Cinco años después de que Marruecos normalizara sus relaciones con Israel en los Acuerdos de Abraham, la cooperación militar entre los dos países avanza a un ritmo imponente. Desde entonces la industria militar israelí ha reemplazado a Francia como el segundo proveedor de armamento de Rabat, con una cuota del 24%, solo superada por Estados Unidos (60%), según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Principalmente sistemas de defensa aérea, drones, radares y artillería de precisión. Pero la relación va mucho más allá del plano puramente comercial. A principios de este año ambos países firmaron el llamado “plan de trabajo militar conjunto» para profundizar la cooperación. Lo que incluye la creación de estructuras para el diálogo permanente entre ambos ejércitos, proyectos industriales conjuntos, maniobras para el desarrollo de capacidades o alineamiento frente a amenazas emergentes, según la prensa israelí.
El desembarco israelí en el norte de África llega en pleno proceso de modernización del Ejército marroquí. Un proceso que se aceleró a partir de 2018, cuando Rabat reinstauró el servicio militar obligatorio y, dos años después, aprobó una ley para crear una industria militar propia. “Lo que está haciendo es perfectamente lógico: modernizar unos medios que empezaban a estar desfasados”, asegura un experto en defensa sin autorización para hablar públicamente. El núcleo de su aviación de combate eran los F-5 y los Mirage F1, diseñados en los años sesenta y setenta del siglo pasado. “Y en materia naval contaba con buques concebidos, en el mejor de los casos, para la guerra litoral”, añade la misma fuente. En lo que respecta a su parque de blindados y armamento terrestre, le pasaba como a otros países en desarrollo, “tenían un parque grande, pero compuesto por material de procedencias y modelos muy diversos”.
Todo eso está cambiando con rapidez, gracias en gran medida a la cooperación con Estados Unidos e Israel y un gasto militar que se ha doblado desde 2010, según SIPRI. Los expertos enmarcan principalmente esa transformación en la rivalidad histórica que Marruecos mantiene con Argelia, durante mucho tiempo la potencia militar dominante en la región y el principal sustento del Frente Polisario en la disputa sobre el Sáhara Occidental. Rabat trabaja ahora para cambiar los viejos equilibrios, una dinámica a la que contribuyó decisivamente la decisión de la Administración Trump para reconocer la soberanía marroquí del Sáhara —una postura contraria a la que mantiene la ONU — y el acuerdo de normalización con Israel.
“Desde 2015 están transformando lo que era una especie de gran guardia real en un verdadero ejército moderno”, asegura a este diario el periodista e investigador argelino Akram Kharief, fundador del portal MENA Defense, un referente en la región. “Poco a poco están consolidando la presencia militar en toda su masa terrestre, no solo en las zonas que controlan en el Sáhara o en las ciudades reales. Apenas disponen todavía de aviación estratégica, aviones cisterna ni buques de desembarco para proyectar poder fuera de sus fronteras, pero están haciendo grandes esfuerzos para defender el país”.
Hub de producción de drones
Dentro de la nueva industria de Defensa, Rabat aspira a convertirse un hub de producción de drones militares y otros vehículos aéreos no tripulados, según el Africa Defense Forum. Armas de bajo coste, pero extraordinariamente letales y efectivas, como se está viendo en la guerra de Ucrania. A finales del año pasado la empresa israelí BlueBird Aero Systems, una subsidiaria de Israel Aerospace Industries, abrió a las afueras de Casablanca su primera planta el país para producir drones kamikaze SpyX. En ese mismo polígono industrial se ha instalado también la turca Baykar, otro fabricante de drones de primer orden. Y en paralelo, EEUU, que hizo de Marruecos hace dos décadas un aliado preferencial fuera de la OTAN, anunció hace unos meses su intención de establecer allí el primer centro de adiestramiento en drones del continente africano.
La transformación militar de Marruecos genera cierta preocupación en los círculos militares españoles, dadas las reclamaciones que mantiene sobre Ceuta y Melilla. Un informe elaborado el año pasado en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS), dependiente del Ministerio de Defensa e integrada en el CESEDEN, sostenía que si bien “la relativa superioridad militar” española es “la mejor estrategia de disuasión frente a las pretensiones marroquíes» sobre las ciudades autónomas, el creciente desarrollo de las capacidades marroquíes podría erosionar esa ventaja. El estudio no planteaba como escenario una acción militar directa, pero sí acciones híbridas y otras formas de presión.
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