Qué quieren que les diga, soy de esos que todavía usa esa expresión tan educada como en desuso del «Usted perdone, ¿se puede?». Y es que nunca me gustó eso de entrar sin llamar a casa del vecino, especialmente si el vecino está dentro. No digamos ya si el vecino, se deja «inocente o intencionadamente» puerta o ventana abierta.
Por pedir, se pide permiso, aunque tengas medio cuerpo dentro, incluso fíjense hasta dónde llega ese ser y sentir cívico, que, incluso entrando en la casa ajena, al menos voz en alza un tímido «se puede» aunque ya hayas podido, pues poder no sé si podremos, pero de poder, bien ganas tenemos. Se preguntarán el porqué de tanta insistencia, pues muy sencillo, por precaución. Imagínense, es un suponer evidentemente, a nadie se le ocurriría, que irrumpo en casa ajena a pedir una taza de azúcar sin avisar y sin permiso previo, por muy vecino o vecina, supuesto o presunto amigo o amiga. Las consecuencias para ambos pueden ser desastrosas tanto para quien entra como para el invadido.
Otra cosa es si conoces bien a tu vecino y sabes que no va a pasar nada, aunque sea tan mal maleducado, tanto si entro como si salgo, vuelvo a entrar y a salir o incluso si me quedo, puede hasta que me quede a comer, cenar y a dormir, incluso empadronarme y si me apuras que también me paguen el IBI de mi propia casa. Y no necesariamente por intrusión o necesidad, también puede ser por humanidad, compasión y a veces hasta por dejación. Me explico.
Tengo unos vecinos que estoy seguro que si entro sin permiso en su domicilio, lo primero que harán será discutir entre ellos. Primero buscarán un culpable, quién dejó puerta o ventana abierta. Luego quién permitió que se entre o se salga sin permiso. A continuación, debatirán por mis intenciones, si son buenas, malas o regulares, que si necesito ayuda, que si huyo de un problema, que si vengo a aprovecharme, que si quiero echarlos, que si quiero que convivamos, que si por humanidad, que si por sentido de la propiedad y un largo etcétera. Como no, después vendrá la toma de decisiones, que si me voy, que si me quedo. Una vez tomada la decisión, si me quedo como debo quedarme, y si me voy, como tengo que irme. Si se adoptan medidas cautelares, preventivas o si negociamos quien plancha y quien cocina.
Sin ponerse de acuerdo ya casi me siento de la familia, incluso participo en las negociaciones de divorcio, separación de bienes y partición del inmueble. Mientras ellos seguían discutiendo quién tenía razón, yo ya conocía su casa mejor que mis vecinos. Y es que, ninguna casa es realmente vulnerable cuando la amenaza está fuera de ella, o el vecino irrumpe sin permiso, empieza a serlo cuando se sabe que quienes viven dentro no dejan de pelearse olvidando que comparten el mismo techo.
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