El lunes 24 de agosto, Alberto Núñez Feijóo presidirá de nuevo la reunión ordinaria del Comité de Dirección del Partido Popular (PP). Abrirá así, diecisiete días después de su última aparición en público -durante un homenaje este viernes en Lugo al periodista Fernando Ónega, fallecido este año (si es que no se produce otra comparecencia antes)- el curso político mas decisivo y determinante de toda su carrera política. La que empezó a abrirse paso como alto cargo en el primer Gobierno de José María Aznar en la última década del siglo pasado y cuajó definitivamente en Galicia, primero como miembro de los últimos gobiernos de Manuel Fraga y más tarde como líder del PP gallego y presidente de la Xunta desde el año 2009.
Feijóo (Orense, 1961) cumplirá el próximo 10 de septiembre 65 años, la edad en la que mucha gente de su quinta se va jubilando este año. Él mismo verbaliza en privado desde hace tiempo que después de las próximas elecciones generales -cuya fecha exacta depende de Pedro Sánchez, pero que toca celebrar en 2027- solo tiene dos caminos, y ambos pasan por la A-6, carretera de A Coruña. El primero y obviamente más anhelado es el que le haría detenerse en el kilómetro 5 de la misma para instalarse en el Palacio de la Moncloa con su mujer y su hijo, nacido en 2017. El segundo, en cambio, le llevaría 590 kilómetros más allá, para quedarse en la capital gallega muy probablemente el resto de su vida.
Por eso, sabedor de que la siguiente es su última oportunidad de suceder a Sánchez, algo que se le resistió por apenas unas decenas de miles de votos en tres o cuatro provincias en los comicios del 23 de julio de 2023, la maquinaría de Génova se ha venido afinando desde hace un año, cuando el PP celebró en Madrid su último congreso, para la larga precampaña electoral que se avecina.
En la planta séptima de Génova, donde la herida del citado 23-J es profunda y no se ha digerido del todo, cunde sin embargo la sensación de que esta vez no ocurrirá igual. El pasado verano, en el mentado cónclave, Feijóo realizó un relevo clave en la secretaría general, que dejó de estar en manos de Cuca Gamarra (compensada con una importante vicesecretaría de Regeneración Institucional) para recaer en Miguel Tellado. Este último es desde hace mucho tiempo una de sus principales personas de confianza, de las que se cuentan con los dedos de una mano y puede que sobren. En un elenco en el que cabe añadir a su fiel jefa de gabinete, Marta Varela, y a Mar Sánchez Sierra, asesora de comunicación con dependencia directa del presidente del PP, ambas diputadas esta legislatura en el Congreso.
Tellado, nacido en Ferrol en 1974, ejerce siempre de fiel escudero de su líder, y por eso su perfil encajaba más en la Secretaría General del partido que en la portavocía parlamentaria que había ejercido hasta el año pasado, y donde le sustituyó Ester Muñoz. Aunque en los últimos doce meses nunca ha dejado de ejercer de portavoz oficioso del partido siempre que la situación lo ha requerido, y han sido muchas, incluidas las noches electorales autonómicas vividas este curso, hasta cuatro casi consecutivas. Cuando sucede algo importante, y siempre que no comparezca Feijóo, es seguro que estará él, como está ocurriendo este verano. A su equipo siempre le traslada dos ideas para sus intervenciones: ir más allá de lo que pueda decir el líder del partido y no emplear citas eruditas ni de personajes o políticos célebres. Una manera de trasladar con mayor llaneza y eficacia el mensaje del primer partido de la oposición.
Corrupción y política exterior
El número dos y su mano derecha en la cúpula popular, la vicesecretaria de Coordinación Sectorial, Alma Ezcurra, también eurodiputada, son quienes más activos se están mostrando este agosto, recorriendo toda la geografía española con diversos actos del partido a nivel autonómico o provincial. Feijóo confía en ellos para fijar el mensaje de la formación, en un periodo estival de momento muy marcado por la crisis de Ceuta y sus derivadas, fundamentalmente una, el reparto de los menores inmigrantes, que afecta y de lleno a la relación de los populares con Vox, en los cuatro gobiernos autonómicos (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) que vuelven a compartir con la extrema derecha.
Ezcurra, además, es uno de los cerebros clave en el giro en materia migratoria que justo al inicio del pasado curso, en septiembre de 2025, culminó Feijóo, situando al PP como una formación dura en esa materia, que ya defiende sin ambages cuestiones como las deportaciones, la supresión de ayudas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV) para quienes hayan delinquido o la instauración de visados siguiendo el modelo de Australia, Canadá o Reino Unido. Posturas hasta ese momento reservadas a los de Santiago Abascal.
Feijóo, por tanto vela armas en Galicia para el asalto final, y lo hace confiado en que el lema de «reconstrucción nacional», que en los últimos meses se ha puesto en boga en el PP, termine calando frente a un Gobierno Sánchez que considera carcomido por la pérdida de credibilidad en España, fruto de la corrupción que este año ha subido un nuevo escalón con la condena al exministro José Luis Ábalos y la investigación abierta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, y fuera de nuestras fronteras. En esto último el PP suma el episodio de Ceuta para culpar a Sánchez de no haber impedido un ataque a la integridad territorial española, como lo definió el propio jefe del Ejecutivo, a lo que considera una política exterior errática y marcado por una creciente soledad, siempre según la versión de los conservadores, entre los países de nuestro entorno y en especial en la Unión Europea (UE).
A lomos de esas dos objeciones de fondo a Sánchez, y capeando las inclemencias de la navegación compartida con Vox en cuatro gobiernos autonómicos (preludio, sin duda, de lo que puede ocurrir a nivel estatal) pretende Feijóo culminar su trayectoria como líder nacional y coger el camino más corto al salir de Madrid por la A-6.
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