Tras dos años de producción récord y precios históricos, el sector del café en Colombia se enfrenta este 2026 a lo que los expertos ya han definido como una «tormenta perfecta» de factores adversos. Con el cambio climático como protagonista y con el terremoto del pasado 10 de agosto como la gota que ha colmado el vaso, las previsiones de los caficultores para este año hablan de una producción que será de unos 12,5 millones de sacos, lo que supone una disminución del 8% al 9% respecto a los 13,7 millones producidos en 2025. La mala cosecha colombiana, tercer productor mundial por detrás de Brasil y Vietnam, y principal exportador de la variedad arábica, preocupa en los mercados internacionales del café, un producto cuya demanda mundial crece a un ritmo anual estimado entre el 2,2% y el 2,4% a escala global, impulsada principalmente por el dinamismo en mercados emergentes como China y Oriente Medio. Inquieta no solo en términos de cantidad, sino también de calidad, ya que el colombiano es uno de los granos más apreciados.
El sismo de magnitud 7,4 de hace unos días, que sacudió la región conocida como el Eje Cafetero, no afectó directamente ni a las fincas de cultivo ni a la producción, pero sí dañó infraestructuras que son claves para poder enviar a la exportación los aproximadamente cuatro millones de sacos que se producen en esta zona. Carreteras, puentes y vías de ferrocarril que conectan con el puerto de Buenaventura, que mueve más del 60% de las exportaciones de café colombiano, han estado cerradas durante un par de semanas tras el terremoto, si bien la circulación está ya hoy restablecida y el producto sale finalmente con normalidad.
La Federación Nacional de Cafeteros (Fedecafé) ha informado asimismo de que son 8.070 familias dedicadas a este cultivo han sufrido daños totales o parciales en las instalaciones en las que procesan el grano, según ha explicado el gerente de la entidad, Germán Bahamón, a medios locales.
La mayor amenaza para la cosecha de este año es, con todo, el fenómeno climático de El Niño, que, según modelos con los que trabajan los meteorólogos, va a producir sequías y altas temperaturas, que podrían comprometer la floración de las plantas cafeteras y el rendimiento de las cosechas futuras. El peor impacto se prevé para el cuarto trimestre de este año, cuando existe una probabilidad superior al 90% de un Niño de fuerte intensidad, lo que compromete los rendimientos de 2027. Eso se sumará, además, al esfuerzo fisiológico que ya realizaron los cafetales con las cosechas de 2024 y 2025, que fueron de récord pero que les han sumido ahora en una fase de agotamiento natural.
Toda esta crisis afecta directamente a 550.000 familias y pone en riesgo el dinamismo económico de más de 600 municipios donde el café es el principal motor del comercio y los servicios. Y por si fuera poco, los agricultores y las empresas que se dedican a este cultivo llevan ya meses ingresando menos (en global se estima que son unos 700.000 dólares menos por cada carga de 125 kilos en comparación con el periodo anterior), debido a la apreciación del peso colombiano y a la caída de los precios internacionales.
El impacto económico
La caída de producción se ha traducido hasta el momento en una reducción del volumen de exportaciones de hasta el 18,5% hasta junio, lo que trasladado en términos de valor supone una bajada del 9,7%. Y si la situación ya es de por sí complicada, el fortalecimiento del peso colombiano, que se ha revalorizado en un 16,5% en lo que va del año, ha reducido la cantidad de moneda local que el exportador recibe por cada dólar. En este contexto, al precio de la urea, una sustancia vital para la nutrición del cultivo, ha registrado un incremento del 41% y ha provocado un estrangulamiento de márgenes. Para el productor promedio, la rentabilidad ha caído a niveles de subsistencia, elevando la vulnerabilidad ante choques externos imprevistos, según distintas fuentes.
Al sector también le preocupa que, tras la destrucción de las instalaciones de procesamiento del grano (los allí llamados beneficiaderos), como consecuencia del terremoto, se hayan puesto en marcha de planes de contingencia como la compra de café en cereza (el fruto sin procesar). «Si bien esto provee liquidez inmediata al productor, representa una amenaza estratégica para la identidad del ‘washed arabica’ colombiano, al poner en riesgo la uniformidad y los estándares de lavado que sostienen la prima de calidad internacional», lamentan las mismas fuentes.
Un agricultor cuela granos de café en una hacienda en el estado brasileño de Minas Gerais. / Fernando Bizerra / EFE
Los compradores internacionales están pendientes, mientras tanto, de que Brasil, el mayor productor y exportador mundial de café, confirme sus previsiones de cosecha y ayude a no desestabilizar los precios en demasía. A diferencia de lo que ocurre en Colombia, donde se han juntado tantos factores adversos, los agricultores brasileños estiman que este 2026 recogerán 66,7 millones de sacos de grano de café, una producción un 18% superior a la de 2025, según la nueva proyección divulgada por la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab). De confirmarse la previsión, Brasil superará en 2026 el récord histórico alcanzado en 2020, cuando cosechó 63,1 millones de sacos de café. Según la entidad, vinculada al Ministerio de Agricultura, el aumento del área cultivada hasta los 1,94 millones de hectáreas contribuirá, junto a unas buenas condiciones climáticas, al aumento.
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