Este miércoles, 12 de agosto de 2026, al filo de la última hora de la tarde, los españoles que sienten pasión por la astronomía -y también los que no- mirarán al cielo para observar el eclipse total, un acontecimiento que no tenía lugar en la península desde 1912.
El rey de España, Felipe VI (58 años), gran aficionado de la astrofísica, tampoco se perderá este magno acontecimiento. De hecho, se ha confirmado que el monarca ha alargado sus vacaciones en Mallorca, donde presenciará este fenómeno astronómico.
En concreto, el monarca lo observará desde un lugar privilegiado, el museo Son Marroig de Deià, en la Serra de Tramuntana. Se ha deslizado que es muy probable que lo acompañe su madre, la emérita Sofía (87), una gran amante de la fotografía.

Felipe, en la habitación de Palacio, cerca de su primer telescopio.
«Me viene por influencia familiar por mi abuela materna, de origen alemán, que me introdujo en la astrofísica desde pequeño», aseguró hace unos años Felipe sobre esa pasión por la astronomía. Fue su abuela Federica de Grecia quien le inoculó esa pulsión siendo un niño.
No cabe duda de que a sus 58 años el Rey experimentará la misma emoción que cuando, a los 15 años, recibió como regalo su primer telescopio de manos de su querida abuela. Corría el año 1983, y un joven Felipe no cabía en sí de júbilo y de algarabía.
Detengámonos un poco más en ese año 1983. Felipe concedía su primera entrevista en Palacio a dos medios de comunicación, Diario 16 y ABC.
Los entrevistadores que tuvieron la gran oportunidad de charlar con el entonces príncipe fueron Pedro J. Ramírez -entonces, director de Diario 16-, y la respetada periodista y experta en Casa Real Pilar Urbano.
Para tal menester, las cámaras entraron en la habitación del joven príncipe. El pequeño mundo de un adolescente, por más de Borbón y Grecia que fuera.

Felipe, de niño.
La prensa de la época, habituada a retratar al joven príncipe en actos oficiales o en sus primeras actividades institucionales, se encontró de pronto con un adolescente fascinado por los anillos de Saturno, los cráteres lunares y los secretos que albergaba la noche.
Felipe presumía en aquella primera entrevista de escuchar a Pink Floyd y hablaba de sus primeros guateques. No escondía el Príncipe que por ser quien era renunciaba a cosas tan comunes y corrientes para otros chicos de su edad.
En su habitación había objetos como varios globos terráqueos y la foto de un astronauta del Apolo junto a la de su padre. Todo ello revelaba las aficiones principales de Felipe.
Apasionado de la Historia y de la ciencia ficción -«Es interesante imaginar cómo será la técnica en el año 2000«, comentó en aquel debut en forma de entrevista-, no es de extrañar que hubiese disfrutado con E.T., el extraterrestre, el filme de Steven Spielberg recién estrenado en nuestro país.
De las palabras de aquel imberbe Felipe se podía colegir que era un joven lleno de imaginación. También admitió en aquel encuentro periodístico con la prensa que no tenía «mejores amigos«.

Felipe, ya en la universidad.
«No tengo mejores amigos. Tengo muchos amigos, chicas y chicos. […] Creo que la amistad es también una necesidad. De una manera más profunda puedes compartir opiniones, ideas, planes, juegos, diversiones… A mí, la vida en común me gusta».
Volviendo a la astronomía, a esa edad el entonces príncipe ya había comenzado a pasar largas horas observando el cielo desde las terrazas del Palacio.
La afición llegó a influir incluso en sus rutinas escolares. Según personas de su entorno, Felipe se quedaba despierto hasta la madrugada contemplando las estrellas, una costumbre que después le dificultaba levantarse para acudir a clase.
José Antonio Alcina, preceptor del príncipe y autor de unas memorias sobre su formación, recordó también que el telescopio llegó a instalarse en una de las terrazas del palacio y que algunas noches compartían las observaciones la reina Federica y el joven Felipe.

Felipe VI, en una imagen captada en 2020.
Aquel instrumento científico no sólo le abrió las puertas de la astronomía al entonces príncipe de Asturias, sino que reveló ante la opinión pública una faceta desconocida, sensible y profundamente curiosa del futuro jefe del Estado.
Ahora, 43 años después Felipe, hoy rey de España, volverá a ser por unos minutos ese niño, lleno de imaginación.
«Me introdujo en la astrofísica»
Felipe VI ha explicado en varias ocasiones que su interés por el firmamento tiene un origen familiar. Durante una visita al Observatorio Astronómico de Calar Alto, en Almería, el 29 de junio de 2005, el entonces príncipe Felipe resumió aquella influencia.
«Me viene por influencia familiar por mi abuela materna, de origen alemán, que me introdujo en la astrofísica desde pequeño».
La referencia a Federica de Grecia no era casual. La abuela del Rey murió en Madrid en 1981, pero su influencia permaneció vinculada a uno de los intereses más personales de Felipe.
El monarca ha presentado en distintas ocasiones la astronomía no solo como una afición infantil, sino como una forma de acercarse a la ciencia y de comprender fenómenos que todavía despiertan numerosas preguntas.
Esa mirada científica también quedó reflejada en una respuesta sobre los horóscopos. En lugar de aceptar explicaciones astrológicas, Felipe defendió una interpretación racional de los fenómenos celestes.
«Hay fenómenos que aún no conocemos a fondo, pero que tienen una explicación científica«, afirmó en una entrevista. Y añadió: «Algunos los llaman astros; yo prefiero nombres más concretos: biorritmos, ondas electromagnéticas…».
La relación de Felipe VI con la astronomía se ha proyectado también en su actividad institucional. Como príncipe de Asturias visitó en varias ocasiones instalaciones científicas españolas y mostró un interés especial por los observatorios de Canarias, uno de los principales centros astronómicos del mundo.

Felipe VI en un acto público en 2012.
En 2004, el Instituto de Astrofísica de Canarias distinguió al entonces príncipe como Astrofísico de Honor. Ese mismo año, una nebulosa planetaria descubierta en el marco de un proyecto de investigación recibió el nombre de Príncipes de Asturias, con motivo del enlace de Felipe y Letizia.
Tres años después, en julio de 2007, Felipe participó en La Palma en los actos relacionados con la primera luz del Gran Telescopio Canarias.
En aquella ocasión destacó la importancia del instrumento, al que definió como el mayor y más avanzado de su momento, y subrayó el alto nivel de la astrofísica española y la participación de empresas nacionales en su construcción.
Su compromiso con la divulgación científica volvió a hacerse visible en enero de 2009, cuando inauguró en Madrid el Año Internacional de la Astronomía.
Durante aquel acto, celebrado en el CSIC, recordó que era aficionado a la astronomía «desde niño» y puso en valor la oportunidad de acercar el conocimiento del universo a la sociedad.
Al año siguiente visitó las instalaciones renovadas del Real Observatorio Astronómico de Madrid, otra muestra de su interés por el patrimonio científico y por la investigación astronómica desarrollada en España.














