Trump revive la islamofobia del 11-S y el anticomunismo de la Guerra Fría ante el auge político de musulmanes y socialistas

Dos años después de que Donald Trump cortejara a los musulmanes en EEUU mientras tendía lazos con Oriente Medio, una nueva oleada de islamofobia recorre la política estadounidense.

El presidente Trump que se están eligiendo «yihadistas por todas partes«; el senador Tommy Tuberville llama «terrorista» a Abdul El-Sayed, ganador de las primarias demócratas de Míchigan, y Nancy Mace tacha de amenaza a todos los musulmanes que ocupan cargos públicos.

Ahora, con Zohran Mamdani al frente de Nueva York y El-Sayed aspirando a ser el primer senador musulmán, los republicanos convierten ese avance político en un arma para las legislativas. Además de su religión, tienen en común su ideología, la rama más izquierdista del Partido Demócrata.

Durante generaciones, llamar «socialista» a un candidato en EEUU equivalía a colocarlo al otro lado de la bandera: junto a Moscú, las listas negras del macartismo y la Cuba de Castro. Después del 11-S, «musulmán» adquirió una carga semejante.

El país que se proclamaba refugio de todas las religiones empezó a vigilar mezquitas y a confundir la fe de millones de ciudadanos con el terrorismo de Al Qaeda.

En 2007, después de escucharlo hablar en una graduación de la Universidad de Míchigan, Bill Clinton sugirió a Abdulrahman Mohamed El-Sayed que se dedicara a la política. El joven se rio: «Señor presidente, mire mi nombre. La gente como yo no se presenta a unas elecciones».


Michelle y Barack Obama en la Casa Blanca. Año 2010.

Reuters

Gtres

Diecinueve años después, acaba de ganar las primarias demócratas al Senado en Míchigan. Lo que antes parecía un veto empieza a convertirse también en una fuerza electoral.

El precedente de Obama

El rechazo al socialismo se consolidó durante la Guerra Fría. Joseph McCarthy convirtió la sospecha de comunismo en un arma capaz de destruir carreras políticas.

Para muchos exiliados cubanos y venezolanos, además, la palabra remitía a los regímenes de los que habían huido. Socialismo y comunismo terminaron utilizándose casi como sinónimos.

El islam cargó con otra historia. Seis días después del 11-S, George W. Bush visitó una mezquita e insistió en que EEUU no estaba en guerra contra una religión.

Sin embargo, los delitos de odio antimusulmán pasaron de 28 en 2000 a 481 en 2001. La Policía de Nueva York infiltró mezquitas con una unidad que no produjo una sola pista terrorista.

Ese era el país en el que Barack Obama se presentó a la Presidencia en 2008. Su segundo nombre, Hussein, alimentó cadenas de correos que lo presentaban como musulmán y antiguo alumno de una madrasa radical.

Era cristiano, pero su campaña creó una web para combatir los bulos. Aun así, un 13% de los votantes creía que profesaba el islam.

Incluso años después, cuando Trump todavía era un empresario televisivo sin cargo político, el ahora presidente encabezó el bulo de que Obama no era estadounidense de nacimiento —un requisito para dirigir EEUU— y lo presionó hasta que publicó en 2011 su certificado completo.

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca en Washington, D.C.,EEUU


El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca en Washington, D.C.,EEUU

Jonathan Ernst

Reuters

La escena que mejor retrató el prejuicio ocurrió en un mitin de John McCain. Una mujer dijo que desconfiaba de Obama porque era «árabe«. El republicano le retiró el micrófono y respondió que era «un hombre decente y de familia», oponiendo involuntariamente ambas cosas.

La segunda etiqueta prendió cuando Samuel Wurzelbacher, empleado de una empresa de fontanería de Ohio, preguntó a Obama por sus impuestos. El demócrata contestó que pretendía «repartir un poco la riqueza«.

Convertido en ‘Joe el Fontanero’, Wurzelbacher se volvió una celebridad electoral y McCain lo utilizó para acusar a su rival de socialismo. Obama ganó, pero lo hizo negando ambas etiquetas.

Zohran Mamdani dio el salto que Obama no pudo dar. En 2025 fue elegido primer alcalde musulmán de Nueva York. «Soy musulmán, soy socialista democrático y, lo más condenable de todo, me niego a pedir perdón por nada de ello», proclamó.

Sus detractores difundieron una imagen de la Estatua de la Libertad cubierta con un burka e insinuaron otro 11-S. Mamdani visitó mezquitas, grabó un anuncio en árabe y bautizó como «halalflación» la subida de precio de la comida callejera halal. Centrando finalmente su campaña en el coste de la vida.

Entre 2012 y 2024, la proporción de estadounidenses dispuestos a votar para la Casa Blanca a un candidato musulmán bien cualificado de su propio partido pasó del 58% al 71%, según Gallup, el instituto que lleva más de 90 años midiendo la opinión pública del país.

La revuelta salta al corazón del país

El-Sayed representa la siguiente prueba porque Míchigan no es Nueva York. Trump ganó allí en 2024 y el escaño puede ayudar a decidir el control del Senado.

El antiguo director del Departamento de Salud de Detroit derrotó a la congresista moderada Haley Stevens. En noviembre se enfrentará al republicano Mike Rogers.

Pero El-Sayed no es socialista, aunque forme parte del ala izquierda de su partido. Los Socialistas Democráticos de América (DSA), la organización a la que pertenece Mamdani, no lo respaldaron.

Él se define como «un capitalista que lee sobre capitalismo» y defiende la propiedad privada, aunque combate los monopolios.

Comparte con la nueva izquierda la sanidad universal, los impuestos a los multimillonarios, la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el final de la ayuda militar incondicional a Israel.

La frontera entre progresismo y socialismo se ha vuelto más porosa. En Míchigan también ganó unas primarias a la Cámara de Representantes William Lawrence, que en ocasiones se ha definido como socialista.

En Wisconsin, la cocinera y representante estatal Francesca Hong, miembro de la DSA, se quedó a menos de medio punto de ganar las primarias a gobernadora.

Los republicanos habían pagado anuncios que parecían atacarla, pero subrayaban sus credenciales progresistas para elevar a quien consideraban más fácil de derrotar.

El senador republicano Tommy Tuberville


El senador republicano Tommy Tuberville

Anna Rose Layden

Reuters

La derrota de Hong impide hablar de conquista, pero no de ruptura. El 66% de los demócratas ve favorablemente el socialismo y solo el 42% el capitalismo, según Gallup.

En el conjunto del país, sin embargo, el respaldo al socialismo cae al 39%. El tabú se debilita en las primarias demócratas, pero aún puede ser un lastre nacional.

Musulmanes, enemigos de nuevo

Trump ha encontrado en El-Sayed una figura en la que unir ambos fantasmas. Después de semanas denunciando a los «comunistas ateos«, esta semana añadió una palabra nueva al repertorio. «Tenemos yihadistas siendo elegidos por todas partes. Ya sea comunismo o yihadismo».

Tras las primarias, llamó a El-Sayed «perdedor comunista». El brazo electoral de los republicanos en el Senado estrenó un anuncio con su nombre completo, Abdulrahman Mohamed El-Sayed.

Trump publicó después una foto suya con Melania junto a otra del candidato con su esposa, Sarah Jukaku, que lleva hiyab: «Dos Américas muy diferentes«. Dos días más tarde difundió otra imagen de El-Sayed ante una multitud en la que aparecían dos mujeres con pañuelo: «Vienen a por tu casa y tus bienes«.

La mayoría de los dirigentes republicanos guardó silencio. El senador republicano Bill Cassidy fue la excepción: condenó los ataques y recordó que algunas comunidades remotas de Luisiana solo tienen médico gracias a profesionales musulmanes.

No es una estrategia nueva. En 2015 Trump reclamó una «prohibición total y completa» de la entrada de musulmanes en EEUU y después restringió la llegada de ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

«Van a utilizar la islamofobia porque sus ideas están agotadas», respondió El-Sayed, que ha hecho campaña junto al comentarista Hasan Piker. Este comentarista dijo en 2019 que EEUU «merecía» el 11-S, y después calificó de «inapropiada» aquella afirmación.

Los republicanos tienen derecho a combatir esas propuestas y alianzas. La frontera se cruza cuando convierten el nombre del candidato, su religión o el hiyab de su esposa en pruebas de terrorismo o de una identidad menos estadounidense.

Obama ganó dos veces pese a que intentaron convertirlo en musulmán y socialista. La diferencia es que él tuvo que desmentir ambas acusaciones; Mamdani abraza las dos identidades y El-Sayed solo una.

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