Siempre se ha dicho que el consumo de psicodélicos convierte el cerebro en un escenario de puro caos. En el imaginario de los años sesenta, compuestos psicoactivos como las llamadas setas mágicas eran capaces de transformar la mente en un lugar impredecible y desordenado, donde las fronteras entre pensamientos, sensaciones y percepciones se difuminaban. ¿Pero es eso realmente lo que ocurre en el cerebro al ingerir estas sustancias? El mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta cuestión afirma que no. Es más. Según revela un trabajo publicado este miércoles en la revista ‘Nature’, compuestos como la psilocibina son capaces de hacer que regiones cerebrales que normalmente funcionan de manera separada se vuelvan más conectadas y, al mismo tiempo, de reorganizar los patrones de actividad del cerebro.
El trabajo, liderado por Universidad de Monash en Australia, se ha centrado en analizar mediante técnicas de neuroimagen la actividad cerebral de 62 adultos sanos bajo el efecto de psilocibina. Algunos fueron estudiados mientras descansaban, otros durante la meditación y otros aún mientras escuchaban música o veían una película. La idea era comprobar si el cerebro respondía de la misma manera independientemente de lo que estuviera haciendo la persona. Y la respuesta, según constata el estudio, fue que no. El trabajo, de hecho, constata que la sustancia no actúa de la misma forma en todos los cerebros sino que depende del contexto y de la actividad realizada por cada persona.
El estudio analizó la actividad cerebral de 62 adultos sanos bajo psilocibina, evidenciando que la sustancia no actúa igual en todos los cerebros sino según el contexto
Una de las características más llamativas observadas durante la experiencia psicodélica fue una reducción de la separación habitual entre distintas redes cerebrales. Dicho otra forma. El estudio mostró que al ingerir estas sustancias algunos sistemas que normalmente mantienen una cierta especialización y funcionan de manera diferenciada pasan a estar más interconectados. Pero a diferencia de otros estudios, en los que se señalaba este fenómeno como una especie de «caos mental», el trabajo demostró que la actividad cerebral no se convertía simplemente en ruido sino que «las redes se reorganizaban en patrones que guardaban relación con la experiencia de cada participante». Según afirman los expertos, la psilocibina parece reducir la arquitectura cerebral habitual pero al mismo tiempo permite que aparezca una organización diferente.
Efectos del consumo
El estudio también encontró una relación entre la reorganización cerebral y la forma en que los participantes describieron sus experiencias. Las personas que mostraron una reorganización más intensa tendieron a informar de experiencias psicodélicas más positivas y de una menor sensación de estar separadas del mundo que las rodeaba.
También se vio que quienes presentaron una reorganización cerebral más marcada fueron también quienes experimentaron mayores cambios psicológicos positivos al día siguiente. Los científicos afirman que esto no demuestra que la reorganización cerebral sea la causa directa de esos beneficios pero sí apunta a una relación. Y más importante. Proporciona una pista sobre uno de los grandes interrogantes de estos estudios como es entender qué mecanismos cerebrales pueden estar detrás de los cambios psicológicos que algunas personas experimentan después de tomar estas sustancias.
Los participantes con mayor reorganización cerebral informaron de experiencias más positivas y mayores cambios psicológicos
La investigación llega además en un momento de creciente interés por el potencial terapéutico de estas sustancias. Australia fue el primer país en permitir el uso regulado de psilocibina para determinados casos de depresión resistente al tratamiento y de MDMA para el trastorno de estrés postraumático, dentro de un marco clínico específico.
Otros países están explorando vías similares. En España, el único psicodélico autorizado es la esketamina para la depresión resistente a tratamientos y, a parte, se está estudiando el uso de compuestos como la psilocibina. Los expertos afirman que el uso de psicodélicos en un contexto médico podría dar beneficios para algunos pacientes pero que en ningún caso sustituyen al tratamiento médico convencional ni se deberían usar sin la supervisión de especialistas.
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