Luces, brillos, fuego, altavoces, micrófonos… todo esto son algunas de las cosas que hacen vibrar al público durante las actuaciones de las orquestas en las verbenas. En esta ocasión, la encargada de abrir la noche de los fuegos de Avilés fue la orquesta París de Noia, que arrastra un gran número de fans a cada una de sus actuaciones por las diferentes provincias que visita a lo largo del verano. A pesar de idolatrar su profesión, todo lo que ese público no ve es una serie de sacrificios y trabajo duro para así alcanzar la perfección cada noche sobre el escenario.
«Venimos de hacer muchos kilómetros bastante duros; intentamos nunca perder la felicidad, porque al fin y al cabo esto es lo que nos gusta», relata Alba Navarro Hernández, cantante de La París, mientras coloca sus vestidos en una esquina del escenario para preparar los cambios de vestuario que realizará a lo largo del show. Navarro Hernández lleva ya tres temporadas sobre los escenarios de la orquesta gallega, ya que firmó con ellos tras darse de baja en su anterior orquesta, la «Olympus». A pesar de llevar media vida sobre los escenarios, la vocalista compagina su vida delante de los focos con su faceta de empresaria: «Tengo un negocio de uñas en Bertamiráns, en Santiago de Compostela, ese es mi día a día. He dejado a mi mamá para que se ocupara del negocio durante estos meses que no estoy».
A su lado, entonando canciones desde «Me emborracharé» de Ráfaga hasta «Noche de Copas» de Nueva Línea, se encuentra Yannis López, quien ya va por su cuarta temporada junto a la banda gallega. «Ha sido durísimo, pero al final lo que hacemos es fiesta, queremos que la gente lo pase genial, nos encanta que recibes energía del público y estamos siempre a tope en el escenario», agrega el vocalista; asimismo, destaca que: «No quiero decir que no es cansado, porque lo es. Mucha gente dice «¿Cómo hacéis?». Nada, estamos ahí, recibimos la energía del público y cuando escuchamos el «un, dos, tres» y el telón va subiendo, ya cambiamos el chip y todo genial«.
Por otro lado, no duda en recalcar el desgaste que «los meses más fuertes» dejan en ellos, «trabajamos casi que todos los días». En enero o febrero son mucho más suaves, trabajamos fines de semana, fiestas más pequeñas. Pero al llegar a agosto, para las orquestas a nivel nacional, es una locura«. Asimismo, destaca los trucos que le ayudan a mantenerse en pie día a día: «Lleva mucha preparación de verdad, a nivel vocal es una exigencia muy dura, hay días que no estás tan bien de energía y tienes que llegar al camerino y calentar un poco la voz para poder llegar a ese nivel. Intentamos prepararnos con energía en el escenario, con los compañeros, ya que hay muchísimo apoyo entre nosotros, nos dormimos en todos lados«.
La mayoría llevan años sobre un escenario, pero ese no es el caso del italiano Mattia Vladi. El joven dejó su vida en Florencia como panadero para dedicarse a su pasión, el baile, por lo que puso su vida en una maleta y aterrizó en Galicia, donde gracias a un concurso de baile de la televisión gallega recibió la llamada de la orquesta. «La vida en Italia está muy mal, por eso decidí irme», agrega Vladi mientras calienta para afrontar el trabajo. «Hay que ser conscientes del duro esfuerzo físico; tienes que cuidar tu cuerpo, alimentación y sobre todo el descanso«, como bien destaca el italiano, quien siente que cuando llegó «España, literalmente le abrazó muy, muy fuerte».
No todo es como lo vemos; pintamos la vida sobre los escenarios como algo idílico y una fuente de ingresos sencilla, pero no lo es. La vida de los cantantes y bailarines se basa en un vaivén de viajes, ensayos y pruebas donde se alejan del hogar y sus seres queridos para darlo todo durante dos horas sobre el escenario
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