura reducir un 10% el agua no contabilizada, al mismo tiempo que se refuerza la resiliencia de los municipios frente a situaciones de escasez y se disminuye su dependencia de recursos externos. En Rubí, e-READAPTA persigue una reducción superior al 16%.

Prepararse también para cuando sobra agua

Precisamente en Rubí, e-READAPTA incorpora la adaptación frente a las inundaciones como uno de sus ámbitos de actuación. La digitalización permite integrar sistemas de vigilancia, información y previsión que facilitan la respuesta ante episodios extremos y permiten diseñar planes de emergencia apoyados en datos más precisos. La resiliencia hídrica deja así de significar únicamente disponer de agua durante una sequía. También implica conseguir que las ciudades sean capaces de gestionar mejor las precipitaciones intensas, proteger sus infraestructuras y responder con mayor rapidez ante fenómenos cada vez más difíciles de prever.



RESSONA y el cambio de paradigma

Entre las actuaciones catalanas destaca también RESSONA, promovido por Aigües de Barcelona junto con el Área Metropolitana de Barcelona y la Agencia Catalana del Agua. El proyecto ha sido reconocido por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico por su carácter innovador y plantea mejorar la eficiencia operativa del ciclo integral del agua. Entre sus objetivos figuran reducir un 8% las emisiones de gases de efecto invernadero, un 5% la huella hídrica y un 9,5% el consumo de energía del servicio metropolitano.

La iniciativa representa además una transformación más profunda en la manera de entender la gestión hídrica. Frente al modelo tradicional de captar agua, utilizarla y devolverla posteriormente al medio, gana peso una lógica circular basada en regenerar, reutilizar y aprovechar mejor los recursos disponibles.

Tecnología, pero también transparencia

La transformación digital tampoco termina en las tuberías porque los proyectos vinculados al PERTE incluyen herramientas para mejorar el acceso a la información y la relación entre operadores, administraciones y ciudadanía. En Sabadell, por ejemplo, se ultima la apertura del Observatorio de Salud Ambiental y Comunitaria destinado a facilitar información relacionada con la calidad del agua y la gestión de los recursos hídricos.



Esta dimensión resulta especialmente relevante porque el funcionamiento de las redes de agua ha permanecido tradicionalmente fuera de la mirada cotidiana del ciudadano. Digitalizar el ciclo del agua significa también hacer visible qué ocurre con un recurso esencial: cuánto se consume, dónde se pierde, cuál es su calidad, cuánta energía requiere gestionarlo o qué posibilidades existen de recuperarlo y volver a utilizarlo.

Una transformación ambiental, tecnológica y económica

El alcance de los proyectos supera además la dimensión estrictamente hídrica. En el conjunto de España, las actuaciones de las operadoras de Veolia vinculadas al PERTE han generado 1.457 nuevos puestos de trabajo directos e indirectos. A ello se suma el impacto derivado de la participación de empresas tecnológicas, proveedores locales, ingenierías y perfiles especializados en digitalización, mantenimiento y operación de infraestructuras.

Pero el verdadero examen llegará con los resultados. El desafío consiste en comprobar hasta qué punto toda esta tecnología logra traducirse en mejoras medibles: menos fugas, menor consumo energético, más capacidad de reutilización, mejor respuesta ante emergencias y un suministro más seguro. Porque detrás de los sensores, los algoritmos o los gemelos digitales se encuentra un objetivo mucho más tangible: gestionar mejor un recurso cada vez más sometido a presión.

En un país expuesto simultáneamente a la escasez y a los fenómenos meteorológicos extremos, la digitalización del agua empieza así a dejar de ser una apuesta de futuro para convertirse en una herramienta del presente.

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