La primera vista del monasterio viejo deja una imagen tranquilizadora: está en buen estado y no hay grandes afecciones. La roca que lo cubre le ha protegido de las llamas, que no se lo han llevado por delante y solo han dejado un rastro quemado en la vegetación que lo rodea.
Su interior está vacío desde el pasado jueves, cuando la UME intervino para rescatar las urnas con los restos óseos y otras piezas que se encontraban en su interior. El incendio amenazaba con calcinar la cuna de Aragón que, por ahora, parece haber resistido. De hecho, el cenobio mantiene su aspecto habitual con sus manchas de humedad debidas a su emplazamiento bajo una gruta.
Así ha quedado el monasterio viejo de San Juan de la Peña tras el paso de las llamas / Jaime Galindo
Los trabajos de salvamento del patrimonio fueron especialmente complejos. La intervención en el monasterio viejo se tuvo que realizar en dos tandas porque el calor de las llamas impedía otro tipo de actuación. La primera entrada en el edificio histórico estuvo marcada por la gran cantidad de humo que se estaba generando y con unas indicaciones someras se pusieron a salvo las obras de arte más destacadas.
La segunda entrada fue más sosegada y con la compañía del personal técnico del Gobierno de Aragón. En este momento también se establecieron protecciones para los restos que no se pueden extraer, los propios elementos arquitectónicos de más valor, así como las cavidades de la cueva que tienen gran importancia histórica
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