Felipe Toro es un trabajador informal en Manizales. Aquella ciudad ubicada unos 300 kilómetros de Bogotá, capital de Colombia, se sacudió como una coctelera el pasado lunes. «El terremoto me cogió en una habitación y la casa quedó en pérdida total. No me han dejado entrar para ver si puedo sacar cosas. Salí sin pantalón y sin zapatos». A muchísimos les sucedió lo mismo. Toro es una de las 97.515 personas afectadas por el seísmo que mató a al menos 281 personas e hirió a 3.824. Todavía no se sabe sobre la suerte de 379 desaparecidos. Toro sabe que no sabe dónde ir, como otros tantos que quedaron a la intemperie.
Los números oficiales hablan de 12.584 viviendas destruidas, 74.873 averiadas y 127 edificios colapsados. La petrolera estatal Ecopetrol decidió atender las necesidades de buena parte de ellos, pero son del orden temporal. Los damnificados reciben kits de ayuda humanitaria, alimentos, elementos de aseo y cocina, carpas, colchonetas, agua potable y horas de vuelo. Se han quedado sin sus casas y el Gobierno se ha comprometido a subsidiar por tres meses los eventuales alquileres.
Colombia se levanta encima de tres cordilleras. El lunes padeció un terremoto de una intensidad similar al que se sintió en Venezuela: 7,4 de magnitud. Las pérdidas han sido menores en todos los órdenes, aunque no insignificantes. El presidente, Abelardo de la Espriella, declaró el estado de «desastre nacional» y la «emergencia económica». El Gobierno de ultraderecha ha reiterado su voluntad de acelerar la reconstrucción de lo dañado. El proyecto de «Patria milagro» es desde el trágico lunes también del orden inmobiliario, al menos en las palabras de las autoridades. De la Espriella ha pedido la ayuda de las principales constructoras colombianas, en principio para proveer maquinaria que permita remover escombros y crear un «banco de materiales». El Gobierno convocará, además, a «un ejército de profesionales» que permitirá realizar «un diagnóstico real de cuántas casas necesitan mejoramiento de vivienda y cuántas definitivamente hay que reconstruirlas». A partir de ese momento, dijo el dirigente, el sector público y el privado actuarán en conjunto. «Todos ponen y todos ganan». El objetivo final es que los que perdieron sus casas «puedan volver a sentir que Colombia no les dio la espalda ni las dejó solas».
«El terremoto vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Colombia ha enfrentado varias veces: ¿Cuánto cuesta reconstruir un país después de un desastre natural? Aunque por ahora solo hay cálculos preliminares de los daños, el costo de reconstruir estas ciudades sería de varios billones de pesos», señaló la revista Cambio.
La tragedia mostró un problema común a Venezuela: las casas y apartamentos dañados o colapsados no estaban en condiciones de soportar un movimiento telúrico. De acuerdo con el portal La Silla Vacía, un tercio de los edificios no tiene ningún refuerzo «sismorresistente» o fueron levantados sin respetar las normativas actuales. Juan Carlos Orrego, un experto internacional en gestión de riesgos de desastres y exsubdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) señaló a la publicación que cerca del 45% de las viviendas de ese país se construyeron antes de que existiera el código vigente que contempla mayores prevenciones y exigencias.
La pobreza como factor de riesgo
El departamento de Chocó, ubicado en el noreste colombiano, fue el más afectado por el terremoto, con 14 muertos y 139 heridos. Se cuentan en 43.000 los damnificados. Además, hay 3.199 viviendas averiadas, siete centros de salud semidestruidos, 38 escuelas dañadas, seis acueductos con problemas estructurales, un puente vehicular caído y cinco vías afectadas. Las casas que se cayeron dejan en sus escombros los indicios de una realidad económica. Los municipios más afectados tienen la marca de una pobreza multidimensional que se expresa en las construcciones: paredes y techos vulnerables. «Algunos habitantes se quedaron sin nada debido a que sus casas quedaron completamente destruidas y bajo una gran nube de humo por los escombros. El panorama también resulta completamente devastador. Hablamos de gente humilde. No nos dejen solos«, pidió Jhon Jairo Gutiérrez, alcalde de El Litoral del San Juan. El alcalde de San José del Palmar, León Fabio Marín, tuvo palabras similares. «Somos un municipio demasiado pobre y donde los recursos son muy pocos. Hay muchos daños materiales, viviendas agrietadas».
El ministro del Interior, Rodrigo Lara, recorrió varias comunidades en el departamento del Chocó para conocer de primera mano las necesidades. «Vamos a activar a la Ungrd y vamos a solicitar a la oficina de la primera dama, que ha sido muy eficaz recogiendo las ayudas. Luego de esto viene la parte estructural desde la reconstrucción de colegios, viviendas y estaciones de Policía», dijo. Según el vicepresidente, José Manuel Restrepo, Colombia ha recibido ayuda internacional que contribuirá a cumplir esas metas. Estados Unidos comprometió 15,5 millones de dólares. «Acabo de hablar con su alteza, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos. Agradezco profundamente su solidaridad con Colombia y su generosa donación de 10 millones de dólares», informó De La Espriella. Parte del mundo árabe todavía no sale de su estupor por la decisión de Bogotá de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, un territorio en disputa desde hace décadas. Egipto, Siria, Qatar, Turquía y Arabia Saudí emitieron en las últimas horas comunicados en esa dirección.
Los desafíos naturales por venir
El terremoto marca la agenda de un presente alterado para un Gobierno que quería poner énfasis en el ajuste económico, la política de «mano dura» y la cruzada ideológica. En el horizonte se perfilan en tanto otras acechanzas. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advirtió este jueves que existe más de un 70% de probabilidades de que el fenómeno de El Niño que se avecina sea «muy fuerte», al punto de convertirse en uno de los más intensos que ha vivido el país en las últimas décadas.
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