Ceuta sigue en el centro neurálgico de la vida política nacional. Tanto, que este miércoles se verá una estampa difícil de encontrar, la de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal abanderando, juntos pero no revueltos, una concentración con motivo del Día de Ceuta frente al Ayuntamiento de Madrid.
Antes de celebrarse ya ha sido polémica, pues el consistorio capitalino comunicó que se habría prohibido por parte de la Delegación del Gobierno, algo desmentido por esta institución, que explica que simplemente se le trasladó al ayuntamiento que lidera el popular José Luis Martínez-Almeida que al ser convocada por un alcalde y no por un particular solo podía tener condición de acto institucional, y no «de manifestación ejercida al amparo del derecho fundamental de reunión».
La propia Delegación informa de que se ha dado traslado de la convocatoria a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a fin de que garanticen «la seguridad de su celebración». Antes de eso, Feijóo y Abascal clamaron contra el Gobierno. «Que España hable. A eso le tienen miedo», afirmó el líder del PP en las redes sociales, mientras que el presidente de Vox señaló: «Hagan lo que hagan para impedirlo… mañana miles y miles de españoles estarán en las calles contra este gobierno tiránico, corrupto y traidor. Y, por supuesto, como uno más, yo estaré entre ellos».
Manifestación, concentración o acto institucional, será apenas el preludio de la intervención de ambos en el debate monográfico en el Congreso de los Diputados de este jueves, donde Pedro Sánchez ofrecerá ante los grupos parlamentarios su versión de la avalancha migratoria de los últimos días de julio sobre la ciudad autónoma.
La misma concentración tendrá lugar de manera análoga en el resto de consistorios de España, en una acción promovida por el Partido Popular (PP) a través de la Federación Española de Municipios y Provincias, la FEMP, que preside la alcaldesa popular de Jerez de la Frontera, María José García-Pelayo, y que la izquierda ha criticado por considerar que los populares instrumentalizan de manera partidista el organismo que aglutina a todos los alcaldes del país.
Desde el PP se trató de rebatir esas críticas este martes, cuando el portavoz del Comité de Dirección del primer partido de la oposición, Borja Sémper, calificó las concentraciones de «apartidistas», en una entrevista en Radio Nacional de España (RNE). El calificativo no agradó demasiado a Vox, cuya portavoz parlamentaria, Pepa Millán, se explayó al respecto en forma de interrogación retórica: «Aquí ya empezamos con las tibiezas. ¿Cómo no va a ser en contra de nadie? ¿De manera que aquí tenemos una invasión en Ceuta y nos manifestamos en contra de nadie? Y entonces, qué hacemos: ¿cantar un villancico?».
Pese a estas tiranteces, aun de tono, habituales por lo demás en la relación del PP y Vox, ahora de nuevo socios en los gobiernos de cuatro comunidades autónomas, ambas formaciones creen que las convocatorias vehiculadas a través de la FEMP, singularmente la de la capital de España, supondrán un éxito incontestable la víspera del debate parlamentario. Tan grande, argumentan fuentes de una y otra formación, como el creciente descontento ciudadano que dicen percibir en la ciudadanía. También, aseguran, entre los votantes de la izquierda.
Sánchez, solo en el hemiciclo
En las salas de máquinas de las dos formaciones de la derecha y de la extrema derecha se tiene muy presente que el jueves, quizás por primera vez de manera muy clara en toda la legislatura, Sánchez puede encontrarse solo en el hemiciclo, sobre todo en su empeño de desvincular por completo a Marruecos de lo sucedido, criticado en las últimas semanas por la derecha pero también por los aliados del PSOE. Si quedaba alguna duda de que esa era su postura, la entrevista del jefe del Ejecutivo este lunes en la Cadena SER las despejó rotundamente. Sánchez no solo no señaló a Rabat, sino que puso en duda que eso se pueda a hacer y, por el contrario, apuntó a la posible influencia de Rusia e Israel en lo sucedido los últimos días de julio en la frontera de España con Marruecos. Algo que fue calificado de «conspiranoia» por el citado Borja Sémper.
En todo caso, las diferencias entre el PP y Vox vuelven a ser algo más de que de tono. Esta semana Abascal se ha descolgado con la propuesta de romper el acuerdo de amistad con Marruecos que data de los años noventa, una cuestión en la que ni de lejos pueden coincidir los de Feijóo, quien entre otras cosas, además de haber mantenido contactos los últimos años (mucho antes de la actual crisis) con el primer ministro marroquí, Aziz Ajanuch, de su misma familia política, ha comprometido que su primer viaje internacional, si llega a la Moncloa, será a Rabat. En realidad, se trata de una costumbre inveterada, casi una norma no escrita, de la democracia española desde Adolfo Suárez, solo rota por Sánchez en 2018, tras convertirse en el primer y hasta el momento único presidente que llegó al cargo mediante una moción de censura y no tras una investidura parlamentaria después de unas elecciones.
Feijóo, además, comenzará su jornada este miércoles con una nueva visita a Ceuta, después de la que realizó en los primeros días de la crisis, donde volverá a recorrer la ciudad con el presidente ceutí, su compañero de filas Juan Jesús Vivas. Este último animó a las convocatorias a las ocho de la tarde en los ayuntamientos con una carta en la que, sin mencionar a Marruecos, señaló: «Ceuta tiene en España una historia común de siglos. Y quienes promovieron, organizaron o consintieron el asalto a nuestra frontera deben tenerlo muy claro. Nunca abandonaremos».
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