Una isla como la de Lanzarote es destino perfecto para disfrutar del periodo estival, ya que cuenta con todo lo que uno busca para disfrutar de unas merecidas vacaciones en familia, como fue mi caso. Playas paradisiacas, monumentos históricos y una estética ordenada que hace de esta isla un lugar único, probablemente en el mundo.
Además, Lanzarote tiene algo que siempre invita a regresar, puede ser su paisaje volcánico, la manera en la que sus pueblos se integran en el territorio o esa combinación entre la aridez de la tierra y la presencia constante del Atlántico, pero sea cual sea la razón, lo cierto es que cada visita me permite descubrir algo nuevo.
Este agosto, especialmente caluroso, ha sido el momento perfecto para una cata de diferentes vinos de todas las islas del archipiélago, que me ha servido para entender la diversidad y la complejidad que existe en nuestro territorio vinícola. No quise perder la oportunidad de disfrutar de algunas botellas que representan perfectamente nuestras islas en cada botella.
Una tierra de vinos
Muchas veces me hacen la pregunta de por qué sólo vino canario y para mí la respuesta es sencilla: pocas veces se presenta la oportunidad de reunir, en un periodo tan corto de tiempo, una representación tan amplia de los vinos que se elaboran en Canarias. Aprovechar estos días para probar exclusivamente vinos de las islas me permitió hacer un pequeño viaje sin moverme de la mesa.
La Geria, en Lanzarote / LP / DLP
Por supuesto, también por su identidad. Una identidad que se refleja en cada uno de los sorbos que he podido dar de la selección que hemos hecho este año. Altitud, orientación, vientos alisios, suelos volcánicos y variedades de uva conforman un extraordinario mosaico que hace que Canarias sea uno de los territorios vitivinícolas más singulares de España.
Una cata sin demasiadas reglas
Está claro que cuando hablamos de cata no queremos decir que hayamos sido escrupulosamente técnicos con ella, ya que no la hicimos en una mesa específica, ni con una copa para cada vino, ni siquiera con papel y lápiz. Acompañamos cada botella con alguna comida y comentamos las virtudes y posibles defectos de cada vino de una forma natural, entre amigos.
Y probablemente, ahí es donde estuvo y está, el encanto de este tipo de experiencias. No buscábamos puntuaciones, ni fichas técnicas, ni análisis excesivamente profundos de cada copa, solo disfrutar de cada vino y entender sus particularidades y comprobar las diferencias que existían entre unas elaboraciones y otras.
El vino también debe ser eso, una conversación, gastronomía, amistad y curiosidad. Muchas veces nos preocupamos demasiado por los aromas o la sensación en boca y no nos damos cuenta de que el consumidor de vinos lo único que busca es que esté bueno y pasárselo bien.
Aun así, no pude terminar la cata sin comentar para mí cuáles fueron los más destacados y por qué.
Los vinos que dejaron huella
Elegir los vinos de la cata no fue nada fácil, aunque al final siempre hay alguno de ellos que queda grabado en la memoria. Después de días de comilonas les dejo tres de los vinos que mejor supieron encajar con la comida y que sorprendieron por su acidez, lo largo de su retronasal o lo redondo que estaba.
Como vino blanco, hay que destacar a Cruz del Calvario 2023 de la bodega Bimbache de la isla de El Hierro. Un vino de las variedades locales Verijadiego, Gual, Baboso Blanco, Verdello y Listán Blanco que presentó aromas sobre todo al suelo de la isla y en boca un gran volumen, mucha tensión y una acidez inigualable. Un vino complejo, de guarda y que estoy seguro que dará mucho que hablar.

Bimbache Cruz del Calvario 2023. / LP / DLP
Como vino “no rosado”, nos sorprendió mucho La Floridita 2021 de la bodega Suertes del Marqués en la isla de Tenerife. Un vino de las variedades Listán Negro y Listán Blanco en diferentes porcentajes, que recordaba a rosados de más al norte de España y que presentó aromas a fresas y cerezas y que en boca era refrescante, redondo y muy bien terminado. A pesar de que no es un rosado, a primera vista y sensación lo catalogamos como tal.

La Floridita 2021. / LP / DLP
Por último, el vino tinto, que demostró ser único fue el Táganan Margalagua 2024 de la bodega Envínate y de la isla de Tenerife. Un multivarietal de Listán Negro y otras variedades autóctonas con aromas a especias, ligeramente ahumado, jugoso y floral que presentó en boca una frescura y una acidez envidiables y una largura impresionante. Uno de esos vinos que está en el Top de cualquier guía.

Táganan Margalagua. / LP / DLP
Mis sensaciones finales
Llevo años realizando esta cata de vinos canarios en Lanzarote y sigo pensando que contamos en las islas con una gran variedad y diversidad de vinos con una complejidad enorme y que de alguna forma me sorprenden cada vez más. Hablar del “vino canario” como una única realidad homogénea me resulta imposible, Canarias son muchas Canarias cuando hablamos de vino.
Esta cata es una simple representación de los vinos del archipiélago y, por supuesto, hay muchos más que no he podido catar en esta ocasión, pero lo haré en otro momento. Lo que si se puede decir es que difícilmente se pueden elaborar vinos como los nuestros de la misma manera en otro lugar del mundo. Levanten sus copas y brinden conmigo ¡Salud y feliz verano!











