Un reciente artículo de opinión ha servido para interpelar sobre la importancia del arraigo en la sociedad actual. El texto, escrito por Beatriz Becerra y publicado en El Confidencial bajo el título «permanecer cuando sería tan fácil irse«, señala que las personas están perdiendo la capacidad de permanecer y de quedarse en los sitios.
Según se extrae del artículo, cada vez que una persona nos confronta o nos sentimos a disgusto en un lugar, la tendencia ya no es intentar resolver la circunstancia. Por el contrario, la reacción más común es marcharse. «Hemos perdido la capacidad de permanecer vinculados y deambulamos buscando espacios de confort«, apunta la reflexión sobre el texto de Becerra.
Retrato de un joven frustrado sentado en un sofá con las manos en la cabeza.
Una sociedad de ‘jiróvagos’

Filosofía de bolsillo en La Linterna
Esta idea ha llevado a una reflexión más profunda que prueba cómo, de algún modo, la sociedad se ha convertido en una «especie de jiróvagos«. Este término se usa como metáfora para describir a una sociedad de «vagabundos, incapaces de quedarnos en las instituciones o en los grupos o al lado de personas concretas en el momento en el que sentimos una molestia».
Se ha producido una renuncia al arraigo y a las raíces, y esta falta de anclaje provoca que se haya perdido «no solo cierto sentido, sino la posibilidad misma de construirlo«. Esta mentalidad se refleja en la idea generalizada de que «ya no hay cosas para siempre«, donde ni siquiera los tatuajes conservan un arraigo que se perciba como duradero.

Grupo de jóvenes hablando
No es que las cosas no duren, es que somos nosotros quienes no estamos dispuestos a quedarnos»
Frente a esta tendencia, el artículo de Becerra resulta inspirador. La conclusión principal es que el problema no reside en la durabilidad de las cosas o las relaciones, sino en la actitud personal. «No es que las cosas no duren, es que somos nosotros quienes no estamos dispuestos a quedarnos ni siquiera en aquellos lugares que podrían permanecer estables», se concluye.













