En un verano marcado por las olas de calor y semanas seguidas de temperaturas que superan los 40 grados, hay que prestar atención a lo que se deja en el interior de los coches, sobre todo si están aparcados en la calle y al sol.
Y es que el interior de un coche estacionado al sol puede superar fácilmente los 60 ºC, incluso cuando en el exterior el termómetro marca 40 ºC. En estas condiciones, algunos objetos cotidianos, muchos de ellos de los que se pueden olvidar o incluso dejar intencionalmente en el habitáculo, pueden estropearse, perder eficacia e incluso suponer un riesgo para la salud y la seguridad.
Objetos que nunca deberías dejar dentro del coche cuando hace mucho calor
- Medicamentos. Muchos fármacos deben conservarse por debajo de los 25 o 30 ºC. El calor puede alterar su composición y hacer que pierdan eficacia, especialmente en el caso de la insulina, algunos antibióticos, inhaladores o colirios.
- Cosméticos. Cremas, maquillaje, pintalabios, protectores solares o perfumes pueden perder propiedades, cambiar de textura o deteriorarse al permanecer varias horas dentro de un coche caliente.
- Gafas graduadas y de sol. Las lentes y las monturas pueden deformarse por efecto del calor. Además, algunos tratamientos antirreflejos o protectores pueden deteriorarse si permanecen mucho tiempo dentro del vehículo.
- Aerosoles. Desodorantes, lacas, espumas de afeitar o pinturas en spray contienen gases a presión. Cuando aumenta la temperatura también lo hace la presión en el interior del envase, lo que incrementa el riesgo de fugas o de que el recipiente reviente.
- Teléfonos móviles, ordenadores y otros dispositivos electrónicos. Los dispositivos con baterías de litio son especialmente sensibles al calor. Exponerlos durante horas a temperaturas extremas puede reducir la vida útil de la batería, provocar un sobrecalentamiento o incluso inutilizarlos.
- Mecheros. Los mecheros de gas pueden alcanzar una presión interna muy elevada cuando permanecen al sol durante horas, llegando incluso a romperse.
- Pilas y baterías. Las pilas convencionales y las baterías recargables pueden degradarse más rápidamente con el calor, perder capacidad o sufrir fugas que dañen otros objetos.
- Alimentos. Productos como carne, pescado, lácteos o platos preparados pueden romper la cadena de frío en poco tiempo. Esto favorece la proliferación de bacterias y aumenta el riesgo de intoxicación alimentaria.
- Bebidas con gas. Los refrescos y otras bebidas carbonatadas aumentan su presión interna con el calor. Al abrirlas pueden derramarse con fuerza e incluso deformar el envase si la temperatura es muy elevada.
- Botellas de agua de plástico. Las botellas de un solo uso no están diseñadas para permanecer durante horas a temperaturas muy elevadas. El calor puede favorecer la migración de algunos compuestos del plástico al agua y, en casos muy concretos, una botella transparente puede actuar como una lente y concentrar los rayos del sol.
- Tarjetas bancarias y documentos plastificados. Las altas temperaturas pueden deformar el plástico y, en algunos casos, afectar al funcionamiento del chip o de la banda magnética.
- Velas y ceras. Parece una tontería, pero las velas decorativas, ceras o lápices de colores pueden derretirse con facilidad y dejar manchas permanentes sobre los asientos o el salpicadero.
- Instrumentos musicales. Guardar en el maletero del coche algunos instrumentos fabricados en madera, como guitarras o violines, son especialmente sensibles a los cambios bruscos de temperatura. El calor puede deformarlos, agrietarlos o afectar a su afinación.











