Aquí está el primer examen. El día del estreno es ese en el que el aficionado se acerca con toda la ilusión del mundo, aunque con reparos, especialmente cuando las cosas han ido bien durante el verano, como es el caso del Oviedo (buenas actuaciones y un mercado que, a priori, parece notable). ¿Se verá un Oviedo valiente como el del periodo estival? ¿Ha llegado el equipo con el adecuado punto de cocción? Son las preguntas habituales en cada debut, y este no es una excepción. El Granada de Pacheta, llamado a crecer respecto a lo visto el curso pasado, es la primera piedra en el camino para el Oviedo de Calero, ese que quiere regresar cuanto antes a la máxima categoría para olvidar, de paso, todo lo sucedido el curso pasado, con ese amargo Centenario.
Ha instado desde el primer día Calero a que la gente olvide el pasado y encare el presente con optimismo. También ha dicho el nuevo técnico que ha notado que la afición se ha vuelto a ilusionar, que eso es lo que a él le transmiten. No le falta razón al de Parla. Quizás no es la ilusión desbordante que sucede a cualquier éxito, pero sí se percibe que los fichajes, también el de Calero, han servido para pasar página con rapidez y tratar de centrar el foco en un nuevo intento por abandonar la Segunda División. Más que ilusión es la necesidad de pasar página cuanto antes respecto a los sucedido el año pasado.
Ya la previa tendrá un punto emotivo cuando Santi Cazorla salte al césped del Tartiere, pero en esta ocasión sin dejar muestras de su clase, sin poder ayudar al equipo. Él hará el saque de honor y lo primero que viene a la cabeza es que quién será capaz de llenar el hueco que ha dejado. Es tan grande su legado que deberá ser cubierto por varios candidatos. Empezar ganando, también convenciendo, sería un interesante punto de partida sobre el que edificar una temporada que vuelva a despertar al Tartiere. El de enganchar a su gente, debe ser el primer objetivo.
El 4-2-3-1 es el sistema sobre el que asienta la propuesta del de Parla. Pero él mismo lo ha matizado: el dibujo puede cambiar, es adaptable; la idea, no. Por eso, se espera un Oviedo bajo ese esqueleto y que, además, sea valiente en la presión, ordenado y que dé cierta libertas a los hombres de la vanguardia, allí donde el club ha hecho los cambios más drásticos. Las dudas en el once se sitúan en el lateral diestro, con Nacho Vidal y Aisar entre algodones, lo que podría provocar que Aldasoro cumpla en el carril diestro (Calero ha dicho que esperará hasta última hora), aunque con el resto del equipo claro: Aarón; Aldasoro (o Vidal), Costas, Calvo, Samu; Youness, Reina; Pablo Sáenz, Villahermosa, Jacobo; Chris Ramos. Completan la lista de 23: Narváez, Aisar, Marco Esteban, Carlos Domínguez, Juan Cruz, Enzo Pérez, Dieguito, Estanis, Isfan, Víctor Mingo y Carlos Fernández.
No será sencilla la misión ante un Granada comandado por Pacheta, viejo conocido, que esta temporada vive menos preocupado por el mercado de fichajes. Pasó problemas el conjunto nazarí el año pasado, pero ahora ha logrado firmar jugadores con proyección y parece dispuesto a darle la alternativa a los chavales de la cantera, una fórmula que a otros -Málaga sin ir más lejos- le ha sentado a las mil maravillas. Será la primera prueba, una de entidad, para el Oviedo post Cazorla, para este equipo con la firma de Calero y un Tartiere que quiere volver a soñar.
Fuente: La Nueva España














