Ni en Santander, ni en Madrid, ni en Vitoria. La primera victoria de la era Iñigo Pérez se hace de rogar y tendrá que esperar a La Cerámica. El Villarreal CF tuvo sus momentos en Mendizorroza, mandó durante fases del encuentro y generó lo suficiente como para, al menos, puntuar, pero pagó su falta de acierto y alguna desatención defensiva demasiado cara. Cuando quiso reaccionar, se estrelló una y otra vez contra el muro albiazul. El Alavés golpeó cuando tuvo la ocasión y supo llevar después el partido exactamente al terreno que más le convenía. El final dejó frustración y muchísima impotencia.
Iñigo Pérez movió dos piezas respecto a los idénticos onces del Sardinero y el Metropolitano. Al campo, el talento de Gerard Moreno y la velocidad de Buchanan por la izquierda, dejando a Ayoze y Moleiro en el banquillo. Cambiaron los nombres, no la idea. Este equipo quiere ser más presionante, dominante y agresivo con balón. Aunque todo proceso necesita tiempo, como el tenista que modifica la empuñadura para hacer más daño con el saque.
El partido empezó revoltoso, como un viernes tonto de agosto. Mientras la afición local la tomaba con Tebas, el Alavés mordía y amenazaba. Un venenoso centro-chut de Rebbach, con bote traicionero, rozó el palo. El extremo hacía daño a Mouriño cada vez que encontraba espacio a la contra. Respondió Buchanan por la izquierda antes de que Gerard Moreno mandara al limbo con la derecha una ocasión clarísima. Es lo que tiene ser tan zurdo. Ni él se creía lo que acababa de perdonar.
Los babazarros llevaron el duelo a su terreno. Córner, falta, balón al área, otro córner… y, casi sin darte cuenta, estás metido en una lavadora que no deja de girar. Luiz Júnior tuvo que emplearse a fondo en un buen arreón.
Acercamientos
Entre tanto estrés, Carlos Romero cogía la moto para romper líneas. Es lateral, sí, pero aparece por pasillos interiores o por donde le da la gana, en el buen sentido de la expresión. Pépé también dijo «aquí estoy yo», rompió a Jonny y asistió para Mikautadze, cuyo remate se estampó en Tenaglia. Entre el 20’ y el 30’ llegaron los mejores minutos amarillos, con un control absoluto ante un rival embotellado alrededor de Sivera.
Mika se inventó una jugada a lo Neymar, Buchanan probó una folha seca que Sivera mandó a córner y Gerard volvió a rozar el gol con un latigazo. Había bolas de break, pero faltaba romper el saque.
El gol
Y entonces llegó el castigo. Los de Quique aguantaron el chaparrón y encontraron el premio en el 31. Ángel Pérez recibió en banda derecha, se bebió un café, levantó la cabeza y puso el balón al área ante la pasividad defensiva . Demasiado tiempo para pensar. Boyé, completamente solo, fusiló a Luiz Júnior. El 1-0 trastocó a los de Iñigo, algo frustrados y sufriendo especialmente por la banda de Carlos Romero. Antes del descanso, eso sí, Gerard volvió a tener el empate en sus botas. La diferencia estaba en las áreas: uno perdonaba y el otro castigaba.
Alavés – Villarreal. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Frustración tras el descanso
No hacía falta demasiada imaginación para intuir lo que iba a suceder en la segunda parte. El Alavés se atrincheró y trató de desquiciar a un Villarreal que seguía buscando la combinación correcta para resolver el sudoku del gol.
A Iñigo no le quedó otra que mover ficha y asumir riesgos. Y vaya si lo hizo. Triple cambio de una tacada: Moleiro, Ayoze y Freeman entraron por Mouriño, Comesaña y Buchanan. Gueye se quedó como único pivote y Gerard retrasó unos metros su posición para dar más vuelo al ataque.
Ayoze tuvo el empate en el 65, en una acción embarullada dentro del área, pero Sivera se hizo enorme y cerró la puerta con un público que empujaba cada segundo.
Ilias y Oluwaseyi entraron en la recta final en busca de un empate que ya parecía imposible. Foyth, en una acción rocambolesca, no marcó porque Dios no quiso. El balón se topó con el palo hasta en tres ocasiones y el Villarreal murió desquiciado en área rival. Cuando no es el día, no es el día. Momento para reflexionar y mejorar.
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