Eduardo Acosta subraya el valor del Tiempo de la Creación y defiende que el cuidado ambiental es inseparable de la vida humana

El 1 de septiembre marca el inicio del Tiempo de la Creación, un período ecuménico de oración y compromiso que se prolonga hasta el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. Con motivo de esta cita anual, el director del departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Eduardo Acosta, ha intervenido en el programa ‘La Linterna de la Iglesia’, presentado por Irene Pozo, para reflexionar sobre la necesidad de cuidar la casa común y profundizar en una auténtica conversión espiritual.

Durante la conversación, Eduardo Acosta ha definido este tiempo litúrgico como un despertador espiritual indispensable para recordar que los seres humanos no son los dueños absolutos de la tierra, sino sus custodios. El responsable episcopal ha insistido en que el cuidado del entorno debe integrarse en la rutina cristiana como el pan de cada día, al tiempo que ha subrayado que esta acción protectora es una manifestación directa de la fe.

Guerra, crisis ética y gasto armamentístico

Al abordar el mensaje del Papa León, Eduardo Acosta ha explicado la estrecha vinculación existente entre los conflictos bélicos y el deterioro medioambiental en el contexto geopolítico actual. El director ha advertido de que las consecuencias de la guerra generan heridas ecológicas que perduran por generaciones, reflejando una crisis ética guiada por la búsqueda de beneficios inmediatos y el afán de dominación, cuya única solución pasa por una verdadera conversión del corazón.

Es escandaloso que normalicemos presupuestos multimillonarios para destruirnos mientras ignoramos el hambre o la degradación de nuestra casa común»

En este sentido, el representante de la Conferencia Episcopal Española ha secundado la llamada pontificia a transformar las prioridades económicas mundiales y frenar la inversión en armamento. «Es escandaloso que normalicemos presupuestos multimillonarios para destruirnos mientras ignoramos el hambre o la degradación de nuestra casa común», ha manifestado Eduardo Acosta, remarcando la urgencia de pasar de financiar la muerte a sustentar la vida de las personas y de la naturaleza.

Más allá del reciclaje y defensa de la vida

Frente a las visiones reduccionistas, el entrevistado ha aclarado que la ecología integral no puede limitarse a meros gestos domésticos. «Si solamente reducimos la ecología a poner el plástico en el contenedor amarillo, nos olvidamos de lo esencial», ha señalado Eduardo Acosta, recordando que la encíclica Laudato si’ establece que la crisis no es doble sino una sola problemática socioambiental, donde talar un bosque de forma indiscriminada equivale a explotar a un trabajador o descartar a los ancianos.

Defender la vida en todas las etapas y cuidar de la creación de manera integral lo percibimos como dos caras de la misma realidad»

Como miembro de la Pontificia Academia para la Vida, Eduardo Acosta ha recalcado que el respeto ambiental y la dignidad humana resultan inseparables al brotar del asombro ante el don divino. «Defender la vida en todas las etapas y cuidar de la creación de manera integral lo percibimos como dos caras de la misma realidad», ha argumentado, tras censurar las posturas que protegen a especies en peligro de extinción pero justifican el aborto o la eutanasia dentro de la cultura del descarte.

La realidad pastoral en la Iglesia española

Al trazar una radiografía sobre la situación en España, Eduardo Acosta ha valorado los avances cosechados en los últimos tres o cuatro años gracias al impulso de comunidades energéticas, la instalación de paneles solares en parroquias y la proliferación de los círculos Laudato Si’. No obstante, ha reconocido que la Iglesia se encuentra en una fase de transición en la que aún existen sectores que perciben esta labor como una moda pasajera.

Para consolidar esta pastoral de manera transversal, al igual que sucede con Cáritas, Eduardo Acosta ha propuesto tres ejes clave: reforzar la formación en la catequesis y los seminarios; potenciar la liturgia mediante herramientas como la misa por el cuidado de la creación otorgada por el Papa León; y garantizar la coherencia institucional en la gestión de los edificios y las inversiones económicas parroquiales.

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