No siempre es fácil darse cuenta de que se perciben los colores de una manera diferente. Para algunas personas, determinadas tonalidades han sido siempre así, por lo que no tienen una referencia con la que comparar su propia visión con la de los demás. Esto explica que muchos casos pasen desapercibidos durante años y que algunas personas llegue incluso a la edad adulta sin saber que son daltónicas.
De hecho, entre el 30% y el 40% de los pacientes diagnosticados de daltonismo desconocía que tenía esta alteración antes de acudir a consulta, según los datos de la Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros. Una realidad que cobra especial relevancia este domingo, 6 de septiembre, con motivo del Día Mundial del Daltonismo.
Esta afección ocular afecta con una mayor incidencia a los hombres, en concreto, a uno de cada 12 hombres; mientras que la padecen una de cada 200 mujeres. Aunque suele identificarse durante la infancia y la adolescencia, también puede descubrirse de forma casual durante una revisión oftalmológica realizada por otro motivo. Según la clínica, la edad media orientativa de diagnóstico se sitúa entre los 15 y los 20 años.
«Para una persona que ha visto los colores así desde que nació, esa es su normalidad. No puede comparar directamente su percepción con la de los demás. Cuando la alteración es leve, puede desarrollar estrategias para compensarla y pasar muchos años sin saber exactamente qué ocurre«, explica el doctor Diego Martínez de Carneros.
El especialista recuerda así que ser daltónico no significa necesariamente no distinguir los colores. En realidad, determinadas tonalidades pueden percibirse de forma diferente o resultar más difíciles de diferenciar entre sí. Las alteraciones relacionadas con el rojo y verde son las más frecuentes.
Estas son las señales que no pueden pasar desapercibidas
Hay determinadas situaciones cotidianas que pueden hacer sospechar de una alteración en la percepción de los colores. Entre estas, se encuentran:
Prueba de Ishihara para diagnosticar daltonismo / cedida
- Confusión entre rojo y verde: es el caso más habitual. Puede existir dificultad para diferenciar una manzana roja de una verde o para distinguir determinados tonos marrones y verdosos
- Problemas con azul y amarillo: pueden confundirse tonos azules con amarillos o lilas con grises, aunque se trata de una alteración menos frecuente
- Errores al combinar la ropa: algunas personas pueden tener dificultades para conjuntar prendas o incluso para elegir calcetines del mismo color
- Dificultad con los semáforos: identificar rápidamente el rojo o el verde de las luces viales puede convertirse en un problema
- Mapas o gráficos confusos: los esquemas, mapas de metro o juegos de mesa que utilizan códigos de color pueden resultar más difíciles de interpretar
- Colores con menos intensidad: también puede ocurrir que los colores se perciban más apagados o que se confundan sombras pertenecientes a una misma gama
En los niños, algunas de las primeras señales pueden aparecer en el colegio, cuando el color empieza a utilizarse de forma habitual en mapas, gráficos, ejercicios o materiales escolares. Confundir determinados tonos puede llevar a interpretar como despiste o falta de atención lo que en realidad responde a una manera diferente de percibir los colores. Pequeñas adaptaciones, como incorporar símbolos, nombres o patrones además del color, pueden facilitar estas tareas. Además, conocer el diagnóstico permite que tanto la familia como el entorno escolar entiendan que determinados errores no responden necesariamente a despistes o falta de atención, sino a una manera diferente de percibir determinados colores.
Una detección que también puede ser relevante para el futuro profesional
La detección también adquiere especial importancia en la adolescencia, cuando comienzan a tomarse decisiones sobre los estudios y el futuro profesional. Algunas profesiones tienen requisitos específicos relacionados con la visión cromática, entre ellas determinadas funciones vinculadas a la aviación, algunos puestos militares o trabajos sometidos a criterios concretos. «No se trata de decirle a un paciente qué puedo o no puede hacer, sino de que conozca con tiempo los requisitos de determinadas profesiones y pueda tomar sus decisiones con toda la información«, señala Martínez de Carneros.
El diagnóstico se realiza mediante pruebas de visión cromática, como el test de Ishiara, una exploración sencilla, rápida y no invasiva. En los casos en los que es necesario conocer con mayor precisión el tipo o grado de alteración, pueden realizarse pruebas adicionales.
Desde Martínez de Carneros recuerdan que detectar el daltonismo no cambia la manera en la que una persona ve los colores, pero sí permite entender determinadas dificultades y aprender a desenvolverse con ellas con mayor naturalidad, especialmente durante la etapa escolar y antes de tomar decisiones académicas o profesionales.
Fuente: La Nueva España












