Más de cuatro millones de hectáreas de bosque tropical protegido han sido destruidas por los incendios forestales desde 2001, una superficie equivalente a cerca del 96 % de Extremadura. La investigación, publicada en la revista Global Change Biology, revela además que la destrucción anual dentro de áreas protegidas se ha multiplicado aproximadamente por nueve desde 2016.
El dato geográfico permite dimensionar la magnitud del problema en términos prácticos: cuatro millones de hectáreas equivalen a unos 40.000 kilómetros cuadrados, cuando la comunidad autónoma de Extremadura posee 41.634 kilómetros cuadrados. Es decir, la superficie de bosque tropical protegido destruida por el fuego desde comienzos de siglo representa casi la totalidad de la extensión de Extremadura.
Casi 10.000 espacios protegidos analizados a nivel global
Según una nota de prensa de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, que lideró el estudio, la superficie perdida también equivale al doble del tamaño de Gales. El trabajo es presentado por sus autores como la evaluación global más detallada realizada hasta ahora sobre la pérdida de bosque tropical protegido provocada específicamente por los incendios forestales.
Para elaborar sus estimaciones, los investigadores combinaron datos satelitales sobre incendios con mapas de más de 9.700 espacios protegidos en las regiones tropicales y analizaron la evolución de las pérdidas entre 2001 y 2024.
Una tendencia que preocupa
Los resultados muestran una tendencia preocupante y peligrosa para el equilibrio ambiental y la biodiversidad del planeta. La superficie anual destruida por incendios forestales dentro de áreas protegidas ha sido aproximadamente nueve veces mayor desde 2016 que en los años anteriores.
Además, cerca de un tercio de todas las pérdidas registradas durante los 24 años analizados se concentró únicamente en 2024, una aceleración que apunta a un deterioro cada vez más rápido de la protección que ofrecen estas reservas.
La mayor parte del daño se concentra en América tropical, que acumula alrededor del 89 % de las pérdidas. Brasil destaca de manera abrumadora: el país es responsable en forma independiente de casi dos tercios de la superficie mundial de bosque tropical protegido destruida por incendios durante el periodo estudiado. Bolivia e Indonesia también aparecen entre los territorios con pérdidas importantes.
Los espacios protegidos siguen siendo importantes
El estudio introduce también un matiz a tener en cuenta: los espacios protegidos sí parecen reducir el riesgo de que los bosques ardan frente a zonas similares que carecen de protección. Para comprobarlo, los investigadores compararon parcelas protegidas con otras próximas no protegidas y estadísticamente similares en factores como temperatura, precipitaciones, población y cantidad de bosque circundante.
El efecto protector fue claro en buena parte de los casos. En América, las áreas protegidas presentaron menor probabilidad de sufrir incendios forestales que terrenos comparables en aproximadamente la mitad de las parcelas analizadas. En África, la diferencia fue aún más clara, con una menor incidencia del fuego en alrededor de siete de cada diez parcelas estudiadas.
Quema pantropical de bosque tropical protegido entre 2001 y 2024. / Crédito: Global Change Biology (2026). DOI: 10.1111/gcb.71051
Cambio climático y problemas de control
Sin embargo, esa ventaja no ha impedido que los incendios aumenten al mismo ritmo que en las zonas no protegidas. Según los investigadores, tanto los bosques protegidos como los que están fuera de las reservas han seguido tendencias prácticamente idénticas en la evolución de la actividad del fuego. Esto sugiere que la protección funciona, pero no es suficiente para aislar estos ecosistemas de un escenario global cada vez más favorable a la propagación de los incendios.
La investigación señala al cambio climático como una de las principales amenazas para la eficacia futura de las áreas protegidas. El aumento de las temperaturas y la aparición de condiciones meteorológicas extremas, además de fenómenos como «El Niño», pueden favorecer incendios forestales más frecuentes e intensos y aumentar la vulnerabilidad de bosques que durante décadas se consideraron seguros.
Referencia
Escalating Fire-Driven Forest Loss in Protected Tropical Forests. Christopher G. Bousfield and Oscar Morton. Global Change Biology (2026). DOI:https://doi.org/10.1111/gcb.71051
Podría ser aún más grave
Los científicos también recuerdan que muchos de los incendios tropicales tienen origen humano, relacionados con prácticas de desbroce y transformación del suelo. Frente a esto, sostienen que la conservación debe incorporar la prevención y gestión del fuego como un elemento central, junto con la colaboración con comunidades locales y propietarios.
La magnitud real del problema podría ser incluso superior a la estimada. El estudio utiliza imágenes satelitales de alta resolución, con capacidad para detectar la pérdida de cubierta forestal a escalas de hasta 30 metros, y se centra en incendios capaces de destruir masas forestales. Los autores aclaran que esta metodología puede dejar fuera daños menos intensos que degradan el bosque, aunque sin llegar a destruirlo por completo.
Fuente: Levante – EMV












