Otro día en el manicomio. Esta vez, con sonrisa. Felices. Y al parón de selecciones con la positividad del que por fin encuentra el camino hacia la victoria, aunque sea más por alma que por estilo. Cuando menos se esperaba, el Elche se quitó la camisa de fuerza, en otro día de locos. Jugando con diez desde el minuto 5 por la torpeza de Redondo. Metiendo tres goles. Perdiendo a Sangare por lesión. Con Chust luciendo vendaje en su cabeza… y metiéndose un gol en propia meta. Y con una exhibición de varios hombres. No fueron niños sino un equipo.
Así ganó el Elche su primer partido de la temporada. Con todo cuesta arriba, camino del matadero. Con diez, cosas del fútbol, los franjiverdes encontraron el orden defensivo y la capacidad de hacer daño en ataque que tanto les había costado descubrir en la mayoría de sus seis partidos anteriores. Mención especial al día de Morcillo, como central y como mediocentro. A las carreras de Germán Valera. A la zurda de Revivo. Y al acierto de Fer Niño.
Hay veces que en la vida tienes que tocar fondo, respirar y entonces demostrar si tienes capacidad de levantarte o no. De resucitar, si nos queremos poner metafísicos. Ese momento lo vivió el Elche a los cinco minutos de su partido en el RCDE Stadium, cuando González Esteban acudió al VAR a ver lo que sorprendentemente no observó en directo: la torpeza de Redondo en un pase a Dituro y su agarrón a Bryan Zaragoza.
Temor tras la expulsión
Todo el mundo se temió lo peor. Un partido entero en inferioridad numérica, con los precedentes de este Elche, eran poco menos que una invitación a goleada antes del parón de selecciones. Y entonces, contra cualquier atisbo de lógica, Martín Anselmi ordenó a su equipo. Mantuvo a Morcillo, aparente decisión momentánea, como central. Juntó líneas y buscó en largo a Fer Niño. Tras asentarse en el terreno de juego, lo encontró.
El ariete no perdonó una falta de entendimiento y acierto de Dmitrovic y Núñez, tras un buen pase largo de Revivo. Les birló la pelota a ambos y anotó a puerta vacía. La sorpresa se multiplicó por dos en otra conexión entre Revivo y Niño, apenas cinco minutos después. La defensa local le dio espacio a la conducción del israelí, este levantó la cabeza, no se obcecó en terminar jugada, vio a su delantero y le plantó un centro medido para que este lo alojara, golpeando de primeras, en la portería del Espanyol.
A partir de ahí tocaba resistencia. Y jugar con los nervios de un Espanyol que era incapaz de generar ocasiones claras, al menos en posición legal, a un Elche con diez. Lemar dio aire al equipo cada vez que pudo, Germán Valera puso las alas y Rubén Sánchez tuvo que suplir a un exigido Sangare, al que le tocó bailar con Bryan Zaragoza, muy activo. El único que inquietó en el primer tiempo a Dituro, con un disparo venenoso que el argentino atajó bien abajo.
Resistencia franjiverde
Al volver de vestuarios, Manolo González lo dejó claro. No escondió sus cartas. Doble punta y balones al área. A poner nervioso al equipo más goleado de España. Sin embargo, se encontró con el temple que le dio Morcillo a una posición defensiva en la que era neófito. Pareció la mezcla de Maldini, Puyol y Affengruber. Un titán insuperable, que pudo redondear su noche con un golazo en el último suspiro. Un trallazo que repelió Dmitrovic. Pero antes pasaron cosas…
Espanyol – Elche. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Pasó que el Elche pudo sentenciar en un remate de Cepeda al palo tras galopada de Germán Valera. Pasó que Dituro cogió confianza con un paradón a cabezazo de Marcos y la intercepción de un centro que Roberto iba a convertir en gol. Y pasó que Víctor Chust, en una acción que a todos nos hizo pensar que la crueldad iba camino de volver a cebarse con los ilicitanos, al meterse el 1-2 en uno de los numerosos centros laterales que metió el Espanyol al área, en busca de la remontada.
Sin embargo, no era día para llorar. La zaga franjiverde no se hundió. Anselmi la reforzó con los centímetros de Barzic (algo de más tardó en hacerlo). Y Germán Valera siguió corriendo. Lo hizo hasta que se plantó solo ante Dmitrovic y definió con la sutileza de un orfebre. Esperó a que el corpulento meta fuera al suelo y se la picó. La camisa de fuerza, a la percha. Toca disfrutar de la primera victoria durante estas dos semanas de parón. Toca aferrarse en el alma que transmite este Elche. Y toca, más que nunca, ponerle un diez al equipo.
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