Bastaba una placa, unas fotos vestido de Guardia Civil y una promesa difícil de rechazar para convencer a sus víctimas de que podía conseguir viviendas y vehículos a precio ventajoso en subastas judiciales.
Así empezó una historia que se repitió durante casi dos años y que dejó, al menos, tres víctimas y más de 135.000 euros estafados. El hombre se presentaba como agente de la Guardia Civil, reforzaba su relato con símbolos y emblemas del cuerpo y, una vez conseguía el dinero, desaparecía.
La primera denuncia llegó el 29 de agosto de 2024. Una mujer explicó a la Policía Nacional que había mantenido una relación con un hombre que decía pertenecer a la Guardia Civil. Durante ese tiempo, él le aseguró que podía ayudarla a conseguir una vivienda en una subasta judicial.
La operación parecía estar al alcance de su mano, pero para acceder a ella debía entregar 45.000 euros en efectivo. La víctima aceptó y ambos quedaron en un establecimiento. El hombre recibió el dinero, salió del local con la excusa de atender una llamada y no volvió.
Una identidad falsa para ganarse la confianza
No era un engaño improvisado. Según la investigación, el sospechoso llegó a identificarse falsamente como agente de la Guardia Civil en tres ocasiones distintas y utilizaba esa supuesta condición para hacer más creíbles sus ofertas.
Mostraba una placa, símbolos y emblemas de la Guardia Civil, además de fotografías en las que aparecía vestido con el uniforme oficial. Esa puesta en escena le permitía ganarse la confianza de las víctimas antes de ofrecerles supuestas gestiones preferentes en subastas de viviendas y vehículos. Casi un año después de la primera denuncia, el método volvió a repetirse.
El 7 de agosto de 2025, otra persona entregó al investigado más de 43.000 euros, entre efectivo y tres tarjetas regalo de alto valor. De nuevo, la entrega se produjo en un local y, de nuevo, el hombre salió con la excusa de atender una llamada telefónica. Tampoco regresó.
La tercera víctima apareció el 10 de julio de 2026. En este caso, había conocido al sospechoso, al parecer, a través de redes sociales. El hombre volvió a recurrir a su ‘modus operandi’ habitual para acceder a operaciones ventajosas y consiguió que le entregara 47.000 euros en efectivo para la compra de una furgoneta y varias propiedades en subasta.
Pero esta vez el perjuicio no terminó con el dinero. El investigado también se habría apropiado de pertenencias personales y de una maleta que la víctima había dejado en un alojamiento en el que ambos habían estado juntos. Cuando trató de localizar el lugar, descubrió que la dirección era falsa.
Para entonces, las tres denuncias dibujaban un mismo patrón. Un hombre que decía ser guardia civil, mostraba elementos con los que reforzaba esa identidad, prometía oportunidades en subastas judiciales y desaparecía después de recibir el dinero.
El viaje en tren que llevó a su detención
La investigación permitió finalmente a los agentes seguir sus movimientos y averiguar que el sospechoso iba a llegar en tren a Madrid. Con esa información, la Policía Nacional desplegó un dispositivo especial de vigilancia en la estación de Chamartín-Clara Campoamor. En el operativo participaron agentes de los subgrupos de Estafas y Hurtos de Policía Judicial de la comisaría de distrito Centro.
El 10 de agosto, los policías vieron en la estación a un hombre cuyas características físicas coincidían con las del investigado. Lo identificaron y comprobaron que se trataba de la persona a la que buscaban. Su recorrido terminó allí. Fue detenido en ese mismo momento por los delitos de estafa y apropiación indebida.
Entre sus pertenencias, los agentes encontraron una mochila con el emblema tradicional de la Guardia Civil, cuatro teléfonos móviles, seis tarjetas SIM y más de 6.000 euros en efectivo. Tras su arresto, pasó a disposición judicial.
Fuente: El Periódico de España













