«Si en los últimos meses Carles Puigdemont ya tenía un perfil público bajo, este otoño el silencio será aún mayor«. Así lo explica un miembro de la dirección de Junts, que da por hecho que el expresident no hará ningún movimiento relevante hasta conocer si se le aplica la amnistía y puede regresar finalmente a Cataluña. La última comparecencia del líder posconvergente fue en enero en Perpinyà. Desde entonces, solo se ha pronunciado a través de las redes, con mayor o menor asiduidad según el momento, y no siempre sobre cuestiones de estricta actualidad política. Fuentes de formación explican que Puigdemont no quiere que se «manosee» con su situación personal.
Pero el silencio de Puigdemont contrasta con el momento que atraviesa Junts. El partido afronta el nuevo curso con las peores perspectivas electorales de su historia reciente, presionado por el auge de Aliança Catalana y con un debate abierto sobre su estrategia política. Desde la aprobación de la amnistía por parte del Congreso, los posconvergentes han vivido en una especie de ‘impasse’, pendientes del regreso físico de su líder a Cataluña.
El aval del TJUE a la amnistía les permitió irse de vacaciones viendo ese momento más cerca, pero la formación llega a septiembre con varias decisiones pendientes que difícilmente podrá seguir aplazando, especialmente ante un curso con varias citas electorales. Las municipales serán el 23 de mayo de 2027, mientras que las generales deben celebrarse como muy tarde en un año.
Las encuestas y el dilema Orriols
Ante este calendario, el principal reto son las malas perspectivas electorales. El último barómetro del CEO situó a Junts como cuarta fuerza, con una estimación de entre 16 y 18 escaños, muy lejos de los 35 parlamentarios actuales. La dirección no da por buenos estos datos, pero sí admite una tendencia a la baja y reconoce que una parte de su electorado se siente atraída por Aliança Catalana. Aunque durante un buen tiempo la formación ha querido evitar abordar abiertamente el crecimiento del partido liderado por Sílvia Orriol, el debate es cada vez más inaplazable.
Dentro del partido conviven varias almas y estrategias. Un sector considera que la mejor opción es ignorarlos y no entrar en el cuerpo a cuerpo con la extrema derecha, sin descartar pactos en algunas localidades. Otros, en cambio, creen que ignorar a Aliança no impedirá que siga ganando terreno. Uno de los que se ha pronunciado recientemente es el secretario general de la formación, Jordi Turull, que aprovechó su comparecencia en la Universitat Catalana d’Estiu para llamar a «batallar» contra el «etnicismo» de Orriols. También Josep Rull, desde su posición de actual presidente del Parlament, ha contribuido a impulsar una reforma del reglamento para blindar las sanciones por discursos de odio.
Qué posición se convertirá en la estrategia oficial del partido es una de las cuestiones que deberá resolver Puigdemont, igual que también deberá decidir qué papel quiere desempeñar dentro del partido cuando cruce la frontera.
El papel de Puigdemont en Junts
La cuestión más inmediata pasa por el Parlament, y por el puesto de jefe de la oposición. Ni Albert Batet primero, ni Mònica Sales después, quisieron asumir el cargo para hacer visible la ausencia de su referente político, pero no está claro qué querrá hacer el expresident con este puesto. De hecho, en 2024 dijo que si no era president renunciaría al escaño, pero al no poder regresar cambió de opinión. Sea como sea, el grupo parlamentario sigue de momento con su día a día y se ha citado este lunes y martes en Guardiola de Berguedà para preparar la primera cita importante del nuevo curso: el Debate de Política General, que se celebrará a finales de septiembre.
La presidenta del grupo parlamentario de Junts, Mònica Sales. / PARLAMENT
Más allá de la Cámara catalana, también está la duda de hasta qué punto Puigdemont está dispuesto a implicarse en el día a día del partido y, sobre todo, si volverá a optar a la presidencia de la Generalitat. Pero también habrá que abordarse que quiere ser Junts más allá de Puigdemont y del legado de 2017, del que el año que viene se cumplen 10 años.
En los últimos meses, dentro de las filas posconvergentes ha ido ganando espacio el debate sobre si la formación debe empezar a pasar página de aquella etapa y recuperar parte del perfil político que caracterizó a la antigua Convergència: más pactista y pragmático. La discusión se hizo especialmente visible durante el proceso de elección del candidato de Junts a la alcaldía de Barcelona, que acabó provocando el primer toque de atención interno a Puigdemont desde la creación del partido en 2020.
Tras este episodio, algunas voces del partido han empezado ya a reclamar la celebración de un nuevo congreso para abordar el rumbo de la formación. Hace dos años del último y, aunque los mandatos son de cuatro años, el partido ha hecho convocatorias extraordinarias bianualmente desde su fundación. La dirección niega que esta opción esté ahora encima de la mesa y descarta cualquier golpe de timón antes de las elecciones municipales, pero después difícilmente se podrá segiur aplazando y, de hecho, los resultados de esta cita con las urnas pueden convertirse incluso en un acelerador.
Suscríbete para seguir leyendo














