La vuelta al coleno solo trae mochilas nuevas, horarios, uniformes, reuniones y madrugones. Para muchas familias separadas, septiembre también abre una carpeta de gastos que puede acabar en discusión: libros de texto, material escolar, agenda, cuadernos, uniforme, comedor, actividades, transporte o cuotas del centro. Lo que para unos padres es una compra inevitable, para otros puede convertirse en una fuente de conflicto si no está claro quién debe pagar cada cosa.
El problema aparece porque alguien tiene que comprarlo. El niño empieza el colegio, la lista de libros llega con fecha límite y no siempre hay tiempo ni ganas de negociar cada gasto. Muchas veces uno de los progenitores adelanta el dinero, guarda el ticket y se lo envía al otro esperando que pague su parte. Pero esa solución, aparentemente lógica, no siempre funciona. Si no hay acuerdo previo o el convenio no lo deja claro, la respuesta puede ser la frase que más enciende el conflicto: “Yo no he autorizado nada”.
Comprar los libros del cole
La abogada de familia Aída Casanova advierte precisamente de ese error. Comprar los libros del colegio y mandar después el ticket al otro progenitor no garantiza que vaya a pagar su parte. Lo primero, explica, es mirar qué dice el convenio regulador o la sentencia. Ahí suele estar la clave: dependiendo del régimen de custodia y de lo que se haya pactado, los libros y el material escolar pueden considerarse incluidos en la pensión de alimentos como gasto ordinario o pueden haberse tratado expresamente como un gasto a repartir entre ambos.
La diferencia es importante. El Código Civil establece que los alimentos comprenden también la educación e instrucción del hijo mientras sea menor de edad y aun después si no ha terminado su formación por causa que no le sea imputable. En la práctica, muchos gastos previsibles del curso escolar se consideran ordinarios porque se repiten cada año y pueden calcularse con antelación. Si hay una custodia atribuida a uno de los progenitores y una pensión de alimentos, y el convenio no dice nada específico, Aída Casanova recuerda que estos gastos pueden entenderse incluidos en esa pensión.
Divorcio
Por eso, si una pareja está empezando a separarse y está calculando cuánto cuesta mantener a su hijo cada mes, la abogada recomienda incluir estos gastos prorrateados. Es decir, no esperar a septiembre como si los libros fueran una sorpresa, sino repartir su coste anual entre los doce meses para que la pensión refleje mejor la realidad. Libros, material escolar, uniformes o gastos previsibles de inicio de curso pueden tener un peso importante en la economía familiar. Si no se tienen en cuenta al fijar la pensión, después llegan las sorpresas y las discusiones.
Custodia compartida
Otra cosa distinta ocurre si hay custodia compartida o si el convenio establece expresamente que los libros y determinados gastos escolares se pagan entre los dos, como si fueran extraordinarios o aparte de la pensión. En ese caso, Aída Casanova recomienda no comprar primero y reclamar después, sino comunicar el gasto antes de hacerlo. Lo ideal es enviar un mensaje por escrito indicando el concepto, el importe aproximado y una fecha límite para responder.
Si el otro progenitor responde aceptando, ya existe un acuerdo por escrito. Si no contesta y el gasto es necesario porque el menor necesita los libros para empezar el curso, Casanova señala que comprar igualmente puede ser razonable, pero la diferencia estará en la prueba. No es lo mismo llegar al juzgado solo con un ticket ya pagado que hacerlo con un mensaje previo, una lista del colegio, el importe aproximado y una solicitud de respuesta. En una reclamación posterior, esa constancia puede ayudar a demostrar que el gasto era necesario, que se informó antes y que el otro progenitor tuvo oportunidad de pronunciarse.
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