Los vegetarianos probablemente no lo vieron venir, pero la crisis medioambiental que sufre el planeta ha llevado a un giro en parte inesperado: que el mismísimo Vaticano de León XIV dé un claro respaldo a su opción. En palabras de la Santa Sede: en el Génesis de la Biblia, «el alimento que Dios pone a disposición de los seres humanos son las hierbas y los árboles frutales. Lo mismo se indica en el segundo relato de la Creación, donde solo se mencionan los árboles». Por ello, «el movimiento vegetariano encuentra aquí un innegable punto de apoyo», ha argumentado la Comisión Teológica Internacional, un influyente gabinete de sabios que asesora al Dicasterio para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), en un largo documento (148 puntos) sobre la crisis ecológica global publicado este viernes por la institución.
No es la primera vez que la Santa Sede lanza un guiño a quienes rechazan comer carne, pero jamás lo había hecho con una claridad semejante. Con ello, lejos de abordar la abstención de carne como un mero ejercicio de penitencia, un ayuno o una vieja disciplina monástica, el Vaticano lo analiza ahora como una suerte corriente de sensibilidad ética alineada con el respeto a la vida animal, la sostenibilidad y el consumo responsable en tiempos de emergencia climática. Todos «estamos obligados a evitar, o al menos a reducir al mínimo posible, las agresiones directas a la vida, prestando especial atención a evitar todo aquello que pueda poner en riesgo la permanencia y la calidad de la vida en nuestro planeta».
Un pecado
Tanto es así que el documento, aprobado antes de su difusión por León XIV, aclara incluso que, según los textos sagrados de la Iglesia, el permiso para consumir animales solo llegó tras el diluvio, en la alianza con Noé. Pero subraya que aún así esa concesión histórica debe estar siempre condicionada a un estricto criterio de «moderación, proporción y necesidad» frente al carácter sagrado de la vida.
De hecho, para esta institución de la Iglesia, la relación con la naturaleza exige reducir al mínimo el impacto sobre el planeta. De este modo, se equipara también el daño ambiental a «un pecado contra la Creación y el Creador» y, por lo que, se rescata la opción vegetariana no como un dogma obligatorio, sino como una respuesta plenamente coherente ante la crisis ecológica global.
El documento se suma además a las críticas de los dos anteriores Papas, Benedicto XIV y Francisco, que en el pasado reprobaron prácticas como la cría masiva y el trato degradante a animales. En su encíclica Laudato Si, por ejemplo, el Papa argentino lo había dicho sin ambiguedades. «Es conveniente consumir menos carne para ayudar al medio ambiente».
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