Cuando todavía quedaba cerca de una hora para que comenzara el eclipse parcial en las Islas, el pequeño de ocho años Jaime Barrios ya tenía claro lo que se iba a encontrar si levantaba un fisco la cabeza: «La luna nueva va a ir tapando al sol poco a poco, es algo que no ocurre desde hace mucho tiempo, la última vez que pasó ni siquiera había nacido mi madre; todo eso lo vi en un vídeo de Youtube«.
Hasta la tarde noche de este miércoles 12 de agosto, este tinerfeño solo había podido experimentar este fenómeno a través de una pantalla. Ahora, en cambio, puede decir que lo ha visto con sus propios ojos. Eso sí, siempre a través de unas gafas homologadas.
No ha sido el único novelero que ha venido desde la capital chicharrera al Parque Natural El Montillo, en La Matanza de Acentejo. Sus padres y su hermano Gonzalo, un joven de 10 años que quiere dedicarse a la astronomía, tampoco han querido perderse este fenómeno. También desde Santa Cruz llegó Lleó Rodríguez y su madre, dos amigos de la familia que ayer estaban «contentísimos» con el Encuentro Astronómico Cielos Tenerife Nordeste 2026.
Los tres peques coinciden en que el eclipse es el momentazo del verano, solo por detrás de la victoria de España en el Mundial. “Aunque puede que esto me termine gustando más”, adelantaba uno de ellos cuando apenas restaban minutos para su inicio.
Más de 800 personas miran al cielo de La Matanza
Al plan de esta familia se han sumado cerca de un millar de curiosos. Desde las 18:00 horas de este miércoles, más de 800 personas miran al cielo de La Matanza. En estos días previos, Tenerife había sido considerada como la mejor isla del Archipiélago para disfrutar de este eclipse parcial.
Este parque, en concreto, reúne unas condiciones excepcionales para la observación del cielo nocturno, por lo que cuenta con un certificado Starlight que lo reconoce como un espacio de especial interés para el desarrollo del astroturismo.
Pese a que la entrada a este enclave es libre, el número de gafas de protección disponibles -necesarias para ver el eclipse- era limitado. Por este motivo y tras recibir un aluvión de inscripciones, la organización se vio obligada a colgar el cartel de completo el pasado lunes. Aún así, a la entrada hubo algún que otro despistado que tuvo que darse media vuelta.
Telescopios, juegos y narración astronómica
Una vez dentro, las familias se repartieron entre los telescopios, la zona de juegos, la cafetería -a rebozar desde primera hora- y el anfiteatro, espacio habilitado para ver el eclipse y escuchar de fondo la narración del guía astronómico de Starlight Lluis Riera.
Los asistentes pudieron ver como el sol iba escondiéndose poco a poco. “Mira, mamá, parece una luna”, gritó uno de los niños presentes.
Antes de las 20:00 horas, el sol prácticamente era inapreciable, no solo por el eclipse, sino por las nubes que acompañaron durante toda la jornada en esta zona norte. «No me puedo creer que ahora se meta la nube», lamentó una de las asistentes.
Ni el cielo gris impidió disfrutar de este día tan especial. De hecho, aunque hubo unos minutos de negro total, el sol volvió a ser apreciable y rápidamente todo el mundo recuperó las gafas.
Encuentro Astronómico
La lagunera Nieves González se enteró del Encuentro Astronómico por su hermana y ambas, junto al resto de la familia, no dudaron en venir. Aunque no llegaron a inscribirse a tiempo, se hicieron con unas gafas que tenían en casa de otro año, cogieron varias sillas de playa y algo de comida y lo pasaron en grande.
En más de 4.000 municipios de España se vivió uno de los mayores espectáculos astronómicos que existen. Hasta esos puntos se desplazaron millones de personas con un único objetivo común: disfrutar de este acontecimiento histórico en su máximo esplendor. En Canarias, sin embargo, hubo que conformarse con un eclipse parcial que, aunque no fue poca cosa, no elevó tanto las expectativas.
En enclaves como La Matanza, bastante alejados de esa afortunada franja de totalidad, la posición del sol prácticamente pasó a un segundo plano. “Venimos a divertirnos, a pasar una tarde diferente en familia y de paso intentaremos ver el eclipse”, apuntó González.
Aunque un buen porcentaje de los presentes acudió atraído por el fenómeno astronómico, la mayoría de asistentes que se desplazó hasta el lugar por FOMO -del inglés, Fear Of Missing Out-, es decir, por miedo a perderse un evento social de tal magnitud. Este término se ha popularizado en redes sociales, sobre todo entre los más jóvenes, y se utiliza prácticamente en cualquier contexto y para cualquier actividad, por habitual que sea. Se puede sentir FOMO por una fiesta, un día de playa, una buena cena y, en determinadas situaciones, hasta por haber faltado a clase o al trabajo. Pese a que su uso se ha extendido, en este caso sí que está justificado. “Es algo que quizás no podemos ver nunca más”, señaló la joven Paola López.
También es una excusa para dejar a un lado el estrés de la rutina. Un estudio realizado tras el eclipse de 2017 en Estados Unidos descubrió que, durante estos días, la gente emplea términos positivos con más frecuencia y tiende a sustituir el «yo» por el «nosotros».
Una teoría que se cumple en casa de Edison Parra. Para este vecino de La Victoria no es la primera vez observando un eclipse, pero para su hija de diez años sí. “Nos conformamos con que se vea al 70%, nos enteramos del evento casi a última hora y decidimos venir, nunca habíamos visto este parque tan lleno y animado”, destacó el progenitor.
A pocos metros de esta familia estaban Leo Bethencourt, David López, Mati García y sus respectivos padres. Este grupo, procedente de La Laguna, suele ver eventos de este tipo en El Teide, pero hoy ha preferido quedarse por la zona. Aún así fue un plan bastante improvisado porque no llegaron a inscribirse. Algo similar le ocurrió a Luis Alberto Rios, de Tacoronte. “Aquí al menos sabemos que vamos a pasar un buen rato, es un ambiente bastante familiar y ya nos hemos cruzado con varios conocidos”, aseguró pocos minutos después de entrar al parque.
Diversión al cuadrado
El eclipse no fue el único atractivo de la tarde noche. Tras despedir al sol, llegó el turno de las perseidas, que también pudieron verse desde este privilegiado entorno. Entre medio no hubo tiempo ni para aburrirse, pues un dj amenizó la espera. En el recinto también había foodtrucks –puestos de comida–, un parque y unas vistas del ocaso en la comarca norte inmejorables. Aunque muchos optaron por quedarse en el anfiteatro bailando, pasando el limbo y cantando.
Ya pasadas las 22:00 horas, la música cesó y los que aún se resistían a marcharse se fueron separando en grupos para ver las perseidas. Una vez asegurado un buen lugar, y no sin antes armarse bien de paciencia, los asistentes pudieron cumplir con lo que marca la tradición: pedir uno –o varios– deseos al avistar una estrella fugaz. El broche de oro a una jornada “para el recuerdo” en la que, por momentos, el eclipse pasó a un segundo plano.
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