Los expertos han demostrado que las defensas de seguridad más potentes de Windows 11 pueden ser desmanteladas por un atacante que nunca toque el ordenador de destino, según un estudio presentado en el Simposio de Seguridad USENIX 2026.
Una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Birmingham y la Universidad de Durham, en el Reino Unido, ha puesto en cuestión una de las principales garantías de seguridad de Windows 11: la posibilidad de mantener aislado el núcleo protegido del sistema incluso frente a un atacante con privilegios de administrador. Los investigadores han demostrado que, en determinados equipos, un atacante puede romper esas defensas utilizando únicamente software y sin necesidad de acceder físicamente al ordenador.
El problema de la memoria
El ataque aprovecha una característica de determinados módulos de memoria RAM de consumo: el chip que almacena la información de configuración de la memoria puede carecer de protección contra escritura. Esa información indica al ordenador, entre otros datos, cuánta memoria tiene instalada.
Al modificar esa configuración desde el propio sistema, los investigadores consiguieron que el equipo creyera que disponía de aproximadamente el doble de memoria de la real. Esto genera direcciones de memoria adicionales que funcionan como alias de las posiciones físicas existentes. El resultado indica que el atacante puede alcanzar zonas de memoria que Windows y el procesador consideran protegidas y que deberían quedar fuera de su alcance.
Mecanismos de seguridad inutilizados
La consecuencia es que mecanismos diseñados para aislar las partes más sensibles de Windows pueden quedar inutilizados. El estudio demuestra que esta técnica permite leer y modificar memoria de forma arbitraria, incluso aquella que Windows considera inaccesible para el sistema operativo. Según los investigadores, esto afecta directamente a dos tecnologías fundamentales para impedir que un atacante con privilegios elevados pueda comprometer el núcleo protegido.
Las pruebas realizadas fueron más allá de una demostración teórica. El equipo consiguió utilizar el acceso a memoria para reactivar controladores vulnerables que habían sido bloqueados, desactivar soluciones antivirus y sistemas EDR, acceder a procesos protegidos por VBS y saltarse mecanismos de gestión corporativa destinados a mantener los equipos bloqueados frente a modificaciones no autorizadas.
Demuestran que se puede vulnerar Windows 11 sin tocar el ordenador. / Crédito: Pixabay/CC0 Public Domain.
Una amenaza con potencia de automatización
Uno de los aspectos más preocupantes es que los investigadores automatizaron el proceso. Crearon un script capaz de encadenar distintas fases del ataque, incluida la modificación de la memoria, el reinicio del equipo y la desactivación del antivirus, sin intervención del usuario. De acuerdo a una nota de prensa, esto abre la puerta a que una técnica que antes habría requerido acceso físico pueda plantearse mediante software y potencialmente escalar a campañas automatizadas.
El problema no afecta necesariamente a todos los ordenadores con Windows 11. Los investigadores analizaron módulos DDR4 y DDR5 de consumo y encontraron productos de Corsair, G.Skill y ADATA con chips de configuración completamente desprotegidos frente a escritura. Según el estudio, estas marcas representan conjuntamente una parte significativa del mercado de memoria de alto rendimiento y del segmento gaming.
Referencia
Download More RAM: Dismantling Windows Operating System Defences with Mischievous Memory. Sam Collins et al. USENIX Security (2026).
Windows reconoce el problema
Microsoft ya ha reconocido el problema, identificado como CVE-2026-23670, y publicó mitigaciones en sus actualizaciones de seguridad de abril de 2026. La protección más relevante, según los investigadores, es tener activado Secure Boot: los equipos con esta función habilitada están protegidos frente a la versión actual del ataque, mientras que los sistemas que no la utilizan siguen siendo vulnerables.
La investigación también pone el foco en una cuestión más profunda: la seguridad de un sistema operativo depende de la fiabilidad de las capas inferiores sobre las que se construye. Windows puede imponer estrictos controles de acceso y aislamiento, pero si un componente de hardware puede ser manipulado para alterar la representación que el sistema tiene de la memoria, esas garantías dejan de ser suficientes.














