Este viernes por la mañana, las noticias que llegaban desde el Puesto de Mando Avanzado (PMA) del incendio de la Serra Calderona eran relativamente esperanzadoras. 130 hectáreas quemadas pero una “estrategia” para confinar las llamas al terreno más acotado posible. Pero el cambio de vientos y temperaturas de las horas centrales del día hizo estragos: esa misma noche, la superficie quemada se había multiplicado por cinco. Una evolución que no solo explican las condiciones meteorológicas de estos días, sino también fenómenos a medio y largo plazo: un déficit de lluvia en la zona, en la que apenas ha llovido en cien días, y mucha disponibilidad de vegetación como pasto de las llamas.
Así lo detallan desde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Su portavoz, José Ángel Núñez, explica que, en términos generales, los componentes principales que controlan el comportamiento de un incendio son la meteorología, la topografía y los combustibles. “La topografía es un factor fijo y ya sabemos que en nuestra zona los incendios más adversos se producen en sierras, con orografía compleja, valles y barrancos angostos y zonas de difícil acceso”, detalla. Exactamente el perfil de la Serra Calderona.
En cuanto al tercero de los componentes, los combustibles, añade que este año la disponibilidad de estos “está siendo un componente muy importante, no solo en los incendios de la Comunitat Valenciana como este de Segorbe, el de Tirig o el la Vall d’Uixó, sino en muchos de los grandes incendios que ha habido en España”.
Pero, ¿qué hay del tercero de estos componentes, la meteorología? En la zona del incendio existe una estación automática en la Masía de la Hoya, en el término municipal de Segorbe, que está a 3 kilómetros al norte del inicio del incendio, y otra que mide lluvia en Gátova, a 1,5 kilómetros al oeste.
Acumulados de lluvia en la zona en los últimos meses / Aemet
Son los dos puntos de referencia, y sus mediciones explican por qué el suelo y la vegetación estaban tan secos. “En los últimos 100 días apenas ha llovido en esas dos estaciones, y las temperaturas han sido de récord, por lo que los suelos están extremadamente secos y la disponibilidad de combustible muy alta”, resume José Ángel Núñez. En concreto, el último día con lluvia “significativa” en la zona fue el 18 de mayo, y tampoco ese día llovió mucho: 5.2 en Segorbe y 6.2 en Gátova. Todo eso hace que el déficit de lluvias desde el 19 de mayo esté próximo al 90 %, o incluso superior.
Pero este verano seco ha ido precedido de un final del invierno húmedo. Por ejemplo, llovió mucho en marzo, con 95.0 acumulado en Gátova y 90.8 en Masía de la Hoya. ¿Por qué es importante ese dato? Porque esas lluvias de marzo favorecieron el crecimiento de la vegetación. Es decir, dejaron mucho combustible, que quedó seco y a merced del fuego fruto de la sequía y el extraordinario y persistente calor de los últimos 100 días en los montes de la Comunitat Valenciana.
Temperaturas de récord
Eso en cuanto a la lluvia. Pero el otro factor en el cóctel es el calor extraordinario. Las temperaturas han sido de récord en la estación de Masía de la Hoya (Segorbe), donde julio fue el mes más cálido de la serie histórica. No solo julio: también junio fue el segundo más cálido, tras junio del pasado 2025 y la primera quincena de agosto ha sido la más cálida. Es decir, una sucesión de temperaturas inéditas en ese área. “Todo esto ha dado lugar a una vegetación muy estresada por la combinación de calor persistente y sequía”, indica el portavoz de Aemet en la Comunitat Valenciana.

Temperaturas medias en la Comunitat Valenciana / Aemet
“Aunque en un incendio forestal la meteorología es importante, en este caso la meteorología en condiciones normales no sería muy desfavorable, pero la extrema sequedad del suelo, la disponibilidad de combustibles y la compleja topografía están siendo determinantes”, matiza Núñez. Además, el calor anómalo también está favoreciendo los comportamientos convectivos de los incendios, que es la situación más adversa para la extinción.
“El cambio climático no enciende la chispa, pero prepara el terreno”
Es decir, que las anomalías derivadas del cambio climático generan un impacto indudable. Lo explica Núñez: “El cambio climático no es el que prende la chispa final que genera el incendio, -en este caso fue un rayo-, pero sí que prepara el terreno para que, en caso de producirse un incendio, este sea más agresivo y de rápida propagación, a veces fuera de la capacidad de extinción”.
Asimismo, los incendios agravados por el cambio climático presentan “comportamientos convectivos que favorecen el rápido avance y la generación de focos secundarios por el lanzamiento de pavesas a cientos de metros”, detalla. E insiste en un mensaje claro: “las condiciones climáticas extremas son nuevas, antes no registradas, como olas de calor persistentes, con temperaturas de récord y sequías prolongadas”.
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