La polémica en torno al ático adquirido por la Comunidad de Madrid en Chamberí ha añadido un nuevo elemento al debate sobre el uso que el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso pretende dar al inmueble. La presidenta ha asegurado que nunca ha solicitado ni necesitado una residencia oficial y que tampoco prevé hacerlo cuando se aproximan las elecciones autonómicas.
Sin embargo, la operación inmobiliaria, su utilización inicialmente anunciada como despacho temporal y el régimen aprobado por el propio Gobierno madrileño para los expresidentes mantienen abiertas varias incógnitas sobre el destino del inmueble.
La Comunidad adquirió el pasado 14 de abril, a través de la empresa pública Planifica Madrid, un ático de unos 485 metros cuadrados en el distrito de Chamberí. El Ejecutivo regional explicó inicialmente que serviría como espacio de trabajo para Ayuso durante las obras de rehabilitación de la Real Casa de Correos.
La operación fue conocida meses después y generó críticas por la ausencia de la adquisición en el portal de transparencia de Planifica Madrid y por no figurar inicialmente en sus presupuestos.
La controversia se intensificó después de que se conociera que el inmueble tiene carácter residencial y que, según informaciones publicadas por El País, ninguno de los pisos del edificio está destinado a oficinas. Posteriormente, la Comunidad decidió poner el ático a la venta por cerca de 6,7 millones de euros, una cantidad superior al importe que, según las informaciones publicadas, había desembolsado inicialmente.
El Estatuto de expresidentes abre otro ángulo
La polémica adquiere una dimensión adicional al ponerla en relación con el Estatuto de expresidentes aprobado por el Ejecutivo madrileño en julio de 2025. La norma reconoce a quienes hayan ocupado la Presidencia durante un mínimo de dos años determinados medios personales y materiales después de abandonar el cargo. El periodo se amplía a cuatro años cuando el mandato haya superado los cuatro años.
El decreto establece que los expresidentes pueden disponer de hasta dos puestos de asesoramiento o apoyo, medios auxiliares y materiales y un vehículo con conductor. También contempla el derecho a utilizar dependencias que la Administración autonómica ponga puntualmente a su disposición para reuniones y actos de naturaleza institucional.
Este último punto es relevante para la controversia, pero exige una precisión: la norma no establece que un expresidente tenga derecho a conservar como residencia personal una vivienda propiedad de la Comunidad de Madrid. Lo que regula es la puesta a disposición de determinados medios y dependencias para actividades vinculadas al ejercicio de funciones representativas o institucionales. Por ello, vincular directamente el ático con una futura residencia de Ayuso sería una inferencia que los datos disponibles no permiten presentar como un hecho.
La propia Comunidad defendió cuando aprobó el Estatuto que se trataba de una regulación destinada a proporcionar seguridad jurídica a los expresidentes y que los medios previstos eran temporales. El decreto fue presentado además como un régimen homologable al existente en el Estado y en otras comunidades autónomas.
Ayuso niega que vaya a utilizar una residencia oficial
En este contexto se produjo la última intervención de la presidenta. Preguntada por la polémica del ático, Ayuso sostuvo que durante sus años al frente de la Comunidad no ha necesitado ni solicitado una residencia oficial y afirmó que tampoco la necesitará ahora, cuando faltan meses para las próximas elecciones autonómicas.
La presidenta defendió que las explicaciones ofrecidas por su Gobierno son suficientes y reprochó a los periodistas que continuasen preguntando por el inmueble. En una comparecencia celebrada en San Martín de Valdeiglesias, centrada inicialmente en la reconstrucción tras los incendios, volvió además a desplazar parte de su discurso hacia la situación de Ceuta y hacia la actuación del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
El episodio no es aislado. Durante las últimas semanas, Ayuso ha respondido en distintas comparecencias a las preguntas sobre el ático cuestionando el enfoque de los medios y reclamando que la atención pública se concentre en otros asuntos. La estrategia comunicativa ha contribuido a mantener la operación en el centro del debate político madrileño.
Una compra que nació con una explicación concreta
El argumento oficial inicial situaba el inmueble dentro de las necesidades logísticas derivadas de las obras de la sede de la Presidencia madrileña. El Gobierno regional explicó que Ayuso necesitaría un lugar desde el que trabajar y mantener reuniones mientras se ejecutaban los trabajos en la Real Casa de Correos.
Sin embargo, la propia Comunidad introdujo posteriormente matices sobre ese destino. El equipo de Ayuso llegó a señalar que no estaba decidido al cien por cien que el ático fuese finalmente utilizado como despacho presidencial, pese a que esa había sido la explicación ofrecida tras conocerse la compra.
El desenlace ha sido la puesta en venta del inmueble. El Gobierno madrileño fijó un precio de salida de 6,69 millones de euros, sin impuestos, dentro de una operación que también incluyó otros inmuebles de titularidad autonómica.
La sucesión de decisiones —compra, controversia sobre su finalidad y posterior venta— ha dejado en segundo plano la pregunta que acompañó desde el principio a la operación: por qué se adquirió como una solución temporal un inmueble residencial de alto valor en lugar de recurrir a una alternativa de carácter provisional.
Un inmueble que terminó a la venta
La venta del ático constituye, por ahora, el principal cambio en la trayectoria de la operación. La Comunidad ha argumentado que la enajenación forma parte de una estrategia para obtener recursos destinados a la reconstrucción de zonas afectadas por los incendios. El inmueble salió al mercado por aproximadamente 6,7 millones de euros.
La decisión de venderlo, además, llegó después de que el inmueble hubiese sido presentado como una solución para garantizar temporalmente la actividad presidencial durante las obras de la sede de Sol. Esa evolución ha alimentado las dudas políticas sobre la planificación de la compra y sobre la justificación de adquirir un activo inmobiliario de estas características para una necesidad limitada en el tiempo.
El País ha señalado también que la compra no estaba contemplada inicialmente en el presupuesto de Planifica Madrid ni constaba en la información de transparencia de la empresa, mientras que la compañía pública gestiona habitualmente edificios y espacios destinados a oficinas de la Administración autonómica.
La cuestión que permanece abierta
Con los datos disponibles, hay elementos que pueden acreditarse y otros que siguen perteneciendo al terreno de las hipótesis. Está documentada la compra del inmueble por Planifica Madrid, su posterior presentación como posible oficina temporal, la polémica suscitada por sus características y su posterior puesta a la venta. También está acreditada la existencia desde 2025 de un Estatuto que concede a los expresidentes madrileños determinados medios personales y materiales durante un periodo limitado.
Lo que no está acreditado es que el ático hubiese sido adquirido con la finalidad de convertirse en la futura residencia personal de Ayuso una vez abandonase la Presidencia. La propia presidenta lo niega y la normativa de expresidentes no establece ese derecho de forma expresa.
Ahí reside precisamente la principal controversia política: no tanto en afirmar un destino futuro que no está probado, sino en determinar qué necesidad concreta justificó una compra de estas características, cómo se decidió la operación, por qué se presentó inicialmente como un espacio de trabajo temporal y por qué terminó siendo puesta a la venta pocos meses después.
Mientras Ayuso insiste en que no necesita una residencia oficial, la operación continúa generando preguntas sobre la gestión patrimonial de la Comunidad y sobre el proceso que condujo a la adquisición de un inmueble que el propio Gobierno regional ha terminado sacando al mercado. La respuesta definitiva dependerá de la documentación administrativa de la operación y de las explicaciones que la Administración madrileña ofrezca sobre cada una de sus fases.
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