El García del Cid era un buque oceanográfico antiguo. Construido en Astilleros de Tarragona y estrenado en 1979, ya estaba en estado de obsolescencia técnica cuando, en el mes de septiembre de 2023, partió del puerto de Barcelona para realizar una campaña de diez días en el Mediterráneo. Su cometido: realizar mediciones bio-ópticas —se evalúan las propiedades biológicas del agua y cómo estas afectan a la luz que atraviesa o sale del mar— de la zona, además de investigar con mayor profundidad el área más próxima a la plataforma Casablanca, una estación del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. El buque tenía capacidad para 14 tripulantes y 12 científicos; en esa ocasión iban a bordo investigadores españoles, italianos y franceses.
Entre los trabajadores había una mujer, María del Carmen Fernández Vázquez, con condición de personal laboral fijo y cargo de camarera. Natural de Cangas de Morrazo, de 43 años y residente en Bueu, estaba casada y tenía tres hijos. La última vez que fue vista con vida fue en torno a las 23:45 horas del 9 de septiembre, cuando el García del Cid navegaba rumbo sur a la altura del Mirador de Cabo Negro, en Jávea, tras haber dejado atrás la costa de Gandía. A las 07:45 horas del 10 de septiembre, domingo, ya no estaba en su camarote. Desde entonces, el silencio. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo al que estaba adscrito el barco, tardó más de un año en emitir un comunicado interno refiriéndose a la desaparición de su trabajadora. «Un año después, MCFV sigue desaparecida y no existen palabras suficientes para describir el desconsuelo y dolor que sentimos por esta causa». Las siglas MCFV son literales de aquella nota.
Asignación de la plaza de Carmen para el ‘García del Cid’. / /
Detrás de aquel suceso, que FARO ha investigado desde el inicio, subyacía una realidad muy dolorosa para la propia Mari Carmen y su familia. En el año 2019, y tras actuar de oficio el propio CSIC, formuló una denuncia por una agresión sexual con penetración en su camarote por otro tripulante del barco, como desveló también este periódico; el García del Cid tenía convenio laboral propio, los trabajadores lo eran de este buque en cuestión. La demanda sería retirada en junio de 2020 tras un acuerdo de conformidad: «Ambas partes consideran que se ha producido un malentendido debido a la situación de salud y personal [de Carmen] y es su deseo solucionar el presente procedimiento extrajudicialmente». El varón –prosigue el escrito– «procederá a pedir disculpas por escrito […] en todo aquello que pudiera ser malinterpretado por ésta si con ello pudiera haberle molestado».
La gestión
La defensa de la mujer ha mantenido siempre que solicitó al CSIC la adopción de «medidas para no coincidir con esta persona» y se le negó «la posibilidad» de cambiar de destino. No se le facilitaron: el CSIC aludió a que el convenio no permitía esta opción, un extremo que no es cierto. El artículo 4.1 del convenio colectivo del García del Cid, publicado por el Butlletí Oficial de la Província de Barcelona el 14 de junio de 2010 –tenía vigencia de dos años, no fue renovado después–, es claro: «La organización del trabajo es facultad exclusiva del CSIC, sin perjuicio de los derechos y facultades de audiencia, consulta, información y negociación». El traslado también estaba recogido en el Protocolo de prevención e intervención frente al acoso sexual y por razón de sexo en el CSIC, del año 2020. El hombre que había sido denunciado nunca dejó de trabajar en el García del Cid. Antes de su última marea, cuando trató de reincorporarse a su puesto de trabajo —Mari Carmen estuvo de baja médica muy prolongada— se vio obligada a realizar, ella, un curso antiacoso.

Ruta del buque hasta las 10 de la mañana del 9 de septiembre (en rojo). En amarillo, cuando vuelve a haber datos de posicionamiento en el puerto de Valencia. / LG
Pese a que no se realizaron diligencias en sede judicial, como también reclamó el abogado de la mujer, Diego Leis, el Juzgado de Instrucción número 21 de Valencia cerró el caso al no existir indicios de delito; la Audiencia Provincial siguió sus pasos y dio carpetazo a la investigación en la primavera de 2024. La familia de Mari Carmen aseguró entonces que demandarían a la institución por haberse tratado de un supuesto accidente laboral; no consta que se haya formulado. «Nadie hace nada. Si no me encontráis, me tiré por la borda. Os quiero», dejó escrito en su camarote.
En la documentación oficial relativa a la última campaña emprendida por Mari Carmen, la que estaba fijada para el periodo 7-17 de septiembre de 2023, afloraron vacíos de información sobre el posicionamiento del oceanográfico. No hay información de la navegación del García del Cid entre las 10:12 horas del 9 de septiembre y casi la medianoche del día 12; este expediente en particular (código GDC/20230907) tiene un vacío de 85 horas y 47 minutos. Así que no existe información de posicionamiento o velocidad a la que navegaba el oceanográfico a la hora en la que presuntamente Carmen se arrojó por la borda. El archivo Excel no vuelve a aportar información hasta las 23:59 horas del día 12, con el García del Cid amarrado en el puerto de Valencia, donde atracó tras haber participado en las labores de búsqueda.
Desguace y despido
En el mes de abril de 2024 el García del Cid arribó a las instalaciones de DDR Vessels, en el puerto asturiano de El Musel, especializadas en achatarramiento de barcos. Lo hizo silencio, sin ninguna notificación oficial, sin haber anunciado públicamente un procedimiento para su venta como chatarra, como sí había hecho el Gobierno —a través del Boletín Oficial del Estado (BOE)— con el Coornide de Saavedra, otro oceanográfico retirado en 2016. El CSIC ingresó 14.700 euros por el barco, como averiguó FARO a través de la plataforma de transparencia. Aunque en junio de 2023 la institución sí había barajado la reubicación de los trabajadores del oceanográfico, con vistas a su desguace, optó finalmente por un despido colectivo. La institución que preside Eloísa del Pino, que sí tuvo que rehacer su protocolo antiacoso —por mandato de la mayoría del Pleno de la Cámara de Diputatos—, no informó nunca de la adopción de medidas internas por eventuales responsabilidades, aunque fue cuestionada por ello en la Cámara baja.
Los padres de Mari Carmen, María del Pilar y José Luis, fallecieron en noviembre del año pasado con menos de una semana de diferencia. Tenían 64 y 68 años, respectivamente.
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