Un vecino de Lanciego ha fallecido este viernes mientras realizaba sus labores profesionales en una bodega ubicada en esta localidad de Álava. El Gobierno Vasco ha subrayado la necesidad imperiosa e ineludible de extremar las medidas de seguridad y prevención ante el serio peligro que supone la acumulación de dióxido de carbono o tufo, un gas sumamente peligroso que se genera de forma natural durante la fermentación de la uva.
El Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Ejecutivo autonómico ha lamentado profundamente la pérdida de este operario y, a través de un escrito oficial difundido a los medios, ha transmitido sus condolencias más sinceras a toda la familia y allegados del fallecido.
Además, la institución autonómica ha aprovechado este doloroso e impactante suceso para dirigir un vehemente y urgente llamamiento a la totalidad del sector vitivinícola con el objetivo prioritario de «extremar las medidas de seguridad y prevención en las bodegas», recordando de forma explícita que durante estas semanas clave del año se intensifica notablemente la actividad en las instalaciones bodegueras y pueden concurrir diferentes riesgos laborales de elevada gravedad.
El riesgo del dióxido de carbono
Desde el Gobierno Vasco se ha hecho un énfasis especial en destacar que uno de los principales peligros que amenazan la integridad física de las plantillas en esta época de vendimia es la concentración de dióxido de carbono (CO2), fenómeno conocido popularmente dentro del sector vitivinícola como tufo, el cual surge de manera inevitable a lo largo del proceso de fermentación.
Este elemento gaseoso presenta una peligrosidad extrema debido a sus particulares características físicas, dado que al ser un gas incoloro e inodoro resulta completamente imperceptible a los sentidos de la vista y el olfato, teniendo además la acusada tendencia a acumularse de manera prioritaria en las zonas bajas y en aquellos espacios con poca ventilación, situaciones que desencadenan de forma repentina escenarios de grave peligro para cualquier persona que acceda al recinto.
Para mitigar de forma eficaz estas graves amenazas en el entorno de trabajo, el departamento autonómico ha recordado la trascendencia capital de garantizar en todo momento una ventilación adecuada de las instalaciones bodegueras.
Asimismo, las autoridades sanitarias y laborales han remarcado la clara obligación de recurrir de forma sistemática al empleo de sistemas de detección de CO2, ya sean de carácter fijo o portátiles, para realizar mediciones precisas y poder comprobar las condiciones de la atmósfera de manera previa a cualquier intento de acceder a los depósitos o espacios donde pueda darse una acumulación de gases nocivos, manteniendo un exhaustivo y constante control durante los trabajos.
Vigilancia permanente y trabajo en equipo
En relación directa con los protocolos operativos que deben regir en el día a día de las fincas y bodegas, el Gobierno Vasco ha insistido de forma tajante en la necesidad de «no trabajar nunca en solitario en zonas de riesgo, manteniendo una vigilancia y comunicación permanente desde el exterior cuando se realicen trabajos que puedan entrañar peligro».
El organismo autonómico también se ha referido con absoluta firmeza a las pautas de actuación inmediata que deben aplicarse obligatoriamente si surge alguna eventualidad durante la jornada, recordando a todas las plantillas que «ante cualquier alarma o indicio de presencia de ‘tufo’, se debe abandonar inmediatamente la zona y avisar al resto de personas, evitando entrar para intentar rescatar a una persona afectada sin disponer de los equipos y medios de protección adecuados».
Prevención integral durante la campaña
Aparte de los indiscutibles riesgos puramente vinculados a la dramática acumulación de gases nocivos, las autoridades del departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca han recordado que es sumamente imprescindible extremar la precaución ante toda una serie de contingencias habituales en la labor diaria de las explotaciones.
En este sentido, el comunicado institucional ha hecho una referencia explícita a los peligros de caídas, atrapamientos, riesgos asociados a maquinaria y equipos, así como a los posibles contactos eléctricos y sobreesfuerzos, entre otros muchos accidentes potenciales que se pueden registrar de forma simultánea durante las intensas y agotadoras jornadas dedicadas a las tareas de vendimia y a la completa elaboración del vino.












