No es un lugar cualquiera de la comunidad. Por ese motivo miles de personas observan con preocupación cómo los símbolos del Viello Aragón peligran amenazados por el fuego. La terrible situación de amenaza que se vivió el pasado jueves en el entorno de los monasterios de San Juan de la Peña llenó de miedo a muchas personas que ahora mantienen la sensación cuando las llamas rozan las faldas de la Peña Oroel. Varios centenares de voluntarios se han desplazado a términos como Vinué, Navasa, Barós y Ulle preparan improvisados cortafuegos.
Es en Jaca donde más se vive esta preocupación, donde el monte forma parte del imaginario festivo social y cultural de la ciudad, como muestra el himno que culmina cada Primer Viernes de Mayo y que define a la capital jacetana como una sociedad que vive «a la sombra del monte Oroel», una expresión que sintetiza la estrecha identificación entre la montaña y la población. De ahí que todos los días los voluntarios se reúnan en el aparcamiento de las Escuelas Pías para distribuir las tareas que deben emprender durante la jornada. Con sierras, azadas y tractores parece que poco pueden hacer. Pero no por eso dejarán de intentarlo.
Oroel, con sus leyendas de dragones y tesoros, queda además integrada en un territorio de enorme carga histórica junto a San Juan de la Peña, cuyo monasterio está estrechamente relacionado con los orígenes del Reino de Aragón. De este modo, el macizo no funciona únicamente como telón de fondo de Jaca, sino como parte de un paisaje cultural en el que se superponen caminos, devociones, viejas casas de pastores, nuevos negocios de turismo rural y algunos de los principales hitos históricos del territorio aragonés. «Son los cimientos de Aragón», destacaba en este periódico el historiador Sergio Martínez Gil, fundador del portal Historia de Aragón.
El periodista Urbanos Ansa, que ejerce como voluntario apagando el fuego, es un gran conocedor de la Peña Oroel. / El Periódico de Aragón
La Peña Oroel, con sus 1.769 metros, es una mole rocosa que se observa desde cualquier punto de la ciudad de Jaca. Su cara norte, la que mira a Francia, se ha convertido en el perfil paisajístico más popular de la ciudad. Pero ha sido en la zona sur, en los alrededores de la ermita de la Virgen de la Cueva (que finalmente ha traído lluvias en los últimos días) donde el periodista Urbano Ansa ha estado volcado este lunes en la creación de cortafuegos.
«Aragoneses, vascos, navarros o franceses consideran a la Peña Oroel un enclave idílico al que se le rinde pleitesía, por eso los voluntarios vamos a defenderla con los dientes si hace falta», indica. El área en la que llevan varias jornadas trabajando, tratando de desbrozar los márgenes de la carretera que une localidades como Bernués o Artaso, muy cerca del lugar donde acabó muriendo un miembro de la UME que conducía una motobomba. «Yo soy una persona que reza en las cumbres y estas montañas son parte de la historia de Aragón«, indica.
A su valor cultural se suma el natural, según destaca. Oroel está cubierta por pinares, robledales y otras formaciones vegetales que cambian según la orientación y la altitud, mientras que sus paredes y cortados sirven de refugio a numerosas aves. Los corzos y otros animales están buscando refugio a al desesperada debido a la actividad que se registra estos días. «El que ama la naturaleza y las montañas no tiene que dudar en este tipo de situaciones», indica el periodista de origen navarro. El enclave forma parte 2007 desde del paisaje protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, una figura creada por el Gobierno de Aragón para conservar un entorno especialmente valioso por la combinación de naturaleza, paisaje e historia. Para los residentes de la zona, sin embargo, su importancia va más allá de cualquier categoría de protección: Oroel es la montaña que acompaña a la ciudad, el lugar al que miran para buscar un asidero y una pieza fundamental de la identidad de toda la comarca. Por eso la amenaza de las llamas ha despertado tantas emociones.
Los vecinos ya se movilizaron el pasado verano cuando desde la alcaldía de Jaca se planteó la posibilidad de crear un parque de aventura en la zona más próxima al municipio. En esa ocasión se planteaba crear un espacio de ocio que permitiera la llegada de turistas, algo que se rechazó en una consulta popular. En aquella ocasión se defendió que la zona natural debía permanecer salvaje evitando la intervención humana.
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