Hay que decirlo todo: yo lo encuentro a faltar mucho en las salas de prensa del Mundial de motociclismo. Muchísimo. Y lo encuentro a faltar porque su ‘tarannà’, que decimos los catalanes, su carácter, su personalidad, su manera de ser, de hablar, de dialogar, de compartir, te permite ser más sabio, bueno, saber más de las cosas, de las motos, aprender.
El italiano Carlo Pernat, que lo ha sido todo en esta vida, empezando por periodista, manager de pilotos, descubridor de talentos, de campeones, como Valentino Rossi, ejecutivo del Genova de fútbol, insisto, un montón de cosas, hace tiempo que no se acerca por el Mundial aunque, posiblemente, dentro de unas semanas, le abrazaremos ¿verdad que sí, Carlo?, en Misano (Italia).
De momento, nos seguimos conformando con sus reflexiones, vía teléfono, vía las divertidísimas tertulias en gpone.com, declaraciones a la ‘La Gazzetta dello Sport’ o concediéndote, a través del móvil, un ratito de su, ahora, más pausada existencia y vida.
Pernat sigue conectado al ‘paddock’ de MotoGP, tiene antenas, oídos, ojos y voces en todos los rincones de todos los equipos y boxes. En todos. Lo sabe todo y, por descontado, vale más por lo que silencia que por lo que explica y eso que explica mucho.
“La Ducati realmente óptima era la de 2024”, cuenta cuando descuelga su móvil. “Luego, en 2025, las mejoras no fueron tan efectivas como se esperaba, y Marc (Márquez) las aprovechó al máximo. Consiguió al menos un 30% más de rendimiento; estaba tan motivado, después de todos sus altibajos y sufrimiento, que ocultó lo que no funcionaba. Y, de hecho, ‘Pecco’ (Bagnaia) fracasó, pero todos los que tuvieron la moto de 2025 fracasaron”.
Carlo Pernat saluda a Enea Bastianini, uno de sus pilotos preferidos y protegido, cuando corría en Ducati. / GPONE.COM
“Este año”, sigue reflexionando Pernat, “es más o menos lo mismo, con la diferencia de que Marc está un poco más satisfecho, más lleno, más saciado. No es que no quiera ganar, ni mucho menos. Pero no tiene la misma pasión que el año pasado; no tiene ese 30% extra. O no lo tiene siempre. Y, por descontado, estoy hablando sin saber, a ciencia cierta, si su hombro y brazo derecho están ya al cien por cien, que me temo que no, que no”.
Pernat, repito, lo sabe todo y se acuerda de todo, por eso hizo un libro fantástico de la mano de Massimo Calandri, un auténtico maestro de periodistas en el diario ‘la Repubblica’, bajo el título de ‘Belìn, che paddock’, donde cuenta un montón de historias divertidísimas.
Carlo Pernat, como otros expertos de MotoGP, defiende que la grandeza de Marc Márquez reside en saber exprimir, como nadie, las posibilidades de la moto que ponen en sus manos, incluso cuando es inferior al resto, como ya ocurría cuando pilotaba para Honda.
Y Pernat sigue hablando de Márquez, uno de sus ídolos, por descontado. “Hay que decir que se lesionó y empezó la temporada en malas condiciones físicas. No es el Márquez del año pasado; pilota con más cuidado, comprensiblemente. El año pasado no le importaba nada: solo quería ganar. Se caía, se levantaba y ganaba. Este año, el Mundial solo se reabrió porque Aprilia lo reabrió, porque cuando Márquez estaba a 102 segundos de Marco (Bezzecchi), era difícil imaginar que pudiera reabrirse”. En eso, hasta el nueve veces campeón del mundo coincide con el manager de los managers.
Pernat, como muchos, como (casi) todos, en el ‘paddock’ de MotoGP cree que esto, el Mundial, el título antes de la llegada de las 850cc, es cosa de dos: “Esto es, no le demos más vueltas, Aprilia contra Márquez y/o Márquez contra Aprilia”.
–Y, perdóneme, don Carlo, ¿a quién ve usted campeón este año?
–Al de siempre, a Marc, por descontado. ¿Por qué?, porque se recuperó de estar a -102 puntos de Marco (Bezzecchi) y, sobre todo, por otra razón muy simple: sabe manejar todas y cada una de las situaciones, de los escenarios, de los resortes, de las circunstancias que rodean, no solo las carreras de sábado y domingo, sino todo el fin de semana de gran premio. Cuando sabe que puede ganar, va y gana; cuando entiende que tiene que conformarse con menos, lo hace, acepta su posición y sigue adelante. Y esas cosas, todo eso, lo sabe hacer mucho mejor que Marco (Bezzecchi) y Jorge (Martín), que también son buenísimos.
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