Mi querido eclipse

Bueno, pues ya pasó el eclipse, el natural, y la luz, la natural, volvió a brillar sacándonos de la oscuridad. No hicieron falta sacrificios humanos, destitución de reyes o parar batallas, aunque ya sabemos que nunca hizo falta. Pero hubo un tiempo en que un eclipse no era un fenómeno astronómico. Era, o así lo anunciaban sus dirigentes, una amenaza que solo ellos, gracias a su magnífica magnificencia, podían sortear. También podía ser un mensaje de los dioses, una oportunidad política o cualquier cosa que alguien con suficientes conocimientos astronómicos quisiera que fuera. Bastaba con dejar que el miedo hiciera su trabajo durante unos minutos para que la autoridad durase mucho más.

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